Babis Makridis durante su visita al Festival de Sevilla
Babis Makridis durante su visita al Festival de Sevilla - M. J. LÓPEZ OLMEDO

Festival de cine europeo de Sevilla 2018Makridis deja una negrísima «comedia» griega sobre un adicto a la compasión

El director griego presentó «Pity» dentro de la Sección Oficial, a donde llegó también «La ciudad oculta» que explora el subsuelo de Madrid

SevillaActualizado:

Hasta la irrupción hace casi una década de Yorgos Lanthimos en el panorama europeo, el cine griego se circunscribía a dos directores: Theo Angelopoulos y Costa-Gavras. Las cosas comenzaron a cambiar con «Canino» y el ascenso de Lanthimos como punta de lanza de un nuevo cine griego, donde también hay nombres como Athina Rachel Tsangari, que busca remover al espectador de su butaca con historias que muestran la sociedad contemporánea con acidez, ironía y extrañamiento.

En este nuevo cine griego se inscribe «Pity», el segundo largometraje de Babis Makridis, una comedia negrísima sobre un abogado de éxito que se resiste a abandonar un estado de continua tristeza que provoque la compasión de los demás y que se presentó ayer en el Festival de Sevilla de cine europeo.

«Hemos hecho una comedia en cierta manera, porque la vida es una comedia, pero hay gente que ve esta película que ser ríe y gente que no», señala el director sobre la historia de un abogado que siente una pena profunda al tener a su mujer en coma, pero a la vez es adictivamente sensible a recibir la compasión de su entorno, y al que todo se le derrumba al despertar su esposa.

Punto de partida del viaje trágico y sin retorno que emprende su protagonista, personaje que está inspirado en un amigo del cineasta. «Es un amigo cuyo padre murió antes de que naciera, por lo que las personas que le rodean le han tratado con compasión, así que se hecho adicto a ella».

La película podría leerse como una crítica a la burguesía en la línea de un cineasta como Luis Buñuel, pero Makridis niega que sea una «crítica directa. Era más interesante que el protagonista fuera un tipo rico, que lo tiene todo, más que un pobre», ya que mostraba mejor la contradicción de alguien que lo tiene todo para ser feliz —una familia, una lujosa casa junto al mar, dinero...— se empeña en destruir todo lo que le rodea. «La tristeza está dentro de todas las personas, todos tenemos un lado oscuro», señala el director griego.

Sobre si su película se acerca más a la comedia, eso sí de un tono negrísimo, o a la tragedia, Makridis reconoce que «me gusta poner al espectador en una posición que no se espera, en la que se tenga que plantear si se ríe o llora, con el objetivo de mantenerlo alerta».

Respecto al auge del cine griego, el director señala que actualmente se están haciendo muchas películas en su país y hay una «hermandad» entre directores, guionistas, productores... «No me gusta mucho hablar de política, pero esto comenzó con la crisis y comenzamos a rodar sin dinero o hacer películas donde todos, desde el actor al montador, cobraban lo mismo».