La escritora Sara Mesa
La escritora Sara Mesa - M. J. LÓPEZ OLMEDO
NOVELA

Sara Mesa: «Las grandes obras de la literatura están protagonizadas por antihéroes»

Presenta hoy en Sevilla dentro del Bookstock «Cara de pan», en la que narra una relación sospechosa entre una niña y un anciano

SevillaActualizado:

Desde que quedara finalista del Premio Herralde con «Cuatro por cuatro» (2012), a Sara Mesa (Madrid, 1978) le ha acompañado la muletilla de joven promesa de la literatura española, que ha revalidado después con novelas como «Cicatriz», entre las más aplaudidas de 2015, y los relatos de «Mala letra» (2016).

Pero con la publicación de «Cara de pan» (Anagrama) la escritora debería dejar atrás la condición de promesa y consolidarse con su mejor obra como una de las voces más singulares de la narrativa española, con un universo literario muy personal.

Como en «Cicatriz», los protagonistas de «Cara de pan», que hoy se presenta a las 20 horas en el Cicus dentro del Bookstock, son dos inadaptados, en este caso una casi adolescente, que se siente diferente a sus compañeras y en evolución hacia la edad adulta; y un viejo raro que solo habla de pájaros y que conoce hasta el último detalle biográfico de Nina Simone.

«Este tipo de personajes son infinitamente más interesantes que los convencionales y ahí no descubro nada, porque las grandes obras de la literatura están protagonizadas por antihéroes. Qué es el Quijote, sino un inadaptado. Pero también hay obras malas que están protagonizadas por antihéroes», señala la escritora, que reside desde niña en Sevilla.

Estos personajes entablarán una relación secreta que Sara Mesa cuenta en una narración hipnótica y depurada, que tiene su origen en el relato «A contrapelo», incluido en una antología la editorial «:Rata_».

El resultado es una novela sobre la inadaptación social, que toca evitando caminos trillados y cuestionando algunas ideas englobadas dentro de lo que suele considerarse como normalidad, temas como el abuso, los prejuicios, la educación... y, sobre todo, el paso a la edad adulta, por lo que puede leerse como una novela de iniciación.

«Me gusta que incida en eso ultimo, porque me da la sensación que a la hora de hablar de la novela se puede tirar de otros asuntos, como el acoso y el abuso escolar. Uno de los temas básicos es la inadaptación y el gran momento de la adaptación social es el paso de la niñez a la vida adulta, que tiene un grado de dificultad. Estaba leyendo a Flannery O’Connor y decía, te estoy citando de memoria, que quien ha sobrevivido a la infancia y pasa a la edad adulta tiene suficiente material narrativo como para escribir toda una vida. Ese paso a la edad adulta no tiene por qué ser dramático, pero intenso sí que es».

«Planteo por qué se encienden las alarmas en unas relaciones y otras las asumimos como normales»

La protagonista de la novela vive ese momento en una situación de aislamiento social y familiar, solo roto por su amistad con el viejo, en un tipo de relación que entra en conflicto con lo que se considera socialmente correcto.

«Choca por razones obvias: no comparten edad y experiencias. Además, existe el fenómeno de la pederastia, que no voy a negar. Pero lo que planteo es por qué se encienden las alarmas en unas relaciones y otras las asumimos como normales. En un momento de la novela la niña se refiere a eso, porque algunas de sus amigas tienen novios y ella no está preparada en ese momento para eso. Por tener una relación con un hombre mayor, eso no significa que sea turbia o mala. Cuando me preguntan sobre ellos no quiero definir su historia como de amistad, porque lo simplificaría mucho, digo relación y ya todo el mundo piensa que hay algo sucio. El libro pretende jugar con esa idea».

¿Escritora realista?

En ese sentido, la escritora añade que se trata de «hacernos preguntas sobre por qué vemos anormales ciertas cosas. En “Cuatro por cuatro” se planteaba el conflicto entre la vigilancia y la seguridad frente a la libertad. La sociedad activa mecanismos de vigilancia y sorpresa al sentirse amenazada, y eso tiene un coste. Me contaba un amigo que no puede sentarse en un banco a mirar a niños jugando porque recibe miradas suspicaces. Ese es un coste que también hay que sopesar».

Porque a partir de prejuicios se construye en muchas ocasiones el relato social, al que pueden contribuir también los medios de comunicación. La escritora publicó el pasado verano un artículo sobre el sensacionalismo en el caso de Gabriel Cruz.

Todas estas cuestiones, ¿convierten a Sara Mesa en una escritora social o realista? «No lo sé. “Escritor social” se aplica al que habla de los problemas y de la sociedad de su momento y tiene una cierta intención de intervenir en la realidad. No creo que el tipo de libros que hago encaje ahí. Pero hablo de la realidad y está claro que las inquietudes que surgen de la actualidad, como el caso del niño Gabriel. Además, no creo que el propósito social esté reñido con una elaboración estilística compleja. Me considero una escritora realista, porque todo está cogido de la realidad. De todas maneras, las etiquetas no me gustan nada porque pueden meterte dentro de compartimentos con los que no tienes nada que ver».