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El espíritu de Fernando Villalón regresa para habitar en la Maestranza de Sevilla

Eduardo J. Pastor presenta su libro sobre el ganadero y poeta de la Generación del 27

Eduardo J. Pastor presenta 'Villalón. Centauro de pena' ante el sombrero de ala ancha Raúl Doblado
Eva Díaz Pérez

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Sonaron los míticos toros de Gerión, de las tres Marías Atlánticas, de bandoleros y contrabandistas, de nereídas y espectros del Mediodía. Y todo por el artificio mágico de la poesía y la tauromaquia. La Real Maestranza de Caballería de Sevilla acogió este jueves un acto mítico e imposible: el regreso de Fernando Villalón a su ciudad.

El escritor Eduardo J. Pastor Rodríguez fue el teósofo encarnado de invocar al fantasma del poeta-brujo de la Generación del 27, el autor de «Andalucía la Baja», «La Toriada» o «Romances del 800» y miembro de la revista «Mediodía». El ganadero que intentó criar toros de ojos verdes que burlaran los trucos de la lidia.

Eduardo J. Pastor presentaba su libro «Fernando Villalón. Centauro de pena» (Almuzara), una autobiografía novelada «y no autorizada» que publicó en 2019, pero que tenía una intención muy particular: el retorno del poeta. Villalón tuvo que marcharse de Sevilla acosado por los acreedores a causa de sus ruinosos negocios. Murió en Madrid en 1930 tras complicarse una operación quirúrgica. Quiso ser amortajado con ropa de campo, botas de montar y espuelas. En su «Arboleda perdida», Rafael Alberti apuntaba el dato macabramente lírico de otro deseo de Villalón: que lo enterraran con un reloj de leontina en el chaleco para que, al menos, durante doce horas más siguiera sonando un latido bajo tierra.

Ayer regresó por fin a Sevilla y al coso de la Maestranza con la decisión de quedarse para siempre gracias a la invocación realizada por Eduardo J. Pastor que en su libro muestra una estupenda recreación de la vida de Villalón. «Me acompaña su espíritu, ese poeta que escribía con tinta roja para encastar toros con los ojos verdes. En este libro ya no sé lo que es fruto de la investigación, lo soñado, lo vivido o lo que él me ha contado», confesó emocionado.

El acto tenía algo de mesa de espiritismo literario porque la intención era que el espectro de Villalón volviera galopando en su jaca marismeña a ritmo de alejandrinos. Y así fue...

Acompañaron a Eduardo J. Pastor el periodista, escritor y profesor Álvaro Romero Bernal; el escritor y ganadero Rafael Peralta Revuelta, y el tocaor flamenco Antonio Carrión. Entre todos compusieron un hermoso retrato biográfico y artístico de uno de los poetas más singulares de la Generación del 27, porque Villalón fue un poeta audaz que saltaba de la lírica popular al poema de evocación surrealista. Y todo adobado por un mundo de campo, de garrochistas y toros corniveletos que desafiaban a la luna, morlacos que no querían torear ni Joselito el Gallo ni Juan Belmonte, los grandes maestros de aquella época dorada de la tauromaquia.

La magia se produjo cuando Eduardo J. Pastor colocó en la mesa un sombrero de ala ancha y realizó un guiño a otro poeta amigo de Villalón, Adriano del Valle. En 1935 Del Valle dio una conferencia en el Ateneo anunciando que en breve llegaría Villalón, aunque Villalón había muerto en 1930. En cierto momento Adriano del Valle interrumpió la conferencia para leer un telegrama enviado supuestamente por Fernando Villalón confirmando que llegaría a la conferencia «desde el cielo del mar del Japón del norte». Poco después se recibía otro telegrama: «Después de galopar incansablemente mi jaca marismeña no cabe dentro del ascensor angélico del cielo sevillano. Discúlpame ante amigos. Villalón».

En el Salón de los Carteles de la Real Maestranza de Caballería se repitió la hermosa fantasmagoría. Eduardo J. Pastor fue interrumpido por su hijo que le advertía de un wasap enviado por el mismísimo Villalón confirmando que estaba de camino.

Continuó el acto con las intervenciones de Álvaro Romero Bernal y Rafael Peralta Revuelta hasta que se recibió otro wasap de ultratumba. Villalón se había entretenido en el cumpleaños de Luis Cernuda -el 21 de septiembre de 1902- por lo que sufrió el retraso del tren expreso. Pero había llegado a Sevilla. «Estoy aquí en mi ciudad y me quedaré para siempre en una grada de la Real Maestranza con derecho a Giralda». Sin duda, Eduardo J. Pastor se ha convertido en médium literario del espíritu de Villalón.

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