Scorpions, el viernes durante su actuación en Madrid
Scorpions, el viernes durante su actuación en Madrid - ISABEL PERMUY
Festival Download Madrid

Scorpions o cómo fundir el metal

La banda alemana dio una clase magistral de rock en una noche de calor extremo en el Festival Download, que se celebra en La Caja Mágica de Madrid

MadridActualizado:

Los valientes que ayer se atrevieron a entrar los primeros en el Download Festival, en un recinto al aire libre asediado por una de las peores olas de calor que se recuerdan en Madrid, respondían con chulería castiza a la pregunta de si lo habían pasado muy mal: «No ha sido pa’ tanto». Castizos o mejor dicho heavies de pro, porque ayer en La Caja Mágica se congregaron metaleros llegados desde toda España.

Con una acertada combinación de subestilos, Download Madrid 2019 ha enhebrado un cartel que, a pesar de no ser tan contundente como otras veces, sí será capaz de reunir a más de veinte mil personas por día, algo menos que el año pasado, lo cual en realidad se agradece mucho. Especialmente con unas temperaturas como las de ayer, que forzaron a la organización a adelantar la apertura de puertas y así evitar aglomeraciones y por tanto, insolaciones en las colas. Al entrar al recinto, sin embargo, hubo algo que dejó desolados a muchos metaleros y metaleras: el césped artificial de otros años, tan cómodo para descansar en los conciertos que menos interesan, había sido retirado.

Pasadas las ocho de la tarde ya habían tocado en el festival Hyrania, Le Tems Du Loup, Comeback Kid, Vita Imana, Lily y Cannibal Grandpa, un sexteto de héroes dadas las circunstancias térmicas y, por tanto, de escasa audiencia. A esas horas debía fundirse hasta el metal más heavy.

La primera multitud se reunió para contemplar -sin mucho más movimiento- el black metal «light» de Children of Bodom, unos finlandeses supuestamente demoníacos a los que resultaba bastante raro tocar bajo el cielo azul. Les siguieron Papa Roach, cuyo noventerismo tardío lleno de ritmos saltables empezó a poner por fin en marcha a la parroquia, con homenaje a The Prodigy incluido con una muy buena versión de «Firestarter», que destapó el «guilty pleasure» de los miles de heavies que la celebraron. Ya cayendo la noche, los virtuosos Sabaton dieron una de esas lecciones de metal demoledor y a la par elegante, dando paso a una leyenda con mayúsculas, Scorpions.

Los rockeros teutones llegaron con el convencimiento de que debían ser ellos quienes hiciesen de la primera jornada algo inolvidable. Y lo consiguieron. Para los cientos -como mucho un par de miles- de personas que se recogieron a beber u otros menesteres debía ser un concierto muy viejuno, pero para el resto fue otra clase magistral de Klaus Meine y compañía, que aparecieron sobre el escenario con la bandera de España en las pantallas gigantes. La fiabilidad alemana funcionó a la perfección en todos los sentidos: repertorio, actitud y sonido. Y es que si algo es realmente incontestable con Scorpions es eso: la increíble calidad sonora de sus actuaciones. Eso, sumado a himnos como el eterno «Wind of Change», que por supuesto sonó para deleite de todos sus incondicionales, no puede tener otro resultado que un concierto de matrícula de honor.