La muerte de Mama Cass y la maldición del apartamento de Harry Nilsson

Se cumplen 45 años del inesperado fallecimiento de la cantante de The Mamas & The Papas

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En 1965, Ellen Naomi Cohen caminaba tranquilamente por la calle estando de viaje en las Islas Vírgenes, cuando sintió un golpe en la cabeza. De pronto, se dio cuenta de que el impacto había causado un efecto inesperado: cantaba mejor. «Es cierto, me golpeé en la cabeza con una tubería que cayó y mi rango vocal incrementó en tres notas», confirmó la cantante tiempo después en la revista Rolling Stone. «Estaban remodelando un club en las Islas Vírgenes, modernizándolo, poniendo una nueva pista de baile. Los obreros lanzaron una tubería de metal fino que me golpeó la cabeza y me tiró al suelo. Sufrí una contusión y fui al hospital. Tuve un horrible dolor de cabeza durante dos semanas y de repente cantaba en un tono más alto. Es cierto. Lo juro por Dios».

Además de improbable, la historia es falsa casi con toda seguridad. Lo más seguro es que fuese una pequeña broma de Mama Cass (adoptó ese nombre artístico en homenaje a la actriz Peggy Cass) cargada de ironía: los miembros de los futuros Mamas & The Papas habían estado varios meses rechazando formar un grupo con ella por su obesidad, hasta que de pronto, en 1965, decidieron aceptarla. Ella debió tomarse este giro con humor y se inventó la leyenda urbana del golpe en la cabeza.

El caso es que su voz se convirtió en una seña de identidad absoluta de la banda, y mucho más que eso. Fue una de las más emblemáticas de la década de los sesenta, y se podría decir que de la historia del pop. Fue una superestrella, pero por desgracia no de las que se apagan lentamente.

En 1968, The Mamas & The Papas se separaron de forma agria. Mama Cass se había enamorado de uno de los Papas, Denny Doherty, pero éste estaba prendado de la otra Mama, Michelle Philips, a pesar de que estaba casada con el otro Papa, John Philips. El peligroso triángulo amoroso terminó con una de las formaciones de mayor esplendor vocal de todos los tiempos, y Mama Cass emprendió una carrera en solitario que arrancó de forma estupenda con el éxito de «Dream a little dream of me», pero que apenas duró un lustro por culpa de los excesos.

Al alcoholismo en el que estaba sumergida desde los tiempos de Mamas & The Papas, ahora se había unido su coqueteo con la heroína. Además, seguía engordando de forma alarmante. Pero el viento parecía soplar a su favor en lo artístico: tuvo varios éxitos de ventas, y sus giras estaban rodeadas de una gran expectación. En julio de 1974 se fue a Inglaterra para ofrecer dos semanas de conciertos en el emblemático London Palladium, y agotó todas las entradas. Pero la última noche, la del 28 al 29 de julio, la muerte se la llevó con solo 32 años.

El legendario Harry Nilsson le había dejado su apartamento en el barrio londinense de Mayfair, para que se alojara allí durante aquellas dos semanas. Esa noche, Mama llamó por teléfono a su antigua compañera, Michelle Phillips (con la que ya se había reconciliado), para contarle lo bien que le iban las cosas al otro lado del océano. Y esa fue la última vez que alguien la escuchó con vida. Al día siguiente, fue encontrada muerta en la cama del piso de Nilsson y se desataron las especulaciones, a pesar de que el médico forense lo vio claro desde el principio. Mama había muerto por un ataque al corazón causado por su obesidad, pero el hallazgo de un dichoso trozo de sandwich a medio comer en la mesita de noche dio rienda suelta a la imaginación de periodistas malintencionados, que insinuaron que se había atragantado mientras lo devoraba compulsivamente.

Su fallecimiento fue uno de los muchos dramas que convirtieron la resaca del sueño hippie en una pesadilla. Miles de fans lloraron su muerte por todo el mundo, y su amigo Harry Nilsson quedó bastante tocado. De hecho, llegó a pensar que su apartamento de Londres había tenido la culpa. Cuatro años después, el guitarrista de The Who, Pete Townshend, lo llamó por teléfono para pedirle que se lo alquilara. No para él, sino para su amigo Keith Moon, el baterista del grupo. Quería alejarlo de la mala vida que llevaba en Los Angeles, desenganchándole de su adicción a las drogas en un lugar tranquilo de Londres. Pero Nilsson le dijo que no era una buena idea: «No metas allí a Keith. Ese lugar está maldito». Townshend, sin embargo, se tomó sus supersticiones a broma e insistió hasta que el cantante cedió y le alquiló el apartamento. Contrató a un guardaespaldas para que impiese a Moon ir a buscar droga, e incluso pidió a Bill Wyman, el bajista de los Rolling Stones, que lo vigilara de vez en cuando ya que tenía una casa cerca de allí. Pero unos días después Keith Moon se tomó veinte pastillas de Heminevrin, y murió en la misma cama donde falleció Mama Cass, con la misma edad, 32 años.