entrevista a manuel borja-villel

«Nuestro objetivo es Latinoamérica»

El director del Museo Reina Sofía anuncia que un importante legado de artistas iberoamericanos se incorporará a la colección en 2013

FERNANDO BELZUNCE
MADRID Actualizado:

No sabe conducir ni nadar y confiesa una cierta torpeza en el uso de todo tipo de aparatos, pero Manuel Borja-Villel (Burriana, Castellón, 1957) maneja a la perfección los complejos engranajes del arte moderno. En sus cuatro años al frente del Reina Sofía, ha cambiado de arriba a abajo el segundo gran museo español. Procedente del Macba de Barcelona, primero lo reorganizó, después reordenó su colección permanente y más tarde agitó las exposiciones temporales. También impulsó el área de conocimiento e investigación y ha iniciado, gracias a la ley propia del centro, su modernización. Ahora se propone dar el empujón definitivo a un coloso al que quiere poner con la proa hacia el Atlántico hasta situarlo como eje central de una gran red cultural iberoamericana.

Un ambicioso proyecto que supondrá en 2013, como anuncia en esta entrevista, la llegada de un importante legado procedente de la Fundación Cisneros, dueña de la mayor colección del mundo en arte moderno latinoamericano. Borja-Villel, que no puede disimular su entusiasmo, aún está cerrando las negociaciones. Unos informes sobre la mesa de su despacho muestran anotaciones y marcas. “Esta pieza de Gego es magnífica, fíjate, y mira esta otra”, comparte. Las obras, que presentarán a la institución como el gran centro de arte moderno en español, se entregarán en comodato y se exhibirán en una gran sala en la cuarta planta del antiguo hospital madrileño. Dos pisos por encima del ‘Guernica’, el cuadro de Picasso anhelado por el Prado y reclamado esta semana por el PNV en el parlamento para su traslado a Gernika. El director lo defiende a uñas y dientes: “Su importancia es capital para el Reina Sofía. Es la piedra angular del museo”.

-¿Puede permitirse el Reina Sofía prescindir del ‘Guernica’?

-No. Este museo está hecho y estructurado alrededor del ‘Guernica’. Es la piedra angular. Su desaparición de esta zona sería que desaparecieran las vanguardias históricas, ese momento extraordinario en la historia de este país, que es la generación del 27. Miró, Dalí, Buñuel, Lorca, Picasso… Es un legado que necesita una ordenación.

-¿Puede adelantar datos del robot que escanea estos días su estado? ¿Es viable un traslado?

-El robot va a sacar más de 100.000 fotografías y manejaremos la información en junio. Nos dará datos muy precisos, pero ya sabemos que la obra está en un estado extremadamente delicado. Nuestro equipo, que es de los mejores del mundo, lo ha revisado a conciencia y, aparte, lo corroboran todos los informes que se han hecho. Ningún equipo de restauración, ningún museo y ningún patronato permitirían que se moviera. Sería una irresponsabilidad. Es imposible.

-¿Esa franja divisoria de 1881 entre el Prado y el Reina Sofía, le parece adecuada?

-Me parece adecuada. Es evidente que la modernidad tiene una multiplicidad de raíces. Por ejemplo, cualquier museo de arte moderno podría incorporar las Pinturas Negras de Goya.

-Por eso incorporó grabados de Goya a la colección permanente.

-Sí. Tiene sentido. El Prado se portó magníficamente. Hay una división permeable, también con el Thyssen, pero nos llevamos bastante bien las tres instituciones. Como es lógico, cada uno quiere lo mejor para sí. No es una polémica nueva. El debate sobre los lindes entre un museo de arte moderno y clásico no es algo nuevo. En su momento, hubo una grande entre el Metropolitan y el Moma en Nueva York porque el primero, que es enciclopédico, quería tener también el siglo XX. Y también pasó entre la National Gallery y la Tate en Londres. Lo que pasa es que en este país todo llega un poquito tarde.

-En todo caso, hay un diálogo entre artistas, como planteaba el director del Prado, Miguel Zugaza.

-Velázquez influyó en Goya, al igual que el románico influyó en Tapies y en Picabia, pero que algo influya no quiere decir que haya un continuo histórico. Un museo moderno tiene una especificad: cómo se presentan las obras, las relaciones, etc… Puntualmente puedas hacer cosas, como colocar una obra de Picabia al lado de un fresco. Pero como le digo, la noción de un continuo histórico es equivocada. La historia funciona a través de desvíos, derivas y rupturas. El arte no está aislado, sino que forma parte de un discurso, de una red de significado y de prácticas más complejas.

-El ‘Guernica’ también le asegura público y le permite arriesgar con las exposiciones temporales…

-Atractivos tenemos muchos. Dos de los museos más visitados son los de Dalí y Miró. Y nosotros tenemos la mejor representación de Dalí y una buena muestra de Miró. El ‘Guernica’ es el gran icono del siglo XX, y aparte tiene otros elementos, por el pabellón de la República, por su carácter mural, de espacio público. Es indudablemente una ventaja. Al igual que para el Prado tener ‘Las meninas’ o para el Louvre 'La Gioconda'.

-¿Cuál es su proyecto para el Reina Sofía?

-Estamos planteando un modelo diferente al del museo clásico, enciclopédico, que se basa en la mera acumulación de riquezas, y también al de las franquicias, que con la crisis ha entrado en crisis. Nosotros planteamos un modelo en red, donde Latinoamérica es fundamental. Es nuestro objetivo. En el futuro será más rico no quien tenga más riquezas, sino quien sea capaz de generar más relatos. Sobre nuestra propia historia, sobre cómo vemos el mundo y cómo el mundo nos ve. No queremos sucursales. El Reina sería una especie de nodo a través del cual pasarían estos flujos de conocimiento. El museo no se impone como una autoridad, sino que trabaja por colaboración.

-¿Cuál es el objetivo?

-No solo nosotros explicamos una realidad española, iberoamericana y mundial, sino que al mismo tiempo los otros centros cuentan esta historia, con lo cual multiplicamos indefinidamente esta capacidad. Creo que estamos creando un modelo de museo que tiene más que ver con la sociedad del conocimiento actual, con las nuevas tecnologías, mucho más democrática y enriquecedora. Esta es una posición innovadora.

-Acaban de anunciar un importante acuerdo con la Fundación Cisneros. ¿Con quién más están en conversaciones?

-Trabajamos con Cada, en Chile, Padin en Uruguay, Jacoby, en Argentina… Estamos desarrollando lo que llamamos red de conceptualismos del sur, una serie de archivos que funciona en cada lugar. La idea es crear colaboraciones con centros similares, como la Pinacoteca de Sao Paulo o el museo Mali de Lima; con instituciones con colección de arte pero sin sede, como la Fundación Cisneros, y también con archivos e investigadores que trabajan en las universidades. Es una estructura muy compleja. Cada uno contribuye con lo suyo. Ahí francamente somos pioneros.

-¿Tendrá traslación a Internet?

-Efectivamente. En junio estará lista la web. Ha sido un proyecto muy serio, que ha exigido un concurso público. La idea es que esta web tenga una anilla digital donde todos estos archivos se interconecten, haya diálogo entre ellos… La colección prácticamente se colgará entera, la tenemos ya completamente catalogada.

Incorporaciones

-¿Qué obras le gustaría incorporar al Reina Sofía?

-Creo que es esencial el arte de la modernidad latinoamericana. El arte entre los cuarenta y los sesenta. Hemos ido comprando alguna cosa, pero la gran colección es la de Patricia Cisneros. Hablamos de León Ferrari, Mira Schendel, Soto, Lygia Clark, Lygia Pape… Poder tener esta colección en el Reina Sofía es un paso cualitativo y cuantitativo importante. Estamos en trámites y eso sí que me gustaría. La idea es que el año que viene hagamos una exposición de la colección y que haya una serie de piezas que se queden en comodato en el Reina Sofía.

-¿Cuántas?

-Lo estamos negociando, aunque ya tengo el espacio. Sería en la planta cuarta. Hay un área de unos 700 metros cuadrados. Tendríamos lo contemporáneo a lo de Europa y Estados Unidos, pero en América Latina.

-Es un gran proyecto.

-Sí, sí. Y tiene que ver con muchas cosas. Es una modernidad distinta a la norteamericana y la europea. Estos artistas parten de otra cosa, de una realidad local muy fuerte, y de una serie de artistas que viajan allí, como Mondrian o Le Corbusier. Esta colección nos permitirá entender que la historia del siglo XX es otra. Que hay muchas historias. Que hay una versión del sur, y que esa versión tiene más sentido con la realidad actual, que es compleja, de traducciones, donde cada uno va haciendo su propia interpretación. Esto convierte a este museo en el gran exponente de lo que debe ser una institución cultural en el siglo en el que estamos, creo.

-¿Hay ya obras confirmadas?

-Las tengo aquí. Lo estoy trabajando. Algunas son extraordinarias. Por ejemplo, de Gego, una artista venezolana, que empezó con un trabajo constructivo que acaba generando un espacio psíquico, aunque táctil… Es maravillosa y estará muy bien representada. De Soto, Mira Schendel o Claudio Perna habrá obras importantes, y también de artistas no conocidos realmente extraordinarios.

-¿Cómo explica la organización de la colección ahora?

- La estructura es triple. Relatos, público, al que entendemos como agente, y espacios. Los espacios no son neutros nunca. Los museos tradicionales se identifican con un edificio hecho para hacer un recorrido lineal y que haya flujos muy rápidos de gente. Una sala te lleva a otra. Esto tiene que ver con el espectador entendido como consumidor, no como espectador o lector activo. Las salas están hechas para que circules, no para que estés media hora mirando. Con un libro te puedes pasar una hora, ¿por qué no con una pintura?

-No es fácil recorrer el museo.

-Ahí está. Tenemos una idea de ciudad, no de edificio. La propia estructura del Reina Sofía, con el edificio de Nouvel por un lado, el de Sabatini por otro, el palacio de Velázquez y el palacio de Cristal en el parque del Retiro y la sede de Silos hace que parezca una ciudad. ¿A qué vas a una ciudad? Hay una pluralidad de experiencias. Y eso es lo que te permite un museo concebido así. Te permite ir a una sala y ya está. O asistir a un debate. O ver cine. Te ves forzado a hacer tu propio recorrido. Es inabarcable en un día. Esta es la gran diferencia.

-¿No teme que gente sin cierto conocimiento no aprecie todo ese discurso?

-Ese es el reto. Nunca he creído en esta separación entre cultura de élite y cultura popular. Hay gente que sabe de unas cosas y otros de otras. Puedes saber o no saber si el ‘Guernica’ tiene que ver con la tauromaquia, con Goya o si tiene una estructura barroca y disfrutar igualmente. Y es una emoción que no es tonta. El museo no es neutro. Hay una serie de interconexiones que la gente puede captar. Este es el reto de una museografía del siglo XXI. Que no sea ni de élite ni popular. Y la prueba son las nuevas tecnologías.

Éxito en época de crisis

-Los datos parecen darle la razón. El museo ha ganado casi un millón de visitantes en cuatro años.

-El Reina forma parte del imaginario. Es un museo querido y forma parte del debate. Lo peor que podría haber es que se le ignorara.

-En época de crisis los museos suben.

-En los años 20 y 30 también sucedió. La gente necesita modelos para entender un mundo en crisis, en movimiento. La cultura genera mundos imaginarios. No deja de ser significativo que el gran museo del siglo XX que es indudablemente el Moma se creara en el año 29.

-¿Se plantean abrir todos los días de la semana, como el Prado?

-Estamos en esto. Estamos trabajando, primero, en poder abrir el domingo por la tarde. Solo por la mañana es el día con más visitas de la semana. Ya se verá después lo de los martes. La crisis afecta a todo el mundo. Nuestro presupuesto ha sufrido un recorte sustancial, pero no tienes ningún derecho a quejarte cuando hay cinco millones de parados, así que tenemos la obligación de buscar recursos. La idea tradicional del museo que abre de diez a siete para los turistas no vale. Hay que buscar otros modelos, hay que ser flexible.

-¿Qué le parece la Ley de Mecenazgo que propone el ministro de Cultura?

-Muy importante. La colección es fundamental para nosotros. Está en proceso por definición. Hemos ido cubriendo huecos, pero hay figuras que son imposibles de adquirir. El único modo es que haya un sistema de mecenazgo que te permita las donaciones y que te permita que coleccionistas privados acaben depositando obra en los museos. Por ejemplo el Seattle Art Museum se va a convertir en un par de décadas en un gran museo porque allí están firmas como Microsoft, Starbucks, Boeing. Y muchas personas vinculadas a esas empresas tienen grandes colecciones. En Estados Unidos hay una filosofía que permite y favorece el mecenazgo y hay una cultura de devolver a la sociedad lo que ésta te ha dado. Esa filosofía es importante inculcarla en España.