Barranquismo en la Garganta Verde, Cádiz
Barranquismo en la Garganta Verde, Cádiz - La Voz
DECALLE

Barranquismo en Cádiz: naturaleza, aventura y deporte

Recorremos algunos de los espacios más idóneos para descubrir esta actividad que se ofrece tanto a los más aficionados como a principiantes

CádizActualizado:

Aventura, deporte y naturaleza. Así podríamos resumir los tres pilares de la experiencia que se abre paso tras estas líneas. El agua golpeando en el rostro, las cuerdas tensas y fijas a nuestro cuerpo como haces de leña y la piedra húmeda en la yema de los dedos. Entonces el medio nos moja y nos seca los huesos a su antojo. Estamos a la merced del barranco. Un grito de fuerza y libertad donde solo cabe el sonido del jadeo propio y la corriente, también el silencio tan característico del territorio salvaje. Nos acercamos a la sierra gaditana para conocer a fondo esta práctica que deleita más que asusta: el barranquismo.

¿Qué es el barranquismo?

Lo primero es conocer a qué nos enfrentamos. Este deporte consiste en el descenso de cañones y barrancos en el cauce de un río. Y el trayecto, a menudo, es variado, pues hay tramos de densa vegetación, veredas secas que se recorren a pie, torrentes, paredes en las que se precisa utilizar una tirolina o pozos que se han de superar a nado. De todo. También incluimos un nuevo verbo a nuestro vocabulario: destrepar. La base de esta modalidad en la que se jerarquiza de arriba a abajo y no admite la acrofobia: miedo a las alturas.

El equipamiento corre a cargo de las empresas que gestionan las excursiones y cada localización precisa un nivel diferente de partida. Por ello, hay itinerarios que son para todos los públicos mientras que otros requieren cierta técnica. La compleja orografía del terreno en las serranías de Cádiz y Málaga hace que una multitud de ubicaciones idóneas para practicar el barranquismo se repartan a lo largo y ancho de sus fronteras.

Hay cuevas y arroyos, grietas que bostezan al cielo y surtidores de agua que se derraman de una forma natural y violenta. A veces, con pausa. Y, como suele decirse, no están todos los que son, pero son todos los que están. Nos acercamos a algunos de los mejores espacios en la provincia gaditana para descubrir esta actividad.

Algunos lugares donde practicarlo

En Andalucía, existen numerosos puntos calientes en los que poner en práctica este deporte. La riqueza del terreno en este sentido y los grandes contrastes entre unas provincias y otras así lo permiten. Cádiz, sin duda, es una de las mejores opciones, ya que guarda cientos de rincones y parajes en la sierra donde cualquiera desearía pararse a descender y fantasear acerca de lo que hay debajo: cascadas, gargantas, piscinas naturales, rápidos... Un ejercicio que seguramente nació en el corazón y la mente de los más curiosos.

Precisamente, el primer destino que rescatamos en nuestra ruta es la Garganta Verde. Parece que el nombre de por sí atrae a los visitantes y describe en líneas generales el lugar. Dos palabras que nos advierten colores y texturas, incluso ruidos, ambiente y humedad. Se encuentra en pleno Parque Natural de Grazalema, a unos 5 kilómetros de Zahara de la Sierra y 20 minutos de la propia Grazalema, y está considerada como una de las ubicaciones más bellas de la España rural.

Las vistas permanentes a las montañas, las aves rapaces y los diferentes animales que se pueden divisar durante el descenso, así como la tranquilidad, son quizá sus mayores reclamos. Aunque lo más prudente es señalar que estos no se cuentan con los dedos de una mano, pues cada cual podría detallar cientos de particularidades y encantos tan solo con una mirada de soslayo. Cosas de lo agreste.

La profundidad que se alcanza en este gaznate rústico de hierba y roca es de 400 metros. A esta altura, aparece la Cueva de la Ermita, de origen cárstico. Y el final del recorrido, que en su totalidad es de algo menos de 5 kilómetros incluyendo los senderos a través de los cuales accedemos a la parte más estrecha de la garganta, está en el río Bocaleones.

Cueva de la Ermita
Cueva de la Ermita - La Voz

El tiempo y la erosión también han formado en una roca rojiza un monumento que resulta inspirador. Quienes lo frecuentan lo conocen como «La Mano de Dios». Cuando lo tengan en frente, sabrán el por qué de su nombre. Resulta imprescindible añadir que el itinerario tiene una duración aproximada de 5 o 6 horas, dependiendo de la intensidad, y está catalogado con un nivel de dificultad medio. Ropa cómoda, cascos, ganas y a disfrutar.

Además de la Garganta Verde, el Cañón de Las Buitreras es otra de las localizaciones destacadas. ¿Cañón? Pues sí. Por eso lanzamos un nuevo nombre muy utilizado en la jerga: cañonismo. Una práctica similar que solo cambia levemente el escenario. En concreto, este no está situado en la provincia de Cádiz, sino en la de Málaga. Un paraje de extrema belleza que se acuesta en la frontera del mapa en un municipio llamado Cortes de la Frontera. Parece que el campo no tiene llaves y en las distancias no se extienden muros, sino caminos. Saltar de Cádiz a Málaga, y viceversa, es saludable y sencillo.

Desde el año 2003, las 22 hectáreas que ocupan Las Buitreras están reconocidas como monumento natural. Sin embargo, permanece cerrado al público hasta el 15 de junio, debido a que estas fechas coinciden con el período de cría de los buitres. Y es que este es otro de los atractivos del cañón: las aves que viven en él pero que a menudo lo miran de lejos, las nutrias que se divierten al pie del río Guadiaro y los palmitos y lentiscos que adornan el suelo.

Recuerden: a mediados del próximo mes ya pueden visitarlo. ¿Y qué hay de la dificultad de este descenso? De nuevo, media. Si bien, las aguas cristalinas en las que solo se reflejan los valientes, los recovecos que los siglos han esculpido entre las piedras y el revulsivo estelar de su flora y su fauna al desnudo merecen el esfuerzo.

Mucho más sencilla es la bajada por el Suspiro del Moro, junto a la población de Benaocaz, en Cádiz. Aquí el paisaje cambia y la aridez roba algo de terreno al aire fresco, aunque en algunas zonas, dependiendo de la época del año y de las lluvias, sí abunda el agua. Los pies, habitualmente, se clavan en la tierra yerma y seca. Y cuando la corriente presenta sus credenciales nunca se vuelve demasiado exuberante. Una suerte.

El arroyo Pajaruco desciende sobre el Valle del Suspiro del Moro con discreción y deja unos entresijos ideales para principiantes, incluso niños. A pesar de contar con tres tramos en los que se requiere el uso de rápel, está considerado uno de los más fáciles y parece un rincón idóneo para asistir en familia. Las vistas continuas a la Sierra del Endrinal, cerca del río Tavizna, son el mejor acompañante.

Lo anunciamos al principio: esta ruta ofrece dosis de aventura, naturaleza y deporte a partes iguales. Una medida milmétrica que en Cádiz se consigue a ojo, como muchas de las combinaciones sublimes que existen. Tiene como destinatarios a quienes cultivan el espíritu joven y a las familias y grupos de amigos que todavía tienen curiosidad. ¿Qué habrá allí abajo? A descender para descubrirlo. La sierra hace de vigía y la paciencia se convierte en requisito forzoso en la cima de los barrancos. Manos a la cuerda y a bajar