Fito Cabrales, voz y alma del grupo
Fito Cabrales, voz y alma del grupo - Juan Flores
CRÓNICA DE CONCIERTO

Fito y Fitipaldis celebran en Sevilla su vigésimo aniversario ante más de 20.000 personas

Su rock de amplio espectro sonó a la perfección en el Estadio de la Cartuja

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Cuestionaba a Fito Cabrales hace escasos días en una entrevista acerca de la «deuda» que la música en general y el rock and roll en particular tiene con las drogas, en el sentido de la inspiración a la hora de componer y tocar, aspecto que el bilbaíno explicaba y matizaba con la lucidez que le otorga su locuacidad y la propiedad granjeada por sus experiencias en primera persona.

Anoche, mientras me daba una vuelta por los aledaños del Estadio de la Cartuja en la previa del gran concierto que el ex líder de Platero y Tú ofreció y observaba el variadísimo perfil de los fans que se acercaban en masa al recinto sevillano, me hice una pregunta parecida, aunque cambiando al acreedor del interrogante: ¿Cuánto le debe el rock and roll patrio a Fito y sus Fitipaldis?

Le debe mucho, muchísimo. La contundente respuesta la encontraría dentro un poco más tarde, cuando las 20.000 personas que se dieron cita en el faraónico recinto hispalense corearon en perfecta armonía «Soldadito marinero», uno de los numerosos himnos de esta banda que celebra ahora su vigésimo aniversario.

Padres e hijos, familias al completo, mujeres y hombres de todas las edades y de todas las tribus urbanas habidas y por haber cantando de memoria la inmensa mayoría de las canciones de una banda española de rock and roll. Muchísimo mérito.

Fito es un perfecto embajador del rock, un artista que ha sabido servir en bandeja de plata al gran público la belleza de un tipo de música casi olvidada por la prensa generalista y las radiofórmulas, ésas que apuestan descaradamente por el pop y el reguetón.

«Dentro de poco habrá que organizar festivales especializados para poder disfrutar en directo de nuestro género», advertía en la misma entrevista.

Partiendo de sus coordenadas sonoras (Chuck Berry, Leño o Jimmy Hendrix), el artista ha creado su propio estilo, un rock and roll de amplio espectro que encandila a todo el mundo (crítica y público), que llena pabellones allá por donde va y que vende sus discos por cientos de miles.

No obstante, hay puristas del género que piensan que los Platero sonaban más a garaje, que se regían más por los parámetros clásicos del rock and roll. Puede ser. Pero eso no quiere decir que con los Fitipaldis vaya de farol. Fito está tan lejos de la mentira y de la máscara como pueda estarlo el agua del fuego.

A esos escépticos les digo que se acerquen a uno de los dos conciertos que esta semana dará en el Wizink Center de Madrid, y disfruten como lo hicieron anoche los sevillanos de la perenne y exquisita apoteosis tranquila que provocan temazos como «Un buen castigo», «Me equivocaría otra vez», «Donde todo empieza», «Rojitas las orejas» o «Acabo de llegar». Si lo de anoche no fue rock and roll, que baje Elvis y lo vea.

Muchachito, Ariel Rot y Fetén Fetén

Antes de que comenzara el magisterio de Fito y Fitipaldis (una banda de nivel Champios, que dirían los futboleros, que tocó con afilada precisión durante todo el show), abrió la noche Muchachito, el multidisciplinar hombre orquesta de ritmos trepidantes que, con seis pedales a los pies y guitarra en mano, telonea y caldea el ambiente de cada concierto de esta gira.

El catalán acompañó a Fito poco después en «Yo no soy Bod Diddley» y «Me tienes frito». Los dos, sentados y guitarra en ristre, y el saxofonista Javier Alzona, conformaron momentáneamente un genial trío musical.

También subieron al escenario cartujano los virtuosos Fetén Fetén («Whiski barato» y «Me quedo aquí») y el ex Rodríguez y ex Tequila Ariel Rot, el argentino dejó pinceladas del gran artista que es interpretando a guitarrazo limpio «Baile de ilusiones» y «Me vuelvo loco».

En total fueron dos horas y media de música de altos vuelos en los que el público disfrutó de lo lindo con un artista excepcional que se encuentra en permanente estado de gracia. Gracias, Fito.