El cantaor David Palomar y el bailaor El Junco, durante el espectáculo en el Hotel Triana
El cantaor David Palomar y el bailaor El Junco, durante el espectáculo en el Hotel Triana - Juan Flores

El flamenco de Cai es un Junco

La nueva hornada de la Tacita demostró en el Hotel Triana que a este arte no hay quien lo doble. En la noche gaditana destacaron el maestro Juan Villar y el gran bailaor El Junco

SevillaActualizado:

Los apocalípticos están acabados. Porque el flamenco no muere. En Cádiz, donde el carnaval lo fagocita casi todo, hay ahora mismo una generación de cabales muy interesante que se subió al escenario del Hotel Triana para demostrar que la historia no terminó con Pericón, Chano, el Beni o Mariana Cornejo. Esto sigue. Se mantiene en la voz de David Palomar, continuador de la escuela del maestro Lobato por cantiñas. Y en la de José Anillo, que va de verdad a la malagueña. Y en la de Ana Salazar, que es la última cantaora-bailaora que queda. Pero, sobre todo, en Cádiz ahora se baila como nunca. María Moreno estrenó para la danza jonda la canastera de Camarón. Edu Guerrero enseñó sus potencialidades por seguiriya. Y Juan José Villar le bailó a su padre, el mítico Juan, con las piernas como rayos. Ese fue uno de los momentos grandes de la noche. Juan Villar haciendo su repertorio de Alfonso de Gaspar. El gran dinosaurio gaditano diciendo las letras limpias, habladas, y siempre a compás. El hijo de la Jineta es un diamante que el flamenco tiene que custodiar en su caja fuerte. Porque el día que se pierda se acaba una época.

Sólo por escucharlo a él con la guitarra rabiosa de Periquín Niño Jero ya habría merecido la pena pagar la entrada. Pero encima apareció el Junco. Un bailaor como la copa de un pino. Por tientos tangos. A media altura los brazos. Parando el baile con remates de verdadera enjundia, haciendo cosas del maestro Canales en Triana, pero con toda la Tacita en las caderas. Juan José Jaén no sólo baila muy bien. Bailando muy bien hay muchos. Baila con profundidad, con sentido, sin caer en la tentación del virtuosismo técnico. Baila, dicho más claro, para mandar en esto. Pero por alguna razón extraña apenas tiene oportunidades en solitario. Y se merece al menos una. El Junco es, hoy por hoy, el gran flamenco de Cai. Porque por mucho levante que sople, él mantiene este misterio en pie.