El público sigue uno de los conciertos en el exterior del Auditorio Nacional
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El Auditorio Nacional, definitivamente conquistado tras la invasión de los rusos y su música

Josep Pons dirigió un maratón de más de doce horas de música con cinco orquestas diferentes

Alberto González Lapuente
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Una nueva edición de «Solo música» llegó ayer al Auditorio Nacional bajo un lema inquietante: «¡Qué vienen los rusos!». Chaikovski, Stravinski, Rimski-Kórsakov, Prokofiev, Shostakovich y Borodin aterrizaron al igual que esas rusas/rusos que aparecen en el cartel diseñado para la ocasión por Iván Solbes, con trenzas y bigotes amarrados al paracaídas de las cinco principales orquestas madrileñas: Sinfónica, Comunidad de Madrid, Radiotelevisión Española, Nacional de España y Joven Orquesta Nacional de España. Al frente de la operación, el director Josep Pons. Y en la inteligencia el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).

Con una cadencia de dos años, «Sólo música» ha alcanzado su quinta edición concentrando en un día cinco conciertos sinfónicos, otros tantas sesiones de «jazz vermut» con improvisaciones jazzísticas sobre extractos musicales de ballets rusos, y proyecciones en la calle de lo visto en el interior de auditorio. El proyecto mide ahora sus fuerzas con una programación más concentrada que en anteriores ocasiones, aunque mantenga inalterable su ambición popular. Según avanzó la jornada, el aforo del auditorio se completó poco a poco logrando el lleno absoluto con la ONE. Y en el tramo final, el castillo de fuegos artificiales ante el auditorio al ritmo de la famosa música que para una ocasión equivalente escribió Haendel.

Todavía el ambiente era frío y un punto desangelado en el primer concierto de la Sinfónica de Madrid por la mañana. Desleída quedó la tragedia de «Romeo y Julieta», primero en la obertura de Chaikovski y luego en la selección del ballet de Prokofiev. Abundó el ruido y la falta de precisión en un programa que dejó claro el papel protagonista que los metales iban a tener durante todo el día, así como la dureza en el sonido. La Sinfónica es, hoy por hoy, una de las orquestas más potentes de la capital pero son necesarias otras circunstancias para demostrarlo. Su entrega artística la situó, no obstante, por encima del propio maestro.

Cóctel farragoso

La Orquesta de la Comunidad de Madrid tiene un perfil distinto, con una configuración interna que es más frágil. Que también volviera a doblegar al maestro significa que la segunda suite de jazz de Shostakovich se convirtió en un cóctel farragoso, que en las danzas polovtsianas la propia orquesta marcó el devenir tendiendo a la carrera y que quedó muy expuesta con la interpretación de «Scheherezade», obra que depende en gran medida de la actuación de los solistas. La narración de la astuta hechicera fue torpe; algo mejoró la que luego tuvo lugar ante ese cuento mágico que es «El pájaro de fuego», narrado en el siguiente concierto por la Sinfónica RTVE.

En anteriores ediciones de «Solo música» la Sinfónica RTVE se creció sobre al resto de colegas. Al acecho de los rusos marcaron este año otra referencia en ese doble juego Chaikovski / Stravisnki que daba forma varios programas y ante el que Pons no fue imparcial pues demostró ser más afín a las contundencias rítmicas del segundo que a los efluvios narrativos, viscerales y coloristas del primero. Hubo redondez en la orquesta, hubo otra plenitud en el sonido en el concierto de la Orquesta Nacional de España que desleída y desajustada en la suite de «El cascanueces», consiguió una primera gran aclamación con las escenas de la marioneta «Petrushka».

Pero si algo quedará para el recuerdo es la actuación de la Joven Orquesta Nacional de España cuyo entusiasmo y potencial es abrumador. Con ellos y Pons llegó el mejor Chaikovski en la suite de «La bella durmiente» y una «Consagración de la primavera» rotunda y espectacular. Fue este uno de los ballets que, como explica Stefano Russomanno en los comentarios a estos conciertos, puso en su día patas arriba el mundo musical. También en «Solo música» ha sido un estupendo remate para una jornada definitivamente rendida a los rusos y su música.