Peter Handke
Peter Handke - AFP

Premio NobelPeter Handke y España, una relación forjada en su llanto en una plaza de toros

El autor austríaco es un gran conocedor de los caminos y las costumbres españolas, como prueban varios de sus libros que se desarrollan en el país con el que se titula uno de sus últimos escritos, «Handke y España»

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El desconocimiento que en un principio pudiera suscitar el nombre de Peter Handke para el grueso de españoles que superado el mediodía de este jueves recibieron su nombre con la solemnidad en la que lo envolvió ese premio Nobel que le ha sido otorgado no tiene camino de vuelta. El escritor, una de las plumas más afiladas y reconocidas del panorama centroeuropeo –y desde hoy también de todo lo que se sale de las fronteras del idioma alemán–, carga con un bagaje que lo acredita como reputado conocedor de las particularidades de lo español.

Su juventud lo trajo en repetidas ocasiones a España. Handke responde al prototipo de autor atormentado, prefiere la soledad a las compañías anodinas; los silencios meditabundos al bullicio que nubla las ideas. He ahí el gozo que en sus años mozos encontró en terrotorio español, donde a golpe de caminata forjó esa idea de la vida de sus gentes que bautizó como existencia «terrenal que es indevastable».

Esto, y mucho más, quedó reflejado en el libro que en 2017 publicó con motivo del reconocimiento como doctor «honoris causa» que la Universidad de Alcalá de Henares le otorgó: «Handke y España» (Alianza Editorial). El escrito, que funciona como un antología en la que se recogen textos del propio Handke, así como entrevistas y renglones de plumas nacionales de la talle de Enrique Vilas-Matas, Juan Villoro o Ray Loriga, traza un perfil de un país a partir del cual se puede entender al reciente ganador del Nobel.

Cuenta Handke que cuando la barba no poblaba su rostro él ya estaba pateando España. Cómo será que presume de habérsela pateado de punta a punta. Su primera visita lo llevó a Valencia, donde asistió a una corrida de toros. En sus páginas da cuenta del horror que aquello le produjo en su ternura bisoñez. De la plaza salió, dicho por él mismo, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Sea como fuere, en esa plaza de toros valenciana quedó arraigada a sus entrañas la semilla de la que paulatinamente brotó ese apego por el país que en 2017 lo recibió para celebrar su «honoris causa». Aquel día, 22 de mayo, se plantó en el Instituto Goethe para disertar sobre Cataluña y otras historias. Y cabe decirlo así porque no tuvo a bien extenderse demasiado con la mayoría de melones que se le invitó a abrir, pero sí con el lío catalán. «En el avión, de camino a Madrid, he estado leyendo sobre el proyecto de Cataluña, y da miedo» se arrancó Handke. No supo concretar los motivos de su temor. Sus palabras, raro en él, obedecían más a una sensación que al raciocinio.

Además, varios de sus libros desarrollan su trama en España: «En una noche oscura salí de mi casa sosegada», «La pérdida de la imagen», «A través de la Sierra de Gredos», «Don Juan (contado por él mismo)» y «Ayer, de camino», en el que recopila sus viajes por el país ibérico. Todos ellos los escribió a mano, como cualquiera que lleva su firma. «He vivido momentos místicos en Ávila, Segovia, Linares», celebró en su visita a Madrid.

Vive aislado del mundo en una pequeña dacha a las afueras de París, sin siquiera internet, sólo atento a aspectos terrenales cuando juega el PSG, el club más rico de Francia, del que es hincha.