«Urdangarin es un condenado mediático»
El periodista y escritor Fernando Schwartz. / A. Ferreras | Vídeo: V. Carrasco
ENTREVISTA CON Fernando Schwartz

«Urdangarin es un condenado mediático»

El periodista y escritor publica ‘Viví años de tormenta’, un retrato de la Transición española vista desde la sociedad aristocrática y franquista del barrio madrileño de Salamanca

ROSARIO GONZÁLEZ
MADRID Actualizado:

Durante casi una década, Fernando Schwartz Girón (Ginebra, 1937) fue la cara más visible del programa televisivo ‘Lo + Plus’. Un programa “muy divertido”, según el propio Schwartz y, con suficiente entidad como para que “durante un tiempo, si no acudías al programa no eras nadie”. Se considera a sí mismo un ‘rara avis’ de la caja tonta por una razón muy simple: era un hombre leído. Leído y viajado. Antes de aterrizar en la televisión fue diplomático -e hijo de diplomáticos-, lo que le permitió vivir en varios países durante 25 años. Pero su vocación fue siempre la escritura, actividad que desarrolla desde la década de los setenta y, finalmente, de manera exclusiva desde 2004.

Con un premio Planeta y un Primavera de Novela como avales, el experiodista y, ahora ya sí, escritor, presentó ayer en Madrid ‘Viví años de tormenta’, un viaje por la Transición española que arranca con el atentado de Carrero Blanco y pone punto final con el del 11-M en la estación de Atocha. Todo ello visto desde el barrio de Salamanca de Madrid y la sociedad aristocrática y franquista que conoció de primera mano.

La historia se vertebra a través del personaje de Dolores Ruiz de Olara, una médico de familia aristócrata que sirve como hilo conductor de los vaivenes de la transición que dividió a franquistas y demócratas. Una división que, en su opinión, continúa visible en cuestiones como el juicio contra el juez Baltasar Garzón: “¿Es un santo o Satanás? Pues yo lo tengo claro, es un santo y lo han crucificado. Tal vez porque ha pisado demasiados callos o ha sido demasiado estrella, pero al lado de eso, hizo mucho por racionalizar los Derechos Humanos”. Schwartz, único periodista que entrevistó a Iñaki Urdangarin tras su ingreso en la Familia Real, también se ha referido al proceso judicial en el que se encuentra imputado el yerno del Rey aunque con reticencias: “No voy a hablar de Iñaki porque le tengo un gran cariño, pero es un condenado mediático. Creo en su inocencia”.

"Yo estaba allí"

Aunque su intención no era llevar a cabo un ajuste de cuentas, el escritor confesó que el lector encontrará “algunos espontáneos”, como el ajuste con la banda terrorista ETA. “No hay que olvidar que, por mucha vergüenza que nos dé decirlo, el atentado de Carrero Blanco nos resolvió gran parte del futuro político. Eran vistos como un grupo romántico, héroes nacionales y no nos dimos cuenta de lo que había debajo, de la capacidad de asesinar”. “Su final –continúo- es la conclusión lógica para que los vascos tengan al menos una oportunidad”.

Se trata de la visión de los poderosos que, según describió Schwartz, “tras más de tres décadas pasaron de detentar el poder absoluto al poder relativo. Eso les produjo un fuerte rechazo al cambio y a la Transición hasta el 23-F, fecha en la que empiezan a comprender que el final había llegado y dando lugar a la curiosa conversión del franquismo sociológico en un franquismo democrático”. Un retrato de una clase social que, describió, “tenía dinero, viajaba y sabía idiomas” mientras los 40 millones de ciudadanos restantes eran “los de pachanga y pandereta, listos para recibir el turismo”. “Se consideraban los genuinos representantes de España pero, con los años, perdieron protagonismo frente a una nueva clase media que emergía y arrinconó al franquismo”, señaló el exdiplomático, para destacar cómo en esas familias “iba naciendo la rebeldía y el cambio de conceptos tras el contacto con el caldo de cultivo que supuso el ambiente universitario”. Para pergeñar la novela, Schwartz ha invertido varios años, de los que muchos consistieron en ir recuperando retazos de su memoria, ya que habla estrictamente desde el recuerdo de sus propias vivencias: “Nadie me tiene que explicar lo que fue el entierro de los laboralistas porque yo estaba allí”, recordó el escritor.