Ignacio Beltrán: «Los migrantes son el fracaso de Europa, no sombras sospechosas»

El autor madrileño narra el drama de la inmigración en «Las piernas de la sirena»

D. Moreno
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Ignacio Beltrán (Madrid, 1965) es periodista y autor de «Las piernas de la sirena» (Ecoeco, 2018), una novela que narra el drama de la inmigración en el Estrecho. Lo hace a través de la unión de tres mujeres en las playas de Tarifa, que llegan hasta el sur de España por tres motivos diferentes: el placer, la noticia y la supervivencia. La inmigración es el hilo conductor de una historia en la que también convergen el surf y el periodismo.

¿Por qué mezcla estos mundos? ¿Qué tienen en común?

Esa respuesta es una de las claves de la novela. No la puedo contestar. Sería romper una de las tramas que tiene esta historia. Pero sí puedo decir que los surfistas hace mucho que dejaron de ser (nunca lo fueron) unos tipos de pelo rubio y cuerpos envidiables, enajenados por la magia de las olas y nada más. Creo que el cine, las series de televisión y los prejuicios han perjudicado la imagen que se tiene de ellos. En eso, se parecen mucho a los migrantes que llegan en patera cada día desde los años 80 a la Costa de La Luz. Esta novela, humildemente, desvela qué hay detrás de las personas reales, detrás de sus etiquetas. Y descubrirlo me ayudó a crecer y así ha ocurrido con muchos lectores. Pero, como suele ocurrir a veces, la realidad de la tragedia del Estrecho se entiende mejor con la ficción. Somos así.

¿Es difícil entonces novelar una tragedia humanitaria como la que se vive en el Estrecho?

No es un tema fácil, ni para escribir ni para ser editado. Las editoriales no apuestan por este tipo de historias. Me costó mucho sacarla adelante; pero noticias como la del buque Aquarius del año pasado, por duro que parezca, hicieron que las y los lectores compraran más esta novela.

Desde finales de los años 80 hasta nuestros días han muerto en sus aguas miles de personas. ¿Cómo se podría recuperar el sentido humano más allá de unas cifras que son dramáticas?

Los migrantes son el fracaso de Europa. Y recuperar la solidaridad de los países pasa por ponerles cara, por darnos cuenta de que son exactamente como nosotros, no sombras sospechosas. Pero el problema está en los gobiernos de los países de donde vienen, en sus regímenes fallidos, en sus sociedades machistas y religiosas que propician la pobreza de la mayoría. Hay que actuar allí, con propuestas de desarrollo, con planes económicos para evitar que sus ciudadanos se jueguen la vida en el mar. No quieren venir aquí, huyen de allí.

¿Cuánto tiene de periodismo real la novela?

La novela está basada en un conjunto de hechos reales, por supuesto. Si no, no tendría sentido su narración ni la protesta que lleva implícita: es una historia de tres mujeres, en los años 90, cuando no había redes sociales, pero sí teléfonos móviles e Internet daba ya grandes pasos que ahora nos parecen ridículos. Y esa historia refleja una misma realidad, vivida de manera muy diferente por cada una de ellas. Sus vidas se entrelazan para compararse y descubrir que son tres valientes que luchan por ser eso, mujeres libres, en esa duna de Tarifa, escenario de los momentos más idílicos y más horribles al mismo tiempo.

¿Cómo cree que afronta el lector una novela cuyos hechos podrían ser los de un reportaje de cualquier diario?

Que se deje llevar. Que disfrute este verano cómodamente de esta narración, a salvo, en su sillón o en una buena hamaca de playa. Pero que recuerde si mira al mar para descansar la vista, que hay personas como él o ella dispuestas a todo por llegar a su orilla y no para disfrutar de unas vacaciones, precisamente.

Las protagonistas son Mayuba, Magui y Miren. ¿Las mujeres son las grandes olvidadas del día a día?

Sí, lo eran en los años 90, cuando está ambientada la novela y lo siguen siendo. Son las grandes perdedoras aún, las víctimas de la violencia mortal. Ya van más de mil. Una de ellas, Miren, proviene de mi mundo, el periodismo, y lucha por hacer un trabajo riguroso, no el que quieren sus jefes, más interesados por la audiencia hasta límites imperdonables. Magui también es urbanita, pero lo dejó todo para tratar de ser feliz en una furgoneta de playa. Y no lo es. Por último, Mayuba, llegada de las colinas del Rif, cuya peripecia de supervivencia descubre el horror que ocurre cada día en esas aguas y que nadie imagina.

¿Cuál de ellas tiene más de Ignacio Beltrán?

Todas son un poco yo, aunque sean mujeres. Las tres tienen algo que tenemos todos: valentía, cobardía y rebeldía contra la amenaza.

Déjeme entrar un poco más en el libro. ¿Por qué es tan importante la música en la novela?

La música nos acompaña siempre en los viajes. En esos años el radiocasete era todavía el rey de la carretera y en la playa era la banda sonora de nuestras vidas.

Además de las canciones, ¿qué «sonido» aportan al libro las licencias del autor con el idioma?

Pues son licencias literarias que me he permitido precisamente para poner sonido y acento a una historia que suena así en la realidad. En esas playas del sur se habla un idioma de todos los colores y... ¡todo el mundo se entiende!, puedes estar seguro. La Costa de La Luz es una playa de Babel.

¿Y ese título, «Las piernas de la sirena»?

Es un oxímoron que resume el desafío de esta historia. La lucha global de la mujer por escapar del mar de la tragedia en el que lleva nadando toda la vida y encontrar tierra firme donde poder andar.

Aprovechando que se celebra la Feria del Libro en Madrid, ¿qué compra ha hecho estos días por El Retiro?

Serotonina, de Michel Houellebecq. Tiene buena pinta. Me encanta pasear por la Feria, aunque aún no tenga caseta para firmar. Yo elegí la selva de Amazon para vender y no me arrepiento. Hay mucha competencia pero es apasionante leer las críticas de los lectores y poder contestar. Es un placer leer a lectores que me dicen que gracias a esta novela entienden un poco más lo que está pasando en el Estrecho desde hace treinta años.