De izquierda a derecha, Francisco Santiago, Dani Rovira, Paola García Costas y Antonio Orozco
De izquierda a derecha, Francisco Santiago, Dani Rovira, Paola García Costas y Antonio Orozco - VANESSA GÓMEZ

Festival de Cine Europeo de Sevilla 2018«Todos los caminos», diarios de viaje por los mapas del dolor con el Festival de Sevilla como punto de partida

Paola García Costas estrena en un documental protagonizado por Dani Rovira y dedicado al síndrome de Rett

SEVILLAActualizado:

La vida es un viaje en la carretera. Cuatro ciclistas recorren 1.500 kilómetros, la distancia entre Barcelona y Roma. Hay momentos de humor, de agotamiento, de silencio, de camaradería, de pérdida en los mapas... «Todos los caminos», que se estrenó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, es un documental que retrata una durísima realidad, pero que se convierte en una cinta de triunfo de la vida, la solidaridad y la amistad.

Después del éxito de «Línea de meta», que fue candidata a los Premios Goya, la directora Paola García Costas (Sevilla, 1983) vuelve a internarse en el estremecedor mundo de los enfermos del síndrome de Rett, una patología del desarrollo neurológico que afecta a la comunicación entre las neuronas. Es una enfermedad rara, de esas que no entran en las estadísticas rentables de la industria farmacéutica ni en las prioridades sanitarias de los gobiernos.

El síndrome de Rett es una alteración del gen MEC92 localizado en el locus q28 del cromosoma X. El resultado es una discapacidad intelectual grave. Pero los que participan en este documental han convertido la enfermedad en un diario de carretera, en un mapa de emociones, en una singular road-movie.

La película está protagonizada por el actor Dani Rovira, quien con su compañera, la actriz Clara Lago, creó la Fundación Ochotumbao destinada a proyectos solidarios. El nombre de su proyecto se llama Martina, una niña enferma del síndrome de Rett. Su padre Paco, Dani Rovira y sus amigos Germán y Martín quisieron dar visibilidad a la enfermedad haciendo un viaje con un punto de epopeya: un viaje en bicicleta de Barcelona a Roma, donde el padre de Martina había conseguido una audiencia con el papa. Pero la meta también estaba en el camino. Y en el camino, mientras suena la canción «La nana del camino», de Antonio Orozco, y los paisajes sonoros de Pablo Cervantes suceden muchas historias. Porque la muerte también se cruza en ese camino hasta Roma. Un accidente que se convierte en metáfora y que crea para los protagonistas un antes y un después. «El rodaje del documental fue muy duro. Cada día había que grabar ocho horas en bicicleta. Íbamos a rebufo de lo que iba sucediendo con ellos por lo que fue un reto de dirección y de narrativa», explica la realizadora sevillana Paola García Costas.

La cinta plantea un drama, pero el humor y la amistad salvan del dolor, porque otro valor del documental es ver a Dani Rovira en estado puro y con la chispa sincera de su humor.

El paisaje de la carretera y la crónica de la enfermedad se mezclan con la historia de los viajeros y, sobre todo, con la realidad de Martina. El fin de la cinta, además de visibilizar la enfermedad, es animar a la investigación. «El cine tiene la capacidad de hacer visible lo invisible. Puede que para las farmacéuticas y los gobiernos estos niños sean números, pero detrás hay familias con derecho a la salud. La intención de este cine social era poner a Martina en una pantalla de siete metros».