David Afkham, durante un concierto
David Afkham, durante un concierto - OCNE
CRÍTICA DE MÚSICA CLÁSICA

Orquesta Nacional de España: algo emocionante

David Afkham dirige el estreno de «Avant la fin... vers où? (Antes del fin... ¿hacia dónde?)», de Héctor Parra, y «El castillo de Barbazul», de Bártok

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Alguna responsabilidad tendrán las organizaciones musicales ante la pusilámine respuesta del público en ciclos y temporadas que tradicionalmente tenían el éxito garantizado. Le sucede a la Orquesta y Coro Nacionales de España a cuyos conciertos acuden los espectadores de manera muy irregular con independencia de la calidad de la propuesta. Existe un problema de comunicación a la hora de transmitir a los espectadores la particularidad de las propuestas. Por ejemplo, el concierto del último fin de semana. Un espectáculo formidable en el que se reunía el estreno de una muy importante obra de Héctor Parra y la interpretación de «El castillo de Barbazul».

Nada parece vincular ambas obras a pesar de que un espíritu inquietante dominó la sesión del sábado. «Avant la fin... vers où? (Antes del fin... ¿hacia dónde?)», encargada por la OCNE, supera la media hora configurando un espacio fuertemente emotivo. La densidad y el mordente de una sonoridad de rasgos muy personales e impecablemente trabada sirven de sostén a una obra cuyo desarrollo dibuja una dramaturgia perturbadora. Mil gestos de enorme eficacia dan fortaleza a una singularidad que se enquista en lo íntimo y sorprende por lo telúrico. Los largos y angustiosos periodos de pulso regular y la jadeante presencia de suspirantes agregados, el dramático inciso propuesto por los timbales, un lejano sentido tristanesco bajo el protagonismo melódico del fagot, la acumulación del gesto, incluso la apabullante complejidad de la sintaxis señalan que hay mucho de minucioso en una obra que reinventa una arrebatadora expresividad.

Fue una tarde de sólida calidad musical, en la que Orquesta Nacional y David Afkham se empeñaron a fondo bajo la sugerente escenificación de una iluminación diseñada para la ocasión. La semiescenificación hizo mucho por la obra de Parra y de manera explícita por la de Bartók, con culminación en el resplandor ante las riquezas del castillo. Aunque Afkham dirigía la obra por primera vez, demostró una comprensión profunda. Gesto y pensamiento en aras de un mensaje que el bajo Bálint Szabó dibujó calladamente y la mezzo Elena Zhidkova caracterizó poéticamente. La réplica de Barbazul, «y ahora no queda más que la noche», acabó por ser reveladora.