Mariano Fernández Urresti, junto a una placa dedicada a Bécquer en Toledo
Mariano Fernández Urresti, junto a una placa dedicada a Bécquer en Toledo - ABC
NOVEDAD EDITORIAL

«En mi novela juego con la idea de que Bécquer pudo estar influenciado por las corrientes espiritistas»

Mariano Fernández Urresti publica «Los fantasmas de Bécquer» (Almuzara)

SevillaActualizado:

Mariano Fernández Urresti (Santander, 1962) acaba de publicar su última novela, «Los fantasmas de Bécquer» (Almuzara), una historia de intriga en torno al manuscrito perdido de las «Rimas» de Gustavo Adolfo Bécquer, que será incluso buscado por los nazis.

Esta novela parte de una hecho histórico muy interesante, la pérdida del manuscrito original de las «Rimas» en la Revolución de 1868. ¿Qué fue lo que ocurrió realmente?

En 1868, Gustavo Adolfo Bécquer entregó el primer manuscrito de las «Rimas» a Luis González Bravo para que el político escribiese un prólogo al poemario, pero estalló la «Gloriosa», la Revolución liberal. Algunos revolucionarios asaltaron la casa de González Bravo y, entre otras muchas cosas, desapareció el manuscrito de Bécquer. Al parecer, Mariano Romea, cuñado de Bravo, recogió algunos de sus objetos y papeles, pero no hay mención alguna a las «Rimas». Al caer los conservadores, Bécquer se «exilió» en Toledo junto con su hermano Valeriano. Vivieron en el número 8 de la calle de San Ildefonso, y allí, de memoria y en base a notas y sueltos de prensa, recompuso el poemario y lo tituló «El libro de los gorriones», que se publicó en 1871, un año después de su muerte. Pero nunca sabremos si pudo recordar todas las Rimas perdidas.

En la novela se vincula a Bécquer con el espiritismo, además de con la Orden del Temple. En este escritor confluyen muchos elementos misteriosos como su propia muerte, ¿no es cierto?

En sus años de formación pictórica en Sevilla, Bécquer dio muestras ya de un extraño gusto por lo mortuorio en sus dibujos –cementerios, ruinas góticas, esqueletos en movimiento-. Más tarde, tanto en sus «Rimas» como en sus «Leyendas», esa temática es recurrente. En mi novela juego con la idea de que pudo estar influenciado por las corrientes espiritistas tan en boga en aquella época y que penetraron en España justamente por Andalucía. En Sevilla, un año antes que Bécquer, en 1835, había nacido Amalia Domingo Soler, la médium más reconocida en España. ¿Pudo conocerla Bécquer siendo ambos sevillanos, habiéndose instalado ambos en Madrid y ejerciendo ambos el periodismo en la capital? En cuanto al Temple, Bécquer convierte a los monjes templarios en protagonistas de algunas de sus leyendas y loa a la Orden en «Historia de los templos de España». El hecho de que González Bravo fuera masón ha invitado a algunos investigadores a considerar que tal vez el propio Bécquer lo hubiera sido, aunque no parece que haya pruebas definitivas. Pero sí es cierto que también su muerte se adornó con el misterio, puesto que días antes de fallecer anticipó a su amigo Narciso Campillo que estaba «preparando la maleta para el último viaje», y se produjo un eclipse parcial de sol media hora después de su muerte, que tuvo lugar a las 10,40 horas del día 22 de diciembre de 1870.

¿En qué medida influyó Luis González Bravo en la vida de Bécquer?

González Bravo fue el gran valedor de Bécquer. Lo aupó al cargo de censor de novelas aún careciendo Gustavo de la titulación universitaria superior que requería el puesto. Curiosamente, alguien se encargó de que los expedientes que Bécquer siguió como censor desaparecieran tras dejar el cargo. Bécquer, como periodista, escribió al servicio de un ideal claramente conservador, hasta que, para poder retornar a Madrid desde su exilio en Toledo, se pasó al bando liberal. Nunca sabremos si, además, Bravo lo introdujo en la masonería, como han apuntado algunos investigadores.

¿Cómo definiría la relación entre Bécquer y su hermano Valeriano?

Muy estrecha. José Domínguez Insausti y Joaquina Bastida y Vargas tuvieron ocho hijos varones, pero Gustavo estuvo especialmente unido a Valeriano, que había nacido justo antes que él. Valeriano fue pintor, como su padre, e hizo buena parte de su carrera al lado de su hermano. Ambos tuvieron ideales conservadores desde su juventud en Sevilla, y la muerte de Valeriano, en septiembre de 1870, precipitó de algún modo la muerte de Gustavo, que se lo llevó tres meses después. Gustavo padecía una larga enfermedad que, aunque tradicionalmente se ha dicho que era tuberculosis, en la actualidad se afirma que pudo ser sífilis.

Monumento a Bécquer en el Parque de María Luisa
Monumento a Bécquer en el Parque de María Luisa - JUAN JOSÉ ÚBEDA

La presencia de los nazis, tan relacionada siempre a lo esotérico, es igualmente fundamental en esta novela. ¿Cuál es la razón de esa vinculación entre Bécquer y los nazis?

En este caso, es una ficción, pero una ficción plausible. En octubre de 1940, una delegación nazi encabezada por Heinrich Himmler visitó España y, entre otros lugares, estuvo en Toledo. Un oficial de las SS sin duda se hubiera sentido atraído por un manuscrito firmado por alguien llamado Gustav Adolf Bécquer. No hay más que ver que el apellido Bécquer es de origen germano, y que sus antepasados llegaron a Sevilla en el siglo XVIII procedentes de Flandes. El resto, el lector lo encontrará en mi novela.

¿Por qué hay varias personas que quieren matar por conseguir el manuscrito original de las «Rimas» de Bécquer?

Las «Rimas» perdidas son el eje central alrededor del cual gira la vida de los personajes de mi novela. ¿Cuánto podría valer actualmente el manuscrito original de las «Rimas»? ¿Habría alguien capaz de matar por él? «Los fantasmas de Bécquer» es una novela de aventuras desde la primera hasta la última página, y en ella nadie es lo que parece.

¿Qué es lo que le ha inspirado de Sevilla a la hora de retratarla en su novela?

Sevilla es una ciudad especial que rebosa historia y que, además, es la cuna y la tumba de Bécquer. Resultaba obligado que parte de la trama tuviera como escenario sus calles, el Panteón de Sevillanos Ilustres… Uno de los personajes, para mí, más entrañables de la novela es sevillano, y juega un inesperado papel en la trama.

Cubierta de la novela
Cubierta de la novela- ABC

En otras novelas suyas hace homenajes a escritores con vidas muy interesantes, tales como Arthur Conan Doyle, Julio Verne o Agatha Christie.

Es mi humilde intento de devolverles algo de cuanto les debo. Crecí leyendo sus obras y admirando su talento. Cuando me ha sido posible, lo mismo que sucede con Bécquer, quise saldar esa deuda hasta donde mi ingenio me lo ha permitido.

Como gran investigador del misterio que es, coménteme cuál ha sido el caso más increíble con el que se ha encontrado en su vida.

Me apasionan los enigmas históricos desde niño, por eso estudié y me licencié en Historia. No soy un investigador de fenómenos extraños exactamente, sino un apasionado de los misterios históricos. Hay lugares que son, para mí, especialmente sobrecogedores y seductores, pero jamás olvidaré la primera vez que contemplé la Gran Pirámide y me adentré en su interior. Sé que dicen que todo está explicado, pero resulta que a mí me da por pensar que no; que tal vez la realidad no es realmente tan real.