Elvira Navarro en la isla de la Cartuja
Elvira Navarro en la isla de la Cartuja - J. M. Serrano
Literatura

Elvira Navarro: «Hay literatura política a pesar del propio autor»

La escritora ha entregado un libro de relatos entre lo desasosegante y lo fantástico

SevillaActualizado:

«La isla de los conejos» (Random House) es uno de los libros de relatos imprescindibles de lo que va de año en España. Una colección de cuentos en los que Elvira Navarro (Huelva, 1978) insufla desasosiego y turbación a unos protagonistas que se encuentran completamente desubicados en encrucijadas vitales que, a veces, introducen el elemento fantástico como si fuera una posibilidad más de lo real.

«Cuando comencé a darme cuenta de que tenía un libro de cuentos, lo que me parecía a mí que lo unificaba era, en primer lugar, la atmósfera. Son relatos muy atmosféricos, porque tiene mucho protagonismo el espacio en el que acontecen y, por otro lado, que los personajes de casi todos los cuentos estén desubicados, fuera de sus espacios habituales», explica una escritora que fue seleccionada por la prestigiosa revista Granta en 2010 entre los 22 narradores más importantes en español menores de 35 años.

Estas características hicieron que Elvira Navarro viera de que «había una unidad y que había un libro, porque yo tengo facilidad para escribir relatos, pero muchas veces esos cuentos no dialogan con otros y no puedo meterlos en un libro. Pero cuando tenía varios relatos, me di cuenta de que todos estaban bebiendo de la misma fuente».

Así, en esta colección de cuentos se dan cita, entre otros, una muchacha a la que le crece una tercera pata en Tánger, un señor de Sevilla que se va una isla diminuta en el cercano Guadalquivir y se pone a alterar su ecosistema, una madre muerta que se abre una cuenta en Facebook para comunicarse con su hija o un excéntrico y violento archiduque a la caza de un animal prehistórico en Mallorca.

Esta escritora reconoce la influencia sobre «La isla de los conejos» de Julio Cortázar, pero también del libro «Proyectos de pasado», de Ana Blandiana.

«Es un libro de relatos en el que la irrupción de lo fantástico se baraja como si fuera una posibilidad más de lo real y tiene mucha importancia el elemento onírico, es decir, la irrupción de lo fantástico a través de algo tan cotidiano que tenemos todos como es el mundo de los sueños, que muchas veces impregna buena parte del día».

Elvira Navarro coincide con Pablo Gutiérrez, otro andaluz seleccionado en aquella lista de 22 escritores de la revista Granta, en que toda la literatura es política, aunque matiza: «Si entendemos la etiqueta de lo político como algo muy literal, yo diría que no, pero yo que sí me considero una escritora política porque no entiendo que el papel de la literatura esté en la obligatoriedad de que la obra contenga propuestas concretas de solución».

En su opinión, la «potencia política de la literatura estaría en disputar el relato de lo real, el relato dominante, sobre todo, cuando este relato dominante puede ser dañino. Ahí sí creo que la literatura tiene una potencia y, a veces, hay literatura política a pesar del propio autor. Quiero decir que novelas que se quieren muy políticas a veces no resultan tanto ni tan corrosivas que otras que proponen un análisis indirecto a través e la literatura».

Hace tres años, Elvira Navarro vivió un episodio complicado a cuenta de «Los últimos días de Adelaida García Morales», en los que convertía en personaje de novela a la autora de «El Sur», que generó una agria contestación de sus familiares y su ex marido el director de cine Víctor Erice y que abrió un debate sobre los límites de la ficción.

La escritora onubense declina hablar del tema, aunque reconoce sobre el debate de la ficción y la no ficción es que «el problema es que no hay un límite claro entre ambas, porque lo real está configurado por un montón de relatos y ficciones entre comillas. Poner un límite ahí sería difícil, porque dónde lo pones».