Carlos Wamba
Carlos Wamba - ABC
Literatura

Homenaje a Carlos Wamba, poeta oculto, corazón abierto

El Centro Andaluz de la Letras organiza este miércoles una mesa redonda en torno al escritor sevillano fallecido este año

SevillaActualizado:

A Carlos Wamba (Sevilla, 1960-2018), poeta, narrador y profesor, le ofrece este miércoles a las 19.30 horas en la Biblioteca Pública Infanta Elena, un homenaje, merecido como pocos, el Centro Andaluz de las Letras. A él acuden el director del CAL, el excelente poeta Juan José Téllez, como moderador e inspirador de la iniciativa, y la profesora Helena González como compañera de departamento, fiel amiga desde los pupitres de la Facultad de Filosofía y con la que compartió la pasión melómana de una multitud de las joyas semiocultas de la música.

La mesa la completan dos poetas de larga trayectoria, José Julio Cabanillas, buen consejero en su veteranía de poeta esencialista, y Jesús Aguado, que con toda su maestría de poeta, editor, conferenciante y traductor, viaja generosamente desde Barcelona, donde hoy vive, como ya hizo hace unos años para presentar el «Bestiario personal» de Carlos Wamba, y en este caso para poner al día aquellos años iniciáticos, a mediados de los 80,en que surgieron en Sevilla iniciativas tan excitantes como la editorial Mágico Íntimo o publicaciones como Claros del Bosque, Er, Los Cuadernos de la Roldana, Figura, Fin de Siglo, Último Legado o Rara Avis, de cuya directiva, en este último caso, formó parte de manera decisiva el propio Carlos Wamba.

En la mesa redonda participan este miércoles Juan José Téllez, Helena González, José Julio Cabanillas y Jesús Aguado

Años de efervescencia, de sueños cumplidos pero también de certezas que comenzaban a resquebrajarse, sin que por ello Carlos dejara de ser fiel al convencimiento de que la imagen convertida en palabra precisa nos iba a seguir iluminando por dentro.

Carlos Wamba ha sido un poeta secreto para muchos a pesar de ser el autor de una producción extensa e indeclinable a lo largo de los años, y sin embargo de edición extrañamente escasa. Un poeta y narrador de vocación irrenunciable y sucesiva: «Cada día un poema»: así nos dicta un personaje humorístico y utópico, dibujado por él mismo con línea clara y risueña, que en todo momento le acompañaba en el escritorio como un talismán, como tantos talismanes impensables le rodearon en vida.

Exquisito en sus querencias, eterno seductor de mirada magnética, de conversación ocurrente e incisiva, a Carlos Wamba ninguna expresión estética le podía resultar ajena, siempre que pasara necesariamente por el dominio de la imaginación: tan afilados son sus relatos, siempre lejos del costumbrismo, como incisivos son sus apuntes «filosóficos»; y tan poéticos sus dibujos a vuelapluma, como visuales y musicales son sus poemas, perfilados, alados y sin la más mínima concesión al prosaísmo.

Precisión de la palabra justa

Sus poemas, sus relatos: en todo momento fieles a la precisión de la palabra justa, al pensamiento abstracto siempre airoso y a la sorpresa final, como en un haiku meridional, del humor más elegante.

La de Carlos Wamba es una poética vitalista, sensorial y potente, concebida contra todas las ortodoxias, como aquellas que nos hicieron creer que el verso es una sucesión de palabras tan lujosas como declinantes, o como la triste mimética autoelegíaca de poetas sin nervio, sin sensualidad y sin imágenes.

Contra viento y marea, siempre fue reacio a las beaterias de las capillas literarias, nunca ofició el culto a la moda del momento, y en todas sus épocas se mantuvo fiel al poder de la sorpresa y al dictado de los sueños, materia recurrente y transfigurada de sus textos.

«Entre los juncos y la baja tarde, ¡qué extraño que me llame Federico». Dos versos de Lorca que le marcaron desde la infancia: la extrañeza de la plenitud, la mística laica y secreta de la revelación momentánea, el descubrimiento instantáneo de la propia identidad: ni más ni menos, la materia oculta de todo poema.

La posteridad se mueve muchas veces por movimientos casuales y seguramente se retrae con demasiada frecuencia por la inercia o la ignorancia. La calidad, ya se sabe, es escasa, y su reconocimiento también es a veces esquivo. Pero ahí quedan como dardos lanzados con pericia sus imágenes certeras, sus construcciones de ética sin moraleja, la obra de un poeta oculto y el ejemplo de un corazón abierto.

Corazón abierto atento a la escucha y dispuesto al consejo bien medido. Poeta oculto para muchos, que no por falsa humildad (la humildad verdadera va por dentro y siempre en pugna con la incertidumbre), y ni remotamente por voluntad de hermetismo, por más que su poesía, clara y limpia, naciera de la fuente insondable del misterio.

¿Porqué escribir sobre lo evidente, si existe lo inexplicable? Poesía semioculta la suya, porque a pesar de su perseverancia, y por más que parezca mentira, solo un libro llegó a publicar, esa maravilla de «Bestiario personal» primorosamente editado por la editorial Baile del Sol con ilustraciones de Horacio Hermoso, además de apenas un puñado de poemas, relatos y artículos que dejó desperdigados entre revistas, periódicos y alguna que otra antología ya lejana.

No hay ninguna duda: a Carlos Wamba el porvenir le debe cuanto ha escrito, como en el verso de Machado. Un material literario abundante, variado y disperso y en su mayor parte inédito, como su espléndido libro de poemas «Desiertos y otros desiertos», una y otra vez perfilado y listo ya para el que esté dispuesto a su publicación.

Fue practicante confeso de los benditos pecados capitales, pero eso sí, solo de aquellos que tienen por objeto el gozo de los sentidos y el arte de vivir, únicamente aquellos que no lastran la lealtad ni alimentan el sufrimiento propio ni el ajeno. ¡Ay, qué sería de la vida sin esos deslices capitales que nos avivan el alma y el cuerpo!

Porque sus poemas son el reflejo exacto de una extraña mezcla de espiritualidad y de mundanidad, la del personaje de aire excéntrico y disperso, despistado y un punto extravagante que no todo el mundo supo entender al primer vuelo, pero que siguen encarnando una imaginación desbordante, un finísimo humor y una desarmante ternura, precisamente porque siempre la mantuvo al filo del pudor.

Escritos en su mayor parte inéditos

Nos queda su recuerdo y nos queda la abundante miscelánea de sus escritos, en su mayor parte inéditos: poemas, cuentos, dibujos, algún guión de cine, microrrelatos, humoradas, reseñas de cine, de literatura y de música, conatos de obras teatrales, sátiras sutiles y aforismos afilados. Sí, nos ha dado mucho a cambio de muy poco, como sólo puede generar una vocación poderosa y delirante que nace de un trabajo tenaz, perseverante y solitario.

Sus poemas y relatos son su ahora su reflejo y la garantía de su permanencia, porque para siempre va a pervivir en su palabra -tan visual y tan exacta- el recuerdo de su mirada limpia, penetrante y abismal.

El final del último poema que escribió, del que tengamos constancia, es tan misterioso como un epitafio indeseado: «Las estrellas nos hicieron cálidamente, /nosotros somos estrellas. / ¿Cómo nos podemos negar?».

Para el que no tuvo la suerte de conocerle, quedan sus textos, que son una fortuna. Para los que le conocimos de cerca, la deuda es aun mayor: es mucho lo que le debemos a Carlos Wamba sus amistades, sus alumnos y lectores.

«En capas finas, como cae el recuerdo/se va asentando el hielo, despacio,/ cubriendo sin sentir, tapando,/ velando como la sábana que cierra los ojos./ Como la luna que acoge,/ como el amigo, que no se despide./ Como se cierra un libro».

Te doy un abrazo, maestro de la vida, prestidigitador de la palabra, artista del alma, amigo inolvidable.