Chano Domínguez publicó su primer disco en solitario en 1993
Chano Domínguez publicó su primer disco en solitario en 1993 - ABC

Chano Domínguez: «Hace 20 años muchos músicos de jazz no tenían ni idea de flamenco»

El gran pianista gaditano, a cuya puerta llamaron figuras como Paco de Lucía, Wynton Marsalis, Enrique Morente o Tete Montoliú, actúa este sábado junto a Javier Colina en los Teatros del Canal de Madrid

MADRID Actualizado: Guardar
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La última vez que ABC entrevistó a Chano Domínguez, en abril de 2015, la llamada cogió al pianista recién aterrizado del Rajastán, a donde había ido para ofrecer dos conciertos especiales junto a maestros de instrumentos como el sarangui, el dholak o el kartal. Fue precisamente allí —lo desconocíamos entonces—, el lugar en el que se produjo el inesperado reencuentro con Javier Colina. Llevaban 15 años sin subirse juntos a un escenario. «Allí estábamos nosotros dos tocando otra vez, rodeados de músicos indios y flamencos. Fue maravilloso. En ese instante, de una forma muy natural, nos dimos cuenta de que teníamos que volver a juntarnos», recuerda Domínguez, que este sábado actúa de nuevo, en los Teatros del Canal de Madrid, con el contrabajista pamplonés.

El contrabajista Javier Colina publicó «En la imaginación» (2011), junto a Silvia Pérez Cruz
El contrabajista Javier Colina publicó «En la imaginación» (2011), junto a Silvia Pérez Cruz - ABC

El maestro gaditano, a cuya puerta han llamado figuras como Paco de Lucía, Wynton Marsalis, Enrique Morente, Tino di Geraldo, Tomatito o Paquito D’Rivera, conoció a Javier Colina a mediados de los 80, en la Muestra de Jazz para Jóvenes Intérpretes de Mallorca. Aunque el pianista ya había grabado tres discos con Cai, uno de los grupos pioneros del rock andaluz, y comenzado su deriva hacia el jazz con Hixcadix, ambos eran aún veinteañeros con ganas de comerse el mundo. El padre del aquel joven Chano inquieto y creativo, que toda la vida había pinchado en el tocadiscos de casa a Antonio Mairena, Pepe Marchena o El Tío Borrico, aún esperaba que su hijo encontrara «un trabajo de verdad, un empleo fijo de 8 a 15 horas». Pero ganó aquel certamen y todo cambió. «Salir en el Telediario de TVE hizo que mis padres tomaran consciencia de que yo iba en serio. A partir de ahí, su apoyo fue incondicional», reconoce.

La relación de amistad que surgió en Mallorca pronto se extendió a lo musical. Ambos dieron sus primeros conciertos en Madrid en una formación llamada Neobop. «De allí salió el trío que formamos, en 1992, con el batería Guillermo McGill, con el que desarrollamos y establecimos una forma de tocar que, con el tiempo, ha influenciado a muchísimos músicos de España», asegura el pianista gaditano, nominado en 2001 al Grammy Latino por la banda sonora de «Calle 54». «No me gusta dar nombres», responde prudente, antes de reivindicar su papel en la renovación del flamenco del último cuarto de siglo: «Está muy claro, cualquier oyente puede comprobarlo. Hace 20 años a los músicos de jazz no les gustaba ni tenían ni idea de flamenco y ahora muchos de ellos están trabajando con esas claves. Es muy evidente quién se ha subido al carro de lo que iniciamos no solamente McGuill, Colina y yo en los 90, antes fueron Jorge Pardo y Carlos Benavent colaborando con Paco de Lucía, principales bastiones de este nuevo estilo, o Pedro Iturralde en los años 60».

Chano Domínguez publicó su primer trabajo en solitario, «Chano» (Nuba Records), en 1993. «Con ese disco, mis padres descubrieron, para su sorpresa, toda esta música que yo estaba haciendo con el piano a partir del flamenco y se convirtieron en grandes seguidores míos», cuenta el pianista gaditano. Allí estaban ya Javier Colina y Guillermo McGuill, dando forma a ese nuevo lenguaje lleno de tanguillos, fandangos y soleás en clave jazzística, así como coplas y temas de blues ejecutados perfectamente al compás de las bulerías. «Estaba convencido de que me iban a crucificar de los dos mundos —confiesa—, pero cuál fue mi sorpresa cuando me llamaron tanto maestros del jazz como del flamenco animándome a seguir adelante, porque había abierto un camino nuevo a la hora de interpretar estas músicas, me decían. Recuerdo perfectamente la llamada del mismísimo Tete Montoliú, diciéndome: “Eres un músico de jazz, pero lo tocas de otra manera. Tu voz es diferente”. O de Caballero Bonald [poeta, escritor y flamencólogo]. Todo eso me animó bastante a seguir por este camino».

El pianista cogió el testigo de Paco de Lucía —«quizá el artista que más me influenciado en mi vida»— para seguir demostrando que flamenco no es solo cosa de guitarra, cante y palmas. Tanto le apasionaba al autor de «Entre dos aguas» la forma de tocar de Chano, que le dio su bendición para publicar el disco que grabó junto a Jorge Pardo y, de nuevo, Javier Colina, « 10 de Paco» (1994), donde revisaban la obra del guitarrista de Algeciras: «Fuimos a llevarle la maqueta para que nos diera su aprobación. Recuerdo estar en su casa escuchando los temas con él y, al terminar, felicitarme y decirme que le gustaba mucho el trabajo que habíamos hecho con su música. Un premio grandísimo», recuerda.

De Morente a Thelonious Monk

En el universo que Chano Domínguez fue dibujando junto a Colina durante la siguiente década cabían, sostiene el pianista, tanto pianistas de jazz como Bill Evans, Thelonious Monk, Chick Corea, Tommy Flanagan, Bud Powell, Horace Silver o Herbie Hancock, como cantaores y guitarristas flamencos de la talla de Enrique Morente, Sabicas, Gerardo Núñez, Vicente Amigo o Juan Manuel Cañizares.

Con el limón exprimido, decidieron que era el momento de coger caminos diferentes: «Queríamos desarrollar ese mismo lenguaje que habíamos creado con otras formaciones». Colina comenzó a ser requerido por artistas de muy diferente pelaje, tales como Compay Segundo, Juan Perro, Luis Eduardo Aute, Martirio, Hank Jones, Barry Harris, George Benson, Dizzy Gillespie, Miguel Bosé o Tomatito, hasta llegar al disco que grabó el año pasado junto a Silvia Pérez Cruz.

Y mientras, Domínguez grababa discos en solitario o se recorría el mundo tocando con Enrique Morente, Paco de Lucía, Paquito D’Rivera o el trompetista Wynton Marsalis: «Él siempre me dice que lo que le gusta de mí es que soy un músico diferente que aporta al jazz algo que no se había aportado antes, con la manera en la que entiendo y mezclo los dos mundos. Para él es algo muy novedoso. Por eso me aprecia tanto».