(De izquierda a derecha) Robert Maggiori, Joseph Cohen, Charlotte Casiraghi y Raphael Zagury-Orly
(De izquierda a derecha) Robert Maggiori, Joseph Cohen, Charlotte Casiraghi y Raphael Zagury-Orly - CHRISTIAN ALMINANA

Carlota Casiraghi habla en ABC sobre el libro de filosofía que ha escrito con su profesor, Robert Maggiori

Se publica en España «Archipiélago de Pasiones», ensayo filosófico escrito a cuatro manos

Los dos autores presentarán su libro en el Hay Festival

Corresponsal en París Actualizado: Guardar
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«Un profesor y un alumno nunca se separan», afirman Charlotte Casiraghi y Robert Maggiori en el prólogo de su ensayo «Archipiélago de pasiones» (Libros del Zorzal), escrito al alimón, entre Fontainebleau, París y Mónaco, el verano de 2017, entre vino y rodajas de salchichón de los Abruzzos, intercambiando opiniones sobre el amor, la amistad, la fraternidad, la bondad, la piedad, la adoración, el éxtasis, la alegría, el coraje, la paciencia, la nostalgia, el miedo, la angustia, la melancolía, el orgullo, la cólera, la maldad, los celos, la arrogancia, la crueldad, el odio, entre otras pasiones. Ambos autores presentarán el libro el sábado 21 en el Hay Festival Segovia.

Quizá sea inútil intentar buscar la «huella» del maestro y la alumna, a lo largo del libro escrito en común, fruto de un diálogo íntimo. Aquí y allá, sin embargo, el lector intrigado por esa «arqueología» del texto original quizá crea reconocer en el profesor el rastro de las lecciones de Henri Bergson, Vladimir Jankélévitich y María Zambrano, entre otros grandes maestros. Quizá no sea del todo imaginario pensar que la alumna se interesa particularmente por el psicoanálisis y la poesía.

Robert Maggiori (Osimo, Italia, 1947), filósofo, profesor, editor, traductor, escribió muy joven un libro sobre Antonio Gramsci, antes de trabajar con Jankélévitich, en la Sorbonne. Fue profesor de Charlotte Casiraghi en el liceo François-Couperin de Fontainebleau.

Charlotte Casiraghi (Mónaco, 1986) es hija de Stefano Casiraghi, fallecido prematuramente en un accidente deportivo, y de la princesa Carolina de Mónaco. Nieta de Grace Kelly, sobrina del príncipe Alberto II, ocupa el undécimo puesto en el orden de sucesión del trono de Mónaco.

Los especialistas en Gramsci y Jankélévitich que frecuenten una casa principesca son tan infrecuentes como las princesas capaces de discutir con un «profesional» de Freud o María Zambrano. De ahí el interés de «Archipiélago de pasiones», un libro consagrado a la «disección» de las pasiones, comenzando por la matriz primera: la etimología de palabras esenciales, «habitando» nuestros corazones, nuestra piel, nuestras entrañas.

Ejercicio no exento de riesgos. La alumna es menos conocida como filósofa que como figura del gran mundo cosmopolita que capta siempre la atención de las revistas de papel couché. El profesor no solo debe respetar esa puesta en escena, a diario, en los medios de comunicación e incomunicación de masas. La alumna debe afrontar el más peligroso de los riesgos: atreverse a pensar por sí misma sobre cuestiones que, por momentos, pudieran «tocar» fibras sensibles de su vida.

El profesor y la alumna me recibieron, sobrios, austeros, «deportivo», él, «casual chic» ella, en un salón de la Maison des océans et de la biodiversité, el antiguo Institut océanographique de Paris, «variante» parisina del L’Institut Océanographique de Monaco, uno de los baluartes culturales de la familia Grimaldi, desde hace un siglo largo.

Atrincherados, los tres, en sillones de una severidad propia de las más provectas instituciones monacales, evitando cualquier impertiencia, por mi parte, fiel a un muy estricto «gentlemen’s agreement», comencé a preguntar por el principio de los principios…

¿Por qué y para qué un libro de filosofía que se llama «Archipiélago de pasiones»?

Robert Maggiori: La pasión, las pasiones, fueron y son fuerzas mayores, positivas y negativas, en la vida íntima, en la vida social. Incluso en el terreno político. En nuestro tiempo esas fuerzas han tomado una importancia excepcional, aventadas a toda horas por los nuevos medios de comunicación y difusión, incluso tomando la forma de creaciones artificiales. Nos pareció que la razón, el análisis, podían ser herramientas de trabajo útiles para comprender nuestro tiempo, nuestros mundos.

Charlotte Casiraghi. Las pasiones, íntimas y colectivas, pueden ser fuerzas que nos exceden, van más allá de nosotros mismos. La filosofía, el análisis filosófico de las pasiones, puede ayudarnos, en la intimidad y en la vida social, como fuerza de equilibrio que nos ayuden a comprender y controlar sus aspectos negativos.

Si los entiendo bien, entienden la filosofía y su trabajo en común, entre alumna y profesor, como una suerte de «equilibrio», «mediación».

RM: Quizá el bienestar de los individuos y el bienestar de las sociedades pase del equilibrio entre sus distintos «humores», íntimos y sociales. No se puede vivir en el desequilibrio pasional permanente. Razonando sobre las pasiones quizá es posible evitar algunos de sus efectos nocivos.

ChC: La filosofía no es algo «etéreo» que vive en «otro mundo». Es algo que está enraizado en nosotros, en nuestro cuerpo, en nuestra vida bien humana.

Artaud decía que no hay nada más profundo y espiritual que la piel.

RM: En el prólogo de nuestro libro evocamos esa cuestión… la materia de los sentimientos no es una construcción puramente intelectual, pasa por los sentidos… el éxtasis, por ejemplo.

En el «Éxtasis de Santa Teresa», de Bernini, se confunden el éxtasis místico, el éxtasis carnal y el artístico.

ChC: Hay una gran señora española, escritora, filósofa, María Zambrano, que descubrí gracias a Robert… en su obra es esencial la relación entre el hombre y lo sagrado, el hombre y lo divino. A su modo de ver, lo sagrado es anterior a lo divino. A través de esa matriz, esa fuente original, nos aproximamos a cosas esenciales sobre nuestra identidad, relacionadas con el amor, lo inefable, lo innombrable.

Desde esa óptica, el amor quizá esté en la matriz última de su libro.

RM: Podemos entender el amor como una suerte de pasión de pasiones.

ChC: El sentimiento amoroso, el simple afecto, pueden describirse de muchas maneras, cuyo análisis puede complicarse cuando estamos «electrizados» o encendidos por la pasión, cuando el sujeto es asaltado por el vértigo sin saber muy bien lo que sucede. Analizando las pasiones podemos conocernos mejor.

Si los entiendo bien, su libro es una suerte de «normativa», o de «pedagogía», para intentar «contener» o «equilibrar» las pasiones.

RM: No exactamente. Intentamos analizar, incluso a través de la historia y la etimología, el sentido y las «trampas» de muchas palabras, o pasiones. Un ejemplo… se usa con frecuencia la palabra fraternidad… sin embargo, la palabra puede estar sujeta a equívocos… no siempre es fácil la fraternidad entre individuos de distintas culturas, educados en principios y valores que no siempre son comunes. Con frecuencia, la palabra solidaridad puede ser más precisa, útil, correcta, a mi modo de ver.

ChC: Comprender las pasiones puede ser muy útil. Incluso si no siempre podemos «contenerlas» o «equilibrarlas». No se trata de fijar una «normativa»; si no de comprender.

Desde esa óptica, ¿les ha sido muy útil su trabajo filosófico en la vida privada? ¿Ha tenido muchas reacciones?

RM: Nos sorprendió muy rápidamente la cantidad enorme de respuestas, escritas, que tuvo la primera edición francesa de nuestro libro. Muchos lectores o lectoras nos escribieron diciendo que se habían sentido «escuchados»… fue un estímulo para nosotros.

ChC: La filosofía, la poesía, como la educación, nos ayudan a comprender nuestra intimidad profunda, nuestra emoción del momento.

El libro comienza con un capítulo consagrado al amor, seguido de capítulos consagrados a pasiones positivas, amistad, fraternidad, piedad, admiración, adoración, entre otras… para terminar afirmando que «en este archipiélago de pasiones, no hay más que pasión», una suerte de «confesión amorosa» hacia el análisis filosófico. Sin embargo, vivimos en un tiempo en el que las pasiones se han convertido en una mercancía, banalizada, cuando el análisis y la palabra filosófica se han trivializado hasta la nadería.

RM: La banalización del amor y otras pasiones es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. En cierto modo, la palabra amorosa ha sido sustituida por un gesto mecánico, un «like» en las redes sociales. Nuestro libro intenta responder a esa banalidad endemoniada, por momentos.

ChC: La defensa del amor genuino quizá sea una forma grandiosa de responder a esa banalización de la vida íntima, donde se forja nuestra identidad.

Ante esa encrucijada histórica, la cultura francesa responde de dos maneras antagónicas. Marcel Proust y su obra, «La Recherche», confían en la tarea mesiánica del gran arte, capaz de construir nuevos mundo. En su «Voyage au bout de la nuit», por el contrario, Céline teme que estemos asistiendo al «fin» y decadencia de nuestra civilización.

RM: La decadencia no nos gusta nada.

ChC: Al mismo tiempo, hay como una «fuerza», un, «fuego», en la desesperación.

¿En qué sentido?

RM. El odio puede ser una obsesión de destrucción del otro. Destrucción y algo más, como una suerte de profanación, como ocurre con los yihadistas islámicos. No se contentan con degollar. También desean demostrar su existencia monstruosa.

ChC: El terror, el miedo, la angustia, pueden estar presentes en algunos sueños, cosas horribles.

Lawrence dice en su libro sobre la revuelta árabe que hay dos tipos de hombres. Los que sueñan y cuando despiertan dicen que han soñado. Y los que sueñan despiertos. «Estos, dice Lawrence, son los más peligrosos, porque son capaces de hacer realidad sus sueños».

ChC: María Zambrano recuerda la noche oscura de San Juan de la Cruz. Pero se trata de una oscuridad luminosa, celeste, que está presente en el amor, incluso en la nostalgia, cuando la nostalgia aspira a preservar el recuerdo y la vivencia de los seres y las cosas queridas. Esa noche oscura que también puede ser la de los sueños es la de una plenitud absoluta, física, material, carnal, espiritual, la ilusión y la ambición de construir algo nuevo.