El escritor Sergio del Molino en la estación de Santa Justa
El escritor Sergio del Molino en la estación de Santa Justa - VANESSA GÓMEZ
NOVELA

Sergio del Molino: «La nostalgia es la antiliteratura»

El autor zaragozano vuelve sobre la adolescencia en «La mirada de los peces»

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El novelista y ensayista Sergio del Molino reconoce que llevaba «mucho tiempo» queriendo escribir sobre la adolescencia. Un periodo de la vida que no solo tiene «una fuerza literaria brutal», sino que son unos años que «no es que te obsesionen, sino que se vuelve a ellos continuamente».

Sin embargo, el autor del elogiado «La España vacía» pensaba que era demasiado pronto abordar la adolescencia para alguien que aún no ha cumplido los cuarenta años. El catalizador que puso en marcha esta novela, que ha llegado a las librerías como «La mirada de los peces» (Randon House), fue la muerte de su profesor de instituto en Zaragoza, Antonio Aramayona, activista del 15M, defensor de la enseñanza pública y laica, y que decidió poner fin a su vida en 2016.

«Si Antonio no se hubiera muerto este libro lo hubiera escrito dentro de diez o veinte años. Porque es un libro de un escritor un poco más maduro, pero esa distancia temporal de veinte años que marco, me sitúa ya fuera de ese terrero de la joven promesa. Es un libro que hubiese esperado más, pero que se ha impuesto», explica.

En la novela, el escritor presenta a su profesor muy alejado del retrato hagiográfico, en un relato en el que muestra sus luces y sombras. «Una de las motivaciones era romper la hagiografía que una parte de la izquierda había construido de Antonio Aramayona, que lo ha convertido en un santo, por la tendencia religiosa que tiene esa izquierda a erigir santos. Creo que le hacía un favor construyendo la humanidad de un personaje que es precisamente interesante en sus contradicciones, en la dificultad que había para relacionarse con él en su hosquedad, en su soberbia, y en algunas zonas oscuras en las que no he llegado a penetrar sino solo intuir».

Este profesor es también la puerta de entrada al territorio de la adolescencia, que en el caso de Sergio del Molino hace referencia a un instituto público en un barrio obrero de Zaragoza, donde lo más excitante era sentarse en un banco a comer pipas o escuchar discos de Barricada. «Porque la mirada de los peces» está contada en primera persona con aire de «novela de iniciación», pero que el autor rompe «alterando el punto de vista, ya que no está contada desde el del adolescente, sino del narrador lo contempla desde el presente».

El resultado es una obra construida con numerosos elementos de no-ficción y autobiográficos, y sin un ápice de nostalgia. «La nostalgia es la antiliteratura, una forma de narcisismo. Un deber del escritor es huir de la tentación de la nostalgia, que es muy fuerte y que emerge de cualquier sitio».

Frente a ella, Del Molino presenta unos años ochenta nada edulcorados, en la antítesis de series como «Cuéntame», donde se muestran las frustraciones del primer amor, la experimentación con las drogas, el aburrimiento y una «banalización» de la violencia de ETA por parte de cierta izquierda.

«Eso es una autocrítica que no se ha hecho en España. Parece que ETA se ha circunscrito a la sociedad vasca, pero había una buena parte de la izquierda que tenía una relación, en el mejor de los casos, de complacencia, y, en el peor, de fascinación, por todo el mundo abertzale. Eso se palpaba en cualquier ciudad española, no solo del Norte, y ese es un discurso que se ha borrado, parece que nadie sentía esa fascinación».

Las razones de aquella fascinación las sitúa el autor en «una parte de inconsciencia y otra de falta de empatía, que resultan inconcebibles para los jóvenes actuales. «A los chavales de ahora les parecería monstruoso. Los adolescentes de hoy son mucho mejores que nosotros. El adagio de cualquier tiempo pasado fue mejor tiene que ver con la autocomplacencia y la nostalgia.Creo que es palpable a simple vista la mejora del mundo».