Javier Perianes
Javier Perianes

Crítica del arranque de la temporada de la OCNE: La buena estrella

Javier Perianes muestra cómo el cuidado del sonido se ha convertido en una forma de identificación sustancial

MADRID Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

La presencia de Javier Perianes se ha hecho habitual en las salas de concierto nacionales e internacionales. La carrera está plenamente consolidada y el reconocimiento es absoluto por lo que nadie dudará de su condición de pianista de referencia entre los españoles. Llegar significa saber gestionar la carrera (Perianes ha sabido siempre distinguir entre lo conveniente y lo desaconsejable) pero, ante todo, demostrar que la calidad musical está por encima de la cortesía.

Muchas cosas se han hecho bien a lo largo de un tiempo ya largo pero enjundioso. Reaparece ahora aquella actuación, dieciocho años hará, en el Monumental de Madrid con la Orquesta de RTVE en la que Perianes interpretaba el concierto de Schumann con motivo de las becas otorgadas por Juventudes Musicales de España. Tiene gracia leer aquella crítica en la que se señalaba que «predominó la intención expresiva antes que el alarde virtuosístico» y que «Javier Perianes, optó por una serena interpretación, más poética que apasionada y especialmente preocupada por cuidar el sonido.»

Hoy, Perianes sigue saliendo al escenario resuelto, siempre con esa punta de nervio que le hace correr entre los músicos de la orquesta, sonreír, saludar y sentarse ante el piano casi en un solo suspiro. Y sigue tocando el concierto de Schumann, obra con la que se ha presentado en el primer programa de temporada de la Orquesta y Coro Nacionales de España celebrado este fin de semana.

Lo interesante es observar que prevalece una misma forma de entender la partitura. Sin duda, porque la base musical fue formidable gracias a su profesora en Madrid, Ana Guijarro, sentada el viernes entre el público y analizando «sotto voce» lo que sucedía en el escenario. Los grandes maestros aciertan a incentivar la personalidad del intérprete. Por eso, aquel Perianes era una realidad que ha crecido convirtiendo los viejos propósitos en una realidad inalienable.

El cuidado del sonido es ahora una forma de identificación antes que una intención, transformado en algo más corpulento, redondo, sustancial. La seguridad técnica, que siempre fue el medio para convertir la obra en una suerte de encanto, se manifiesta con una facilidad extraordinaria. Siempre existió en Perianes la voluntad de hacer música poética pero ahora con un rigor rítmico más afirmado, mayor intensidad en el arco melódico y un desarrollo formal enormemente coherente.

La música se explica con personalidad, arrastrándola a un terreno de cierta intimidad, despreciando todo aquello que signifique alardear ante el teclado. Así es como el primer movimiento del concierto de Schumann alcanzó un grado de persuasión formidable. Quienes escucharan con la voluntad de dejarme llevar por la sinceridad de la propuesta lo deberían entender así.

David Afkham
David Afkham

Pero aún hay una cuestión interesante: la eficacia del gesto. Aquí Perianes compartió el propósito con el director David Afkham a quien nunca se le había visto crecerse en el podio de manera tan evidente. Dirigiendo sin batuta (apenas la usó en algún movimiento de la quinta de Mahler, en la segunda parte del concierto), Afkham expandía el gesto en una suerte de abrazo cuya consecuencia inmediata fue un acompañamiento ejemplar, insinuante, un punto jadeante (dramático) a veces, y siempre vehemente. Lo entendió la Orquesta Nacional que comenzó con ganas antes de aflojar en el segundo movimiento con los violonchelos poco afinados y no siempre clara la proporción de los distintos planos. En el tercero todo creció poco a poco, hasta cerrar de forma brillante.

Afkham es capaz de sacar mucho de la Orquesta Nacional. La quinta de Mahler lo demostró prevaleciendo la solidez de la idea general y la claridad del discurso. El entusiasmo de Afkham y su implicación personal alcanzó lo épico aunque no siempre tuvo una respuesta proporcionada en la orquesta con muchos atriles incapaces de separar la espalda del respaldo de la silla, a pesar de la intensidad musical y de la sólida iniciativa.

El gesto también es aquí importante pues de él nace la impresión visual del sonido, la soltura en la emisión, la flexibilidad y, a la postre, la entrega, necesaria para mantener la calidad sin aminorar por mucho que la versión sea tan viva. El comienzo de temporada ha sido importante. Por delante quedan conciertos plagados de directores y solistas de renombre. Perianes, Afkham, la propia ONE están en la liga.