Espectáculo de flamenco celebrado en Barcelona
Espectáculo de flamenco celebrado en Barcelona - EFE

Una fundación independentista asegura que «el flamenco es catalán»

El autor del estudio sostiene que «la lengua castellana adoptó en forma de préstamo la palabra flamenco, y otros términos que terminan en -enc, y los adaptó» y defiende la «deslegitimación del relato fundacional» de la nación

SevillaActualizado:

El Institut Nova Historia, organismo revisionista subvencionado por la Generalitat de Cataluña, sigue sumando símbolos de España a su reivindicación independentista y, además de Cristóbal Colón, Cervantes o el Lazarillo de Tormes, ahora también sostiene que «el flamenco es catalán». Sin inmutarse. El estudio está firmado por el profesor de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Barcelona Francesc Magrinyá Torner, que también es militante de Barcelona en Comú (Podemos), y se titula «El flamenco es catalán: estudio, reflexiones y deducciones».

Esta investigación, consultada íntegramente por este periódico, no se basa en la enumeración de los artistas flamencos que ha dado Cataluña, que han sido muchos y, además, bastante importantes, como Carmen Amaya, Juan el de la Vara, la Chana, Mayte Martín, Miguel Poveda, Duquende o Montse Cortés. Tampoco se centra en los impulsores de la rumba catalana como el Pescaílla, Peret o el Gato Pérez.

Es más, tampoco habla de Rosalía, que muchos están queriendo vender como la gran revolución jonda del siglo XXI a pesar de que su relación con esta música es sólo fronteriza. El núcleo del estudio es lingüístico, a pesar de que su autor no es filólogo, y se fundamenta en el sufijo «enc», que para Magrinyá es catalán, lo que le lleva a concluir, de forma esperpéntica, que el término «flamenco» es «unívocamente catalán y occitano, como todas las palabras que terminan en -enc». En su opinión, «la lengua castellana adoptó en forma de préstamo la palabra flamenco, y otros términos que terminan en -enc, y los adaptó», por lo que «el baile flamenco debe tener un origen catalán».

El «investigador» llega a esta conclusión a través de una alianza estrambótica del arte jondo con Cristóbal Colón: «Sería en 1998 cuando empecé a interesarme de verdad para las teorías en torno a la catalanidad de Cristóbal Colón. En ese año había aparecido el libro Brevísima relación de la destrucción de la Historia de Jordi Bilbeny. Me impactó. Y recuerdo que a continuación lo relacioné con el libro del ibicenco Nito Verdera titulado Colón ibicenco, que yo había visto publicado unos años antes. A Colón ibicenco, el investigador pitiuso defendía la catalanidad lingüística del descubridor europeo de América y le hacía nativo de la isla de Ibiza. En verdad lo hacía, pues, ibicenco en castellano, un adjetivo que es una adaptación clara e indudable de nuestro ibicenc».

Lo siguiente tampoco tiene desperdicio: «Desde otro orden de cosas, todos hemos aprendido, día sí día también, a través de la radio, televisión o en muchas publicaciones escritas o digitales, que el término flamenco designa un tipo de baile. O bien hemos leído esta palabra en carteles que anuncian en letras muy grandes un espectáculo en el que este baile flamenco hace un papel muy importante. Aún más, todo el mundo sabe que si un catalán hace estancia en uno de los países europeos que nos rodea, los nativos siempre acaban recordándole a modo de cumplimiento que proviene del país de los toros, de la sangría, la paella -palabra bien catalana, por cierto- y ... el flamenco.

Flamenco en castellano, claro, pues todo el mundo sabe que los forasteros tienen asumido que el flamenco es uno de los símbolos de la españolidad o nacionalismo español. Es así como lo han interiorizado. Ya sé que descubro la sopa de ajo si digo que si los extranjeros lo han asumido así, ha sido porque antes lo han creído los mismos españoles. Ahora bien, pero ... ¿y si resulta que el flamenco no se originó en España / Reino de Castilla? ¿Y si resulta que la palabra no es genuinamente castellana? Entonces, si mi teoría es correcta y a la vista del derrumbe de los otros pilares del mito nacional español, no hay que ser muy vivo para afirmar que profundizaría casi por completo en la deslegitimación del relato fundacional con que esta nación / estado, creada de hecho en 1716 por los decretos de Nueva Planta (1707/16) contra los estados de la Nación Catalana, se presenta al mundo para ser allí reconocida y aceptada».

Para empezar, el sesudo «investigador» cree que el flamenco es sólo un baile. Y además sitúa su origen en los comienzos del siglo XVIII en el Reino de Castilla. Si hubiera leído un poco más antes de esbozar esta disparatada hipótesis sabría que el flamenco no es sólo un tipo de danza, sino también un tipo de música que se interpreta sin baile y que tiene sus raíces musicológicas en gran parte del folclore desarrollado en Andalucía. Y también se habría enterado de que la palabra flamenco no aparece relacionada con este arte hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX. Su etimología nunca ha estado clara, por lo que se trata de un misterio sin resolver aún. Y Magrinyá aprovecha esa laguna para colarse con una teoría descabellada con la pretende «probar que flamenco es un préstamo del catalán flamenc» porque él ha encontrado nada menos que 115 palabras con este sufijo.

Habría tenido más sentido, tal vez, que se hubiera agarrado a otro argumento mucho más de actualidad para defender su postulado: el flamenco es catalán porque los flamencos -de Flandes- son los que le dieron cobijo a Carles Puigdemont en su huida.