Primal Scream
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Primal Scream, cuando anclarse en el pasado resulta lo más moderno

El grupo, que toca en el Primavera Sound, publicaba la semana pasada «Maximum Rock’ N ‘Roll: The Singles» con las canciones que mejor les han funcionado

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A veces, estar anclado en el pasado es lo más moderno que hay. Es lo que le ocurre a la gente de Primal Scream, nostálgicos de los viejos tiempos del single que ahora, en plena era de las canciones sueltas, reivindican aquellos «hits» que mejor les han funcionado por sí solos a lo largo de toda su carrera en una recopilación ostentosamente titulada «Maximum Rock’ N ‘Roll: The Singles».

«Creo que escucharlos atentamente de uno en uno puede dar una idea general muy acertada de quiénes somos», comenta su cantante Bobby Gillespie, al teléfono desde Glasgow a escasos días de su actuación en el Primavera Sound. «Desde nuestro debut en 1985, “All Fall Down”, hemos abordado los singles como una opción estética, una declaración de dónde estamos como banda», dice. «Crecimos escuchando “Suffragette City” y “Metal Guru” en la radio. Los cuatro singles de los Sex Pistols eran geniales. Public Image de PiL tenía un sonido único. Prince y Madonna hicieron “hits” increíbles. Esta ha sido la línea que hemos escogido».

Sería discutible afirmar que la cultura anglosajona ha sido siempre más receptiva que la española al concepto single, pero lo que es incontestable es que lo ha respetado y cuidado con más mimo. Prueba de ello es que, al contrario que cualquier rockero ibérico, Gillespie afirma que siempre ha amado el equivalente británico a los 40 Principales. «Siempre me ha encantado la radio pop Top 40. Me encantan los grandes éxitos como “Meaty, Beaty, Big & Bouncy” de The Who. Recuerdo que Alan McGee dijo de “Higher Than The Sun” que no sería un éxito, pero que sería una revelación. Los grandes singles pueden mostrar a la gente una forma de pensar distinta. Te hacen sentir menos solo en el mundo».

Su forma de sentir esa compañía fiel, sin embargo, dista mucho de la que impera ahora mismo en la juventud que hace rodar la rueda de la industria discográfica. «Yo sigo yendo mucho a las tiendas de discos. En las de Portobello Road puedo pasar días enteros buscando en las cubetas. Sigo siendo un yonqui de vinilo», reconoce Gillespie.