Claudia Huckle (Flosshilde), Isabella Gaudí (Woglinde), Maria Miró (Wellgunde), en una escena de «El oro del Rin»
Claudia Huckle (Flosshilde), Isabella Gaudí (Woglinde), Maria Miró (Wellgunde), en una escena de «El oro del Rin» - Javier del Real

«La obra de arte más grande jamás concebida y realizada por un ser humano»

El Teatro Real estrena «El oro del Rin», primera parte de la Tetralogía de Wagner, que presentará a lo largo de esta y las próximas tres temporadas

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

«El Anillo del Nibelungo», la célebre tetralogía de Richard Wagner, es una piedra de toque para cualquier teatro de ópera; una obra monumental de dimensiones excepcionales. Un acontecimiento. Como tal afronta el Teatro Real su puesta en escena, que se llevará a cabo a lo largo de cuatro temporadas, a razón de un título en cada curso: «El oro del Rin» (2018/19), «La Valquiria» (2019/20), «Siegfried» (2020/21) y «El ocaso de los dioses» (2021/22).

Pablo Heras-Casado, director principal invitado del coliseo madrileño, será el encargado de llevar la batuta en una producción estrenada en Colonia en el año 2000 y que lleva la firma de Robert Carsen y Patrick Kinmonth. Ambos la concibieron; el primero es su director de escena y el segundo su escenógrafo y figurinista.

«El oro del Rin» abrirá el jueves 17 el ciclo. De esta ópera se ofrecerán siete funciones hasta el 1 de febrero con un reparto que conforman Greer Grimsley (Wotan), Samuel Youn (Alberich), Ain Anger (Fasolt), Alexander Tsymbalyuk (Fafner), Raimund Nolte (Donner), David Butt Philip (Froh), Joseph Kaiser (Loge), Mikeldi Atxalandabaso (Mime), Sarah Connolly (Fricka), Sophie Bevan (Freia), Ronnita Miller (Erda), Isabella Gaudí (Woglinde), Maria Miró (Wellgunde) y Claudia Huckle (Flosshilde). En el foso estará la Orquesta Titular del Teatro Real, ampliada hasta los 117 músicos que exige la partitura.

«El Anillo del Nibelungo» es el gran proyecto de su autor, Richard Wagner, que escribió el libreto y compuso la partitura, una labor para la que empleó más de veinticinco años. Se estrenó completa el 13 y 14 de agosto de 1876 en el nuevo teatro que Wagner mandó construir en Bayreuth, localidad de la Baviera germana en la que residía, expresamente para que se interpretaran en él sus óperas.

Heras-Casado asegura que la Tetralogía es «la obra de arte más grande jamás concebida y realizada por un ser humano», y añade que «El oro del Rin» es «una declaración de intenciones de todo el material musical y dramático; todos los leit motiv de las cuatro óperas están aquí, y para interpretarla hay que tener una visión global de todo el “Anillo”».

Añade el director granadino que hasta el momento en que Wagner compuso estas obras «no había nada parecido desde el punto de vista orquestal; él creó instrumentos como las trompas wagnerianas. Lo más importante en esta obra es el discurso dramático, y es la orquesta la que lo conduce; es desde el foso desde donde emana toda la energía».

Hace veinte años Pablo Heras-Casado tuvo la oportunidad de ver por vez primera la Tetralogía en Bayreuth. El mismo tiempo hace que la Ópera de Colonia le encargó a Robert Carsen una nueva producción del monumento wagneriano. Y en los Campos Elíseos de París, paseando en un taxi, el director canadiense le propuso al británico Patrick Kinmonth que colaborara con él en la creación del nuevo montaje.

Aquella producción, de la que Heras-Casado dice que es, probablemente, «la mejor que existe», es la que llega ahora al Teatro Real -ya se pudo ver en el Liceo barcelonés hace unos años, en la época en que Joan Matabosch era su director artístico-. «Robert Carsen construye la dramaturgia de su puesta en escena de la Ópera de Colonia sobre esta premisa que se encuentra en la esencia misma del discurso wagneriano: la avaricia del poder causa la destrucción de la naturaleza».

Éste es, efectivamente, el eje sobre el que Carsen hace girar su puesta en escena. Habla el director canadiense de Wagner como «un visionario. «Fue premonitorio de la situación. Vio como el abuso de poder, la codicia humana, llevaba a la destrucción de la naturaleza y, consecuentemente, a la destrucción del amor, del respeto entre los hombres, y de nosotros mismos. Y lanzó una advertencia: ¿qué está haciendo la codicia humana con el planeta

Y éste es el punto de partida de su propuesta, que Carsen sitúa en una era postatómica, con el Rin como un río contaminado. «Es una sátira teatral. Es muy conversacional y tiene personajes muy ricos y llenos de matices, en los que están reflejados todas las esferas sociales».

La puesta en escena, añade Kinmonth, huye de convertir a la escenografía en el centro de la escena. «No queríamos un montaje que girara en torno a los decorados. Carsen quería contar a una familia disfuncional y que la escenografía no se comiera el montaje. Éste representa visualmente la música, los bloques explican los leit motiv».