Los integrantes de los Beastie Boys, en pleno desmadre
Los integrantes de los Beastie Boys, en pleno desmadre - PAUL NATKIN

Beastie Boys, desmadre a la americana para revolucionar el hip hop

Una monumental autobiografía escrita por Mike D y Ad-Rock repasa la historia del genial trío neoyorquino

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A principios de 1988, poco antes de asaltar las grandes ligas comerciales con el frenético sampleo de «Paul’s Boutique» (1989), Mike D, Ad-Rock y MCA ya habían consumado la aparatosa y rentable colisión entre el punk descerebrado y el hip hop más deslenguado y acababan de instalarse en Punto G, una casa en Mulholland Drive que hacía las veces de desmadrado fortín creativo. «Licensed To Ill» (1986), su álbum de debut, ya iba camino de ser el disco de rap más vendido de los ochenta, habían sido teloneros de la primera gira de Madonna, y sus nombres incluso coparon titulares (ninguno de ellos demasiado amable) en los tabloides británicos después de que Adam Horovitz, más conocido como Ad-Rock, fuese detenido en Liverpool tras una accidentada actuación.

Tenían el mundo a sus pies, sí, pero a principios de 1988 su máxima preocupación era decidir qué diablos ponerse, cómo vestirse, para asistir a la fiesta de cumpleaños de Dolly Parton. «La fiesta de la puñetera Dolly Parton», puede leerse en uno de los capítulos más delirantes de «Beastie Boys. El libro» (Reservoir Books), monumental autobiografía firmada a cuatro manos por Horovitz y Michael «Mike D» Diamond que repasa entre anécdotas bizarras, infinidad de fotografías, insólitos recetarios, listas de reproducción y capítulos en formato cómic la historia del trío neoyorquino que revolucionó el hip hop y abrazó un éxito, cómo no, planetario e intergaláctico.

A Dolly Parton, escribe Horovitz, jamás llegaron a verla, pero aquella noche sí que entablaron conversación con Bob Dylan sin llegar a entender muy bien qué decía el bardo de Duluth («estoy organizando un concierto a favor del tabaco, intentando involucrar a gente», les dijo Dylan después de desconcertarles aún más preguntándoles, así sin más, con cuántas entradas puede contar) y descubrieron a Burt Bacharach tocando un «majestuoso piano de cola». «¡Hollywood es alucinante!», exclamaron antes de salir de ahí.

Alucinante, sí, pero no tanto como esa ciudad de Nueva York que les vio nacer a finales de los setenta como alborotados e hiperactivos fans del hardcore y entusiastas seguidores de Bad Brains y, acto seguido, contempló boquiabierta cómo surfeaban la ola del «gangsta-rap» para acabar plantando bandera en las listas de ventas y en el Madison Square Garden. Ocho discos y treinta años que Horovitz y Diamond relatan a ritmo frenético y, como en sus propios álbumes, alternando una locuacidad torrencial con deslumbrantes instrumentales que sobre el papel se convierten en fotografías inéditas o en un recetario en el que el chef Roy Choi crea platos inspirados en canciones de la banda.

Gamberros y geniales

Los Beastie Boys fueron, nunca mejor dicho, una gloriosa anomalía: tres críos blanquitos de ascendencia judía y sobrados de «flow» que convirtieron su carrera en un pulso continuo entre el gamberrismo y la genialidad, entre «(You Gotta) Fight for Your Right (to Party!)» y «Pass The Mic». Normal que, a la hora de explicar su propia historia, los Beastie Boys hayan optado por huir de las biografías convencionales y, siguiendo ese metódico cortar, pegar y remezclar de las bases de hip hop, alternen aquí anécdotas desmadradas, cartas manuscritas, ilustraciones inéditas o jugosas contribuciones de Wes Anderson, Colson Whitehead y Spike Jonze. Éste último, por ejemplo, recuerda momentos de impacto como la delirante grabación del videoclip de «Sabotage», una de las cimas creativas de la banda (bigotes y pelucas postizas mediante) y pieza clave de la cultura audiovisual de los noventa.

Sin abandonar nunca ese espíritu juerguista y desenfrenado y mientras se acumulan momentos clave como las grabaciones de «Ill Communication» (1994) y «Hello Nasty» (1998) o lo que ellos mismos llaman «el fiasco de ‘5 Boroughs», en referencia al disco que grabaron después de los atentados del 11-S y con el que no quedaron del todo contentos, «Beastie Boys. El libro» es también una suerte de homenaje póstumo y continuo a Adam «MCA» Yauch, tercero en discordia fallecido en 2012 víctima de un cáncer que, pese a su ausencia, no podía estar más presente.

«Yauch había expresado su deseo de dejar constancia documental de nuestro grupo pero, lamentablemente, al no estar él ya aquí, Mike y yo vamos a tener que que hacerlo solos», escribe Horovitz antes de embarcarse en una odisea musical que finaliza de forma abrupta en junio de 2009 en Tennessee («no sabíamos que iba a ser el último concierto que íbamos a dar, escriben) y que deja una discografía prácticamente sin mácula y, ahora también, un libro a la altura de la leyenda. Más de 500 páginas salvajemente humorísticas que explican cómo tres chavales neoyorquinos se llevaron el rap de copas con el punk y acabaron vendiendo más de veinte millones de copias.