Sergio del Molino durante una visita a Sevilla
Sergio del Molino durante una visita a Sevilla - Juan José Úbeda
Ensayo

Sergio del Molino: «Ser catalán o extremeño no puede generar ningún derecho político»

El escritor vuelve a reflexionar sobre España en «Lugares fuera de sitio», premio Espasa de ensayo

SevillaActualizado:

España, su paisaje y su paisanaje, especialmente el rural alejado de los grandes núcleos de población, ha sido una de las preocupaciones recurrentes de la literatura de Sergio del Molino (Madrid, 1979), escritor y periodista que comenzó a dar que hablar en 2012 con «La hora violeta», donde narraba la enfermedad y muerte de su hijo Pablo, y que fue traducida a varios idiomas, entre ellos, el inglés.

Junto a sus novelas, Del Molino ha centrado también su interés en el ensayo, un terreno en el que se ha mostrado como un lúcido observador de España, en títulos fundamentales como «La España vacía» (2016), sobre la dualidad campo-ciudad, y ahora «Lugares fuera de sitio» (2018), que se hizo con el premio Espasa, y que propone un recorrido por territorios que son frontera o anomalías de la historia, de Ceuta a Olivenza, de Gibraltar a Andorra.

Si en su anterior ensayo, este autor dialogaba con los autores de la Generación del 98 —«son la última gran generación literaria que piensa sobre España y su influencia cultural en el país es inmensa»—, en este lo hace con los cronistas de la Transición, como Manu Leguineche, Luis Carandell y Ramón Carnicer, autor este último de un libro que el autor reconoce como precedente de sus «Lugares fuera de sitio».

Todos los enclaves que aparecen en el ensayo de Del Molino tienen en común, aparte de ser una anomalía territorial, plantear formas distintas de sentirse español, así como la capacidad de ofrecer posibles soluciones para la convivencia, en un momento de crispación insoportable por las tensiones del independentismo catalán.

«Estos lugares tienen una dimensión de laboratorio, donde es fácil entender los conflictos en primera línea. En un momento de paz, puedes vivir al margen de los problemas de un país, es decir, que lo que ocurre en Cataluña, por ejemplo, sucede en los periódicos y que la vida cotidiana va por otro lado. Pero en esos lugares, como Melilla, no puedes escapar y tienes que organizar tu vida en función de una frontera, de una rareza histórica, y cómo se le dio respuesta. La forma de superar esos conflictos, puede ser muy inspiradora para abordar el resto».

«En esos lugares tienes que organizar tu vida en función de una frontera o una rareza histórica. La forma de superar esos conflictos puede ser muy inspiradora»

Un buen ejemplo de ello es el municipio pacense de Olivenza, que Portugal reclama históricamente a España, algo que un grupo de habitantes ha aprovechado para ampliar su identidad y sumar la cultura del país vecino.

«Sus habitantes han sabido recuperar ese legado y aprovecharlo en clave positiva. Es muy alentador e ilustrativo la forma en que una parte de los oliventinos afirma que la historia los ha hecho así y no quieren reescribirla. La historia es algo que recibes y no puedes protestar contra ella. Tenemos la suerte de ser un sitio raro, piensan, y con identidades múltiples, así que por qué no sacar provecho de eso. Eso es muy interesante».

Esa suma de identidades de los oliventinos podría ser una forma de superar la escisión que plantean los independentistas entre la cultura catalana y española. «La naturaleza del conflicto catalán ha percibido las identidades como excluyentes y en ambas direcciones», ya que ha habido «menos mezcla de lo que parecía».

Ejemplos, señala este escritor, hay en los dos lados, como la existencia de «guetos castellanohablantes, con gente que no ha usado el catalán hasta que no ha sido adulta», o el hecho de que el segundo idioma más traducido al catalán sea el español, una circunstancia sorprendente para Del Molino.

Traducciones

«Todos los catalanes, salvo cuatro franceses, son bilingües, así que, ¿para qué leer un libro en español traducido? No entiendo esa forma de rechazar un legado rico cuando tienes esa suerte. Formas parte de una minoría privilegiadísima bilingüe y con dos culturas, ¿por qué lo rechazan?».

«Hemos fomentado un montón de derechos forales e historias que atomizan a España y que ponen en peligro eso de que todos los españoles son iguales ante la ley»

Una razón podría ser que el nacionalismo catalán es tan español que no se diferencia mucho de aquel. «Tiene muchos rasgos muy españoles», se muestra de acuerdo Sergio del Molino, «en cuanto a la intolerancia y la rusticidad con la que suele plantear las cuestiones, de una forma muy bruta y muy sentimental. Eso es un carácter muy español a la hora de abordar conflictos».

Esos conflictos en España pasan actualmente por los populismos y el nacionalismo. «Cuando comenzamos a hablar de comunidades históricas, a intentar separar», señala el escritor. «Hemos fomentado un montón de derechos forales y un montón de historias que atomizan España y que ponen en peligro un precepto constitucional fundamental: que todos los españoles son iguales ante la ley. Eso no se cumple ahora mismo».

La posible solución, defiende Sergio del Molino, podría pasar por articular un «patriotismo constitucional» que permita organizar una comunidad política que no esté basada en la etnicidad.

«El reto ahora mismo, planteándose el patriotismo constitucional, es el hecho de que las identidades no generen derechos políticos. Los sentimientos no entran en política. Tú puedes sentirte muy vasco, muy catalán, muy extremeño... pero eso no condiciona tu relación con el Estado, es una cuestión tuya. Siéntete muy libre de expresarla, pero eso políticamente no tiene la menor relevancia».