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Alemania entrega a Israel los archivos de Max Brod, el confidente de Kafka

Entre los miles de papeles hay una postal de 1910 del autor nacido en Praga además de algunos manuscritos personales que conservó el albacea más incumplidor de la historia de la literatura

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Alemania ha entregado este martes a Israel un paquete con 5.000 documentos conservados por Max Brod, amigo y albacea de Franz Kafka, y nombre conocido aún en la actualidad porque que se negó a cumplir la última petición de su famoso amigo: quemar todos sus escritos.

Entre los papeles hay una postal de Kafka de 1910 y documentos personales que conservó Max Brod. Los expertos creen que el archivo ofrece un vistazo a la escena cultural y literaria europea de principios del siglo XX.

La historia de la devolución de estos papeles viene de años. Y es que hace un par de años, en un veredicto hecho público en Tel Aviv, la juez de asuntos familiares Talia Kopelman Pardo estimaba que la colección de Brod debía ser legada a la Biblioteca Nacional de Jerusalén, cumpliendo así con su voluntad. Franz Kafka había pedido a su amigo Max Brod que quemara todos sus escritos tras su muerte, que ocurrió en 1924, cuando el escritor judío praguense tenía solo 40 años, una petición que no fue respetada como ya hemos contado.

Tras la invasión de Checoslovaquia por Alemania en 1939, Max Brod emigró a Palestina, llevando con él los manuscritos de Kafka, un tesoro para los universitarios, que legó más tarde a su fiel secretaria, Esther Hoffe, tras morir en 1968.

En su testamento, Brod pidió a Hoffe legar los archivos, estimados en varios millones de dólares, a «la Universidad hebraica de Jerusalén, o a la Biblioteca Municipal de Tel Aviv, o a otra institución en Israel o en el extranjero». Pero la exsecretaria de Brod, que murió en 2007, repartió el legado entre sus dos hijas, creando así una disputa entre institutos universitarios, archivos nacionales alemanes e israelíes, y las herederas de Hoffe. Finalmente, el tribunal ha decidido que «los escritos de Kafka, así como toda la colección de Brod, no pueden ser considerados como un regalo de Hoffe a sus hijas».

El director de la Biblioteca Nacional, Oren Weinberg, acogió con satisfacción el veredicto, que según él, «cumplirá con el deseo de Max Brod de difundir la obra de Kafka entre los amantes de la literatura en Israel y el mundo».