La Niña de los Peines está considerada una de las grandes feministas andaluzas
La Niña de los Peines está considerada una de las grandes feministas andaluzas - abc

El flamenco, gran notario del machismo andaluz

El padre de los Machado, Demófilo, hizo el primer inventario serio de coplas jondas. Y recogió letras como ésta: «Te den un tiro y te maten / como sepa que diviertes / a otro gachó con tu cante»

alberto garcía reyes
Actualizado:

No hay un solo acontecimiento histórico de los últimos siglos ni un rasgo social, por muy deleznable que sea, al que el flamenco no le haya cantado. Muchos estudiosos consideran este género andaluz como el mejor notario de la realidad social de España desde el siglo XVIII hasta hoy. Sobre todo porque la mayoría de sus coplas son populares. Recogen los sentimientos de la gente del pueblo, tanto los buenos como los malos. Y retratan cada época con una precisión que muchas veces es dolorosa. En la temática jonda son habituales las gestas de los romances fronterizos, la persecución de gitanos y moriscos, las dificultades de las clases trabajadoras o incluso los viajes a América o la instauración de la República. Pero una de las cuestiones más extendidas en el romancero jondo es el machismo, que en algunos casos incluso justifica la violencia contra las mujeres. Las letras contra el sexo femenino fueron muy habituales incluso a comienzos de la democracia. Toda la historia del cante está llena de ellas. Afortunadamente, han ido desapareciendo. Pero un repaso a vuelapluma por estas coplas es una radiografía exacta de la sociedad de la que venimos. Y también, por qué no, un diagnóstico del gran avance que en este sentido hemos tenido. Basta con leer las letras que a continuación se reproducen para darnos cuenta de lo inaceptables que son en la actualidad. Pero antes es justo aclarar que el flamenco ha dado desde dentro pasos muy importantes para zafarse de esa lacra. Hoy se considera a la Niña de los Peines una figura trascendental en su desarrollo. Algunos la califican como la gran feminista andaluza, ya que fue empresaria de éxito en plena posguerra y, al contrario de lo que les había pasado a otras muchas flamencas como Anica la Piriñaca, tuvo a su marido, Pepe Pinto, siempre bajo su sombra a pesar de que también era un cantaor excelso. Sirva su ejemplo, y el de otras como la Niña de la Puebla, la Paquera, Fernanda y Bernarda, La Argentinita, Pilar López, Carmen Amaya o Pastora Imperio para curarnos de esta retahíla de cantes que por suerte ya son historia.

Empezamos con el inventario de Demófilo. El padre de Antonio y Manuel Machado era un intelectual perteneciente a la Institución Libre de Enseñanza y muy vinculado con el estudio del folclore. En este contexto se sirvió de un cantaor llamado Juanelo de Jerez para recopilar las coplas anónimas que se cantaban en las reuniones de finales del siglo XIX por la Baja Andalucía, desde Triana a Cádiz. En esa «Colección de cantes flamencos» publicada en 1881, el machismo está reflejado en letras como éstas:

Chiquilla, tú eres mu loca, / eres como las campanas / que todo el mundo las toca.

Una mujer fue la causa / de la perdición primera; / que no hay mal en este mundo / que de mujeres no venga.

Cómo vivirán los moros / teniendo tantas mujeres, / si aquí con una nos sobra / «pa» que el diablo nos lleve.

Anda y no presumas tanto, / que otras mejores que tú / se quean pa vestí santos.

La mujer que a su marío / toma en aborrecimiento, / o está loca del sentío / o es que quiere un instrumento / que le dé mejor sonío.

Con la mujer pasa igual / que con un cortijo a renta, / que la tienes que dejar / cuando no te tiene cuenta.

Un rosal cría una rosa / y una maceta un clavel, / y un padre cría una hija / sin saber para quién es.

Agujitas y alfileres / le clavaran a mi novia / cuando la llamo y no viene.

Te den un tiro y te maten / como sepa que diviertes / a otro gachó con tu cante.

Hay muchas más, pero no es necesario continuar para demostrarlo. Lo que sí es conveniente es ponerle freno a ciertos estudios que para denunciar esta flagrante desigualdad entre ambos sexos ven letras machistas donde no las hay. Por ejemplo, en muchos manuales se considera reprochable esta copla: “Hijita de mala madre / liaíta en malas tripas, / envuelta en malos pañales”. El desamor no es machista. De hecho, esta misma letra fue cantada por muchas mujeres cambiando el “hijita” por “hijito”. Pasa lo mismo con esta otra: “Zapatitos blancos, / ni son tuyos ni son míos, / de quién son estos zapatos”. Es una copla sobre los celos, pero es válida en los dos sentidos.

La literatura flamenca es tan rica que permite dobles interpretaciones. Pero en ese caso el machismo está en el receptor que así lo interprete, no en la copla. Otro ejemplo: “Por dinero no lo hagas, / llévame a una herrería / y échame un hierro a la cara”. ¿Qué quiere decir esta copla? Puede referirse a la prostitución: yo soy tuyo, señálame con tu divisa, no me trates como a uno más. O puede referirse también al amor de una adinerada y un pobre: no te cases conmigo por dinero, que yo estoy dispuesta a señalarme por ti”.

En otros casos, no hay excusas: «La mujer que rompe el plato / sin ser hora de comer, por muy bonita que sea / no le sale mercader». «No te compro más camisas / porque yo no visto altares / pa que otros digan misa».

Todas estas letras proceden del siglo XIX y se han cantado hasta no hace mucho tiempo. Pero también hay coplas recientes, compuestas en los últimos cincuenta años. Una de las más conocidas es la bulería que hacía el Turronero y que es aclamada en todas las grabaciones en directo que hay de ella. Dice así: «Caballo que se desboca / no lo monta un buen jinete, / como la mujer que es loca / no hay hombre que la sujete, / desgraciao del que le toca».

También compuso muchos fandangos de este corte el maestro Antonio el Chocolate, felizmente casado con Rosa Montoya, hermana del bailaor Farruco, y un hombre de exquisita sensibilidad. Pero, como ahora pasa con las audiencias de la televisión, los flamencos también tuvieron que darle a sus audiencias lo que querían. Hasta Valderrama cantó coplas misóginas. Sin embargo, el Chocolate tomó partido a su manera para denunciar esta situación. Y fue vitoreado en todas partes: «Que mi mare está llorando, / papá, deja la bebía, / que mi mare está llorando, / sácala de cuando en cuando / y alegra un poco su vía, / mira que la estás matando». «La cogí como un juguete / pa alegrá un poco mi vía, / la cogí como un juguete, / pasó los años y los días / y no le puedo decir “vete” / es ya como cosa mía».

La denuncia y el reconocimiento de sus propios abusos. Poco a poco, vamos avanzando. De hecho, el fandango más famoso del Chocolate es puro desamor: «No quitarme la botella / que me quiero emborrachá, / dejarme aquí la botella, / voy a beber de verdad / a ver si no pienso en ella / y la consigo olvidar».

Estudiar la lírica jonda permite conocer cada etapa de nuestra sociedad desde que existe el flamenco. Cuidado con la asociación. El flamenco no es misógino ni más machista que cualquier otro género. Se hace eco del sentir de la gente. Simplemente. Para acreditarlo, terminamos con lo que le pasó a José Mercé con su disco «Confí de fuá» hace apenas unos años. «¡Anda, Chari, anímate, chocho! / Ponte mirtos en el pelo, / el camisón más bonito / que tengas en el ropero, / pero confí de fuá», cantaba el jerezano. Y tuvo que salir a explicarse: «Las mujeres están pasando una época muy mala, y aunque a mí mi madre me daba sólo fuagrás, nosotros tenemos que darles a nuestras mujeres lo mejor, lo más exquisito, confit de foie. A ver si ya empezamos a darles cariño de verdad».