Marqués-Marcet, Chaplin y Verdaguer este viernes en Sevilla
Marqués-Marcet, Chaplin y Verdaguer este viernes en Sevilla - M. J. LÓPEZ OLMEDO
SEFF

Una comedia sobre el drama de tener hijos inaugura el Festival de Sevilla

Carlos Marqués-Marcet presentó su segundo largo protagonizado por David Verdaguer, Oona Chaplin y Natalia Tena

SEVILLAActualizado:

La nueva película del cineasta barcelonés Carlos Marqués-Marcet, «Tierra firme», era una de las más esperadas y no sólo porque era la encargada de abrir ayer los nueve días de programación de la XIV edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Había otras razones. La primera, porque suponía el nuevo largo de este realizador tras el éxito de «10.000 km» (2014), que se llevó cinco premios en el Festival de Málaga, incluido el de mejor película. La segunda porque repetían en el reparto David Verdaguer y Natalia Tena, que muchos conocen por la serie «Juego de Tronos», en la que también participó la tercera pieza que conforma el trío protagonista de la película, Oona Chaplin, que por primera vez, en otro aliciente más, compartía película con su madre, la también actriz Geraldine Chaplin, en lo que su hija definió ayer como «una de las escenas más divertidas que he rodado en mi vida».

Tena y Chaplin, que reveló que su madre compara a Marqués-Marcet con Robert Altman, interpretan en la película una pareja homosexual que vive en un barco llevando una vida nómada con empleos precarios por los canales de Londres.

La llegada de un antiguo amigo (Verdaguer) les hará plantearse la paternidad o lo que puede ser un drama o, como lo denominó el director catalán un «problema» en el primer mundo. «La decisión de tener hijos parece vital, pero solo es un problema en el primer mundo. Por ello, creo que es muy frívolo tomárselo muy en serio. Así que la única forma de hacer una película en serio sobre ello era hacerlo de forma ligera».

Por este motivo, el realizador optó por una estructura de comedia, aunque como apunta Verdaguer al final «se pone algo más oscuro», que ha rodado en Londres en espacios naturales y en inglés y español, lo que ha supuesto un reto para todo el equipo.

En lo que se refiere al rodaje, Carlos Marqués-Marcet señaló que se empeñó en filmar en «espacios naturales y en orden cronológico, lo que te permite que los actores vayan conociendo mejor la evolución de sus personajes y llegar a lugares distintos. Además, como director vas aprendiendo de la película».

Rodar en espacios naturales o, por ejemplo, en un barco y no en decorados permite también que escenas como las del piano, una de las que el director más valora, se hayan introducido porque había uno en la embarcación en la que rodaban, ya que «no estaban en el guión». Además, los canales le sirven en cierta manera de escenario de una sociedad «postindustrial» en la que se mueven estos personajes.

De esta forma, los tres protagonistas afrontan en la película el «dilema de tener un hijo, con una vida nómada y sin un domicilio fijo», algo que les obliga a tener una residencia estable.

Una historia a la que el realizador confesó haber llegado de una forma «muy sencilla y orgánica» tras el éxito de «10.000 km», ya que considera que una carrera no se puede desarrollar de forma lógica, sino más bien avanzar de forma «visceral».