Fotograma de la película «Pearl», opera prima de la francesa Elsa Amiel
Fotograma de la película «Pearl», opera prima de la francesa Elsa Amiel - ABC

Festival de Cine de SevillaToda la «fragilidad» del culturismo, en la película «Pearl» que se presenta en el Festival de Cine

La francesa Elsa Amiel explora en su opera prima las distintas áreas de la feminidad

SevillaActualizado:

La directora francesa Elsa Amiel ha querido revelar que la «fragilidad» es el principal rasgo del culturismo con su película «Pearl», centrada en un mundo tan poco conocido como el del culturismo femenino y con la que concursa en la sección oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

«El del culturismo es un mundo de fragilidad, sacrificio, soledad y heridas; el culturismo persigue un ideal y los ideales jamás se consiguen, de modo que muchos intentos por alcanzarlos acaban en tragedia», ha dicho Amiel sobre su primer largometraje, del que los críticos han destacado una magnífica realización técnica.

Esa circunstancia no es extraña en esta opera prima porque Elsa Amiel cuenta con una larga trayectoria como ayudante de dirección e incluso como actriz, una experiencia que se ha plasmado en «Pearl», título que remite al nombre del personaje ficticio que protagoniza el filme.

La directora ha explicado que su película parte de la idea inicial de construir una historia basada en un personaje femenino, para desarrollar el tema de la feminidad y las distintas ideas de feminidad.

Elsa Amiel, durante la presentación de su película en el Festival de Cine de Sevilla
Elsa Amiel, durante la presentación de su película en el Festival de Cine de Sevilla - EFE

Deslumbrada por el trabajo del fotógrafo Martin Schoeller, que muestra a los culturistas durante los momentos previos a la competición, decidió escribir una historia sobre una mujer culturista y madre, para lo cual emprendió la búsqueda de la actriz apropiada que culminó con el hallazgo de Julia Fory.

Fory, que ya trabajaba como entrenadora, tuvo que retomar su entrenamiento de seis horas diarias para el rodaje de este filme que cuenta la historia de una mujer que se prepara muy duramente para afrontar un campeonato, días antes del cual su expareja se presenta con el hijo de ambos, de seis años, al que la deportista hace cuatro que no ve.

Amiel recurrió al tema de la maternidad porque, según ha explicado, le interesaba «lo que está detrás de las bambalinas, la humanidad de ese mundo, no lo aparentemente sobrehumano».

La directora, que ha efectuado un largo trabajo previo sobre el mundo del culturismo femenino antes del rodaje, ha asegurado que el aislamiento es común a estos atletas, sean hombres o mujeres: «Para llegar a esos extremos todos han vivido algo muy doloroso, es mucho más profundo que el narcisismo, se crean un caparazón para separarse del mundo real y crearse un mundo aparte».

«Los atletas que he conocido vivían sin familia ni amigos, con un régimen nutritivo draconiano, no pueden comer en restaurantes ni compartir la comida familiar», ha concluido la directora.

«M», de Yolande Zauberman

Junto a Amiel ha presentado este jueves su película la israelí afincada en Francia Yolande Zauberman, titulada «M», inicial del nombre de Menachem Lang, nombre de un hombre real que en su niñez sufrió abusos sexuales en una comunidad ultraortodoxa de la ciudad israelí de Bnei Brak, considerada por algunos la capital del judaísmo.

«M», que concursa en la sección oficial del festival -siete de las 24 películas de la sección oficial están dirigidas por mujeres-, es un documental que está rodado cámara al hombro por la propia directora, con la excepción de dos secuencias, según ha contado hoy Zauberman, quien ha confesado que se siente feliz filmando ella misma.

La cineasta francesa Yolande Zauberman
La cineasta francesa Yolande Zauberman - EFE

La realizadora ha contado cómo conoció al que sería protagonista de su película, un joven que entonces tenía veinte años, que hablaba yiddish perfectamente, que había interpretado algunos papeles secundarios en películas y que intervino en un documental dedicado a los jóvenes que habían abandonado la ortodoxia judía.

Posteriormente, supo que había sufrido abusos sexuales en su infancia en la comunidad religiosa y que al tratar de denunciarlos desistió tras sufrir amenazas, momento en el que Zauberman le ofreció hacer esa denuncia en forma de película con ella.

Ese fue arranque de este documental, en el que «M» vuelve a los lugares de su infancia en busca del hombre que abusó de él, el cual no aparece en la película, aunque sí su casa, su barrio y muchas de las personas que conviven con él.