La soprano italiana Mariella Devia, fotografiada en el Teatro Real
La soprano italiana Mariella Devia, fotografiada en el Teatro Real - ISABEL PERMUY

El adiós de Mariella Devia, la gran señora italiana del bel canto

La soprano ofrece mañana en el Teatro Real un recital con el que se despide del público madrileño

MadridActualizado:

«Tengo setenta años. ¿Cómo me preguntas por qué me retiro? Si tuviera cincuenta, entendería la pregunta». Mariella Devia (Chiusavecchia, Italia, 1948) regaña a Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, cuando éste le cuestiona por su retirada. Lo hace dulcemente, con una mirada sonriente de la que no parece saber desprenderse, y con la que responde con un lacónico «no» cuando se le pregunta si le ha costado tomar la decisión de alejarse de los escenarios.

La soprano es una de las grandes damas italianas del bel canto, una cantante de una generación dorada que lleva la ópera en el ADN. Insuperable en el repertorio de autores como Bellini, Donizetti o Rossini, hace dos años brindó en el Teatro Real una inolvidable lección de refinación y musicalidad con su interpretación de «Norma». El domingo se subirá –¿por última vez?– al escenario del coliseo madrileño para ofrecer un concierto con la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real, bajo la batuta de José Miguel Pérez-Sierra.

En el programa, los últimos actos de dos óperas de Gaetano Donizetti que han sido capitales en su repertorio reciente –y cuyas protagonistas, curiosamente, mueren ambas decapitadas–. Son «Anna Bolena» y «Maria Stuarda», en las que le acompañarán Javier Franco, Alejandro del Cerro, Emmanuel Faraldo, Sandra Ferrández y Gerardo Bullón. «No es una retirada completa.Voy a seguir ofreciendo conciertos. Pero dejo las producciones operísticas, que me obligan a estar dos meses fuera, al ajetreo de los ensayos... Ya estoy cansada de todo eso».

Técnica

Poseedora de una impecable técnica que le ha permitido estar casi medio siglo sobre el escenario (debutó en 1973 con «Lucia di Lammermoor), Devia reconoce como su única maestra a Yolanda Magnoni, que le decía, recuerda:«Es mejor tener un solo profesor con varios defectos que cien con un solo defecto, porque seguro que los coges todos». Y añade su lema. «Hay que aprender a escuchar;yo he tenido suerte, porque me casé muy joven con un músico, y hemos trabajado mucho juntos».

Las óperas belcantistas han sido su caballo de batalla a lo largo de sus más de cuatro décadas en escena. En ellas se ha destacado siempre su exquisitez y su sabiduría artística. «Es la música la que marca siempre mi expresión y mi interpretación. En el bel canto está todo escrito, no te puedes escapar de la línea de canto para añadir expresiones por tu cuenta». Y reflexiona: «La elección del repertorio es fundamental en la carrera de un cantante. Evidentemente, entre “Lucia di Lammermoor” y “Roberto Devereux” hay diferencias;yo he evolucionado, pero siempre dentro de un ámbito belcantista». Claro que le hubiera gustado, reconoce, cantar todas las óperas de Verdi y, de hecho, le ofrecieron cantar «Otelo». «Pero soy consciente de mis medios vocales y de mis limitaciones;no sabía si podía ser fiel a Verdi y al público, así que lo rechacé».

Carrera

Más de cuatro décadas de carrera le han permitido cantar al lado «de los más grandes». Recuerda a Alfredo Kraus, a Luciano Pavarotti, a Plácido Domingo –«con quien canté “Idomeneo”, de Mozart, en Chicago»–, Lucia Valentini-Ferrani, Daniela Barcellona... Y, entre los más jóvenes, Juan Diego Flórez. La artista no cree que haya ahora mejores cantantes que antes, ni tampoco al revés. «Cuando un cantante tiene una buena técnica y elige un repertorio adecuado, no importa la época. Lo que sí han cambiado han sido los gustos;no solo los del público, sino los de los músicos. No sé si son ahora mejores o peores. Quizá mejores, porque actualmente en las orquestas, en los cantantes, hay técnicas más ajustadas, que permiten hacer cosas que antes no se podían hacer».

Mariella Devia ya no tendrá que someterse a los dictados de ningún director de escena, aunque, asegura, no ha tenido problemas con ninguno. «Los montajes modernos no me molestan, siempre que la relación entre los personajes funcione y la ambientación sea abstracta».