Javier Ruibal, durante su concierto de ayer en el Espacio Turina
Javier Ruibal, durante su concierto de ayer en el Espacio Turina - F.R.M.

Concierto en SevillaJavier Ruibal, el son y la sal del cantautor

El artista gaditano clausuró anoche el ciclo musical «Al alba» en el Espacio Turina con un soberbio concierto

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Javier Ruibal es de aquellos artistas que ganan una barbaridad en directo. No es cuestión de subestimar los discos del portuense, ¡ni mucho menos! Lo que trato es de realzar sus extraordinarias puestas en escena, como la de este domingo en el Espacio Turina de Sevilla, donde desplegó las velas de su arte para clausurar el flamante y exitoso ciclo «Al alba».

Tiene su lógica. Ya que cuando se tiene eso que hay que tener (Lorca lo llamaba duende, otros lo llaman ángel), por muy sofisticado que sea el reproductor mp3, el tocadiscos o el equipo de sonido del coche, es imposible que la música consiga transmitir como lo hace cuando un artista canta mientras respira el mismo aire que el oyente.

Y Ruibal lo tiene. El autor de «Isla mujeres» —con la que anoche abrochó el concierto— aunó con pasmosa naturalidad el alma de navegante solitario que requiere el manual de cantautor y el espíritu canalla y guasón de corsario nocturno. Versos y acordes repletos de sutilezas rítmicas, de exquisiteces de color intraducibles que denotaban el influjo del son y la sal de Cádiz y en los que cohabitaron en intensa armonía la música andalusí, el flamenco, el jazz y el rock.

Sin darse aires de genio, las resonancias flamencas de su garganta impregnaron de gracia y sabiduría todo aquello que entonó. Virtud que aprovechó en todo en momento y con idéntico acierto para cantar a la cultura popular («Pensión Triana» o la genial «Cine Macario», que dedicó con toda la guasa del mundo a Netflix), incursionar en la canción política y el mensaje social («Cuenta conmigo compadre» y «La reina de África») y para hacer una defensa a ultranza de Rosalía con «La Geisha gitana».

Del mismo modo, y haciendo uso de una sensibilidad suprema emocionó con la descomunal «La flor de Estambúl» y con sendos homenajes a dos granadinos ilustres: a Lorca, con «Por tu amor me duele el aire» (una deliciosa adaptación del poema «Es verdad»), y un sentidísimo recuerdo a Enrique Morente («A Morente»).

Dos horas de concierto que se pasaron a la velocidad de la luz y en los que el público que llenó el recinto de la calle Laraña disfrutó de lo lindo. Sonoras palmas por bulerías al tres despidieron al artista gaditano y a la terna de magníficos músicos que le acompañaron ayer, un ritmo alegre que también sirvió para despedir esta nueva iniciativa bautizada «Al alba» (en honor a Luis Eduardo Aute) y que a buen seguro tendrá secuela el próximo año tras la buena acogida que ha tenido esta primera edición gracias a Marlango, Pablo Milanés y el propio Ruibal.