Cuando la URSS vetó a Julio Iglesias por «neofascista»

El cantante español aparece en una lista de artistas «no recomendables» para la radio y los locales soviéticos, elaborada en 1985

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En 2006, Alexei Yurchak, un profesor asociado de la facultad de Antropología de la Universidad de Berkeley y experto en cultura popular e ideologías, publicó un libro titulado «Everything was forever, until it was no more» («Todo era para siempre, hasta que dejó de serlo») que ofrecía una interesante visión sobre el desmoronamiento de la Unión Soviética. Pero en sus páginas, los melómanos se encontraron con un nombre de lo más insólito: Julio Iglesias.

El cantante español aparece en una lista elaborada en 1985, que enumera los artistas que la URSS consideraba «no recomendables» para sonar en la radio estatal. ¿El motivo? Era un cantante «neofascista».

El documento, elaborado por el Comité Regional del Komsomol (la organización juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética) de Ucrania siguiendo consejos de las autoridades del Kremlin y el KGB, recoge «nombres de artistas cuyos repertorio contienen composiciones ideológicamente dañinas», y debía tomarse como referencia «con el propósito de intensificar el control sobre las actividades en las discotecas».

Tampoco podían sonar los Sex Pistols por ser «violentos», Tina Turner por hablar de sexo, Canned Heat por ser «homosexuales», o Pink Floyd por hablar de la política internacional de la URSS.

La paranoia soviética llegó a límites insospechados en su censura artística: también se consideraba «violentos» a los Village People, a B-52, a Madness, UFO, Depeche Mode, Stooges, Blondie, Scorpions, KISS, Iron Maiden y Alice Cooper.

El saco de los «neofascistas» también incluía a AC/DC, y para ellos había rock-stars que practicaban el «oscurantismo religioso», como Black Sabbath. o el «racismo y el anticomunismo», como Judas Priest. Pero las mejor acusaciones quizá sean la que se refieren a las bandas que son un peligro expreso para la ideología soviética. Por ejemplo, los Talking Heads fueron incluidos en la lista porque «mantienen el mito del peligro militar soviético», los hard-rockeros Van Halen hacían «propaganda antisoviética» y a Pink Floyd se les acusaba de «distorsionar la política exterior de la Unión Soviética, especialmente en Afganistán».

El documento original
El documento original

La lista también incluía a los Clash y a los Stranglers, acusados de «punks», igual que los Ramones o Yazoo. De Krokus, una banda suiza de hard rock y heavy metal formada en 1974, decían que cultivaban la «violencia y el culto a la personalidad fuerte», y de Gengis Khan, banda de pop alemana creada en 1979, que eran «anticomunistas y nacionalistas». Hasta Donna Summer fue vetada, por mostrarse «erótica». Un delirio que sería de lo más hilarante si no hubiera condicionado a tantos millones de jóvenes antes de la caída de la URSS.