José Luis Cienfuegos
José Luis Cienfuegos - VANESSA GÓMEZ

Festival de Cine Europa de Sevilla 2018«Huimos de hacer del Festival de cine europeo de Sevilla 2018 algo exquisito para un gueto cultural»

El responsable del certamen cinematográfico desgrana las claves de una edición que se celebrará desde mañana hasta el 17 de noviembre

SevillaActualizado:

La llegada de José Luis Cienfuegos hace seis años a la dirección del Festival de Sevilla de cine europeo no solo relanzó al certamen dentro del mapa cinematográfico español, sino que lo ha dotado de unas señas de identidad que lo han hecho crecer hasta los 75.000 espectadores la pasada edición.

Este viernes inaugurará su XV edición, que presentará hasta el 17 de noviembre una programación, ya marca de la casa, que combina a referentes del cine europeo actual —Olivier Assayas, Abdellatif Kechiche o Nuri Bilge Ceylan— y el homenaje a grandes maestros —el sueco Roy Andersson— con propuestas que buscan nuevos lenguajes cinematográficos y con ese otro cine español que apenas llega a las salas comerciales, con directores como Albert Serra y Víctor Moreno, pero que después seleccionan los certámenes internacionales.

En total, serán 220 películas, con 35 estrenos mundiales y 116 estrenos internacionales, que muestran la vitalidad que ha proporcionado el equipo que dirige Cienfuegos a un certamen que no renuncia a seguir creciendo en el futuro. «Este festival tiene un potencial enorme, ha crecido y puede crecer», señala su director.

Resúmame en cuatro ocinco ideas la XV edición del Festival.

La gente que acuda al festival se va a encontrar con un cine que está cuestionando ahora mismo la Europa que estamos viviendo. Cineastas europeos que vienen a defender un cine diferente y singular. No ha sido un «a priori», pero la programación de este año es muy beligerante, cuestiona el momento social y político, y le va a hacer muchas preguntas a la cara al espectador. Va a ser un festival más retador que en anteriores ediciones.

¿Qué otras líneas se pueden encontrar en la Sección Oficial?

La no ficción ha entrado con fuerza en la Sección Oficial.También un cine feminista, absolutamente militante y exigente, con una manera de hacer cine poco académica que está rompiendo tabúes. Una película como «M», por ejemplo. Era inimaginable que una mujer se metiera a hacer un documental en un universo cerrado, como es el de los judíos, para hablar del de los abusos sexuales. No me imagino hace diez años una película así. Son cineastas muy coherentes, además, con la línea de programación del festival y que se han incorporado con total normalidad.

Hay películas españolas, todas las que se salen de la ficción que promocionan las televisiones, que se ven en este festival o similares, o no se ven.

Ese tipo de cine comercial que se ve en España no trasciende el ámbito doméstico. Ahora se está desarrollando una estrategia por parte del Icaa de reforzar y potenciar el nuevo cine español que es el que obviamente está interesando en los festivales internacionales en los últimos años, mucho de este cine español que se ha presentado aquí en este festival.

De hecho, han querido darle un empujón a ese cine español, que se veía en la sección Resistencias, confrontándolo con el de fuera en la nueva sección Revoluciones Permanentes.

Sí. Intuíamos que después de cinco años en Resistencias necesitábamos dar un salto y que esas películas dialogaran con otras películas europeas similares, que muchas veces se nos quedaban fuera del festival porque no teníamos donde programarlas como se merecían. Es como un juego de espejos que será bueno para las películas europeas y las españolas. Esas películas no había que esconderlas sino todo lo contrario y hay dos películas de no ficción españolas en la Sección Oficial. Es obvio que sería más fácil programar otro tipo de películas españolas en esa sección, pero creo que es ahí donde somos más útiles a las películas.

«The Square» ganó en Cannes y no aguantó ni un mes en cartelera, no siendo una película formalmente árida o difícil. ¿El cine de autor se está convirtiendo en algo para iniciados?

Es contra lo que hay que pelear.

¿Falta educación audiovisual?

Claro, de educación y de pérdida de referentes. Los referentes ahora para el público joven no son los mismos que para el público que tiene formación de cine clásico o de la generación que ahora tiene cincuenta años. Nada que ver. Sí es verdad que lleva un poquito más de trabajo encontrar esos puntos en común con esos nuevos públicos, el público está en continua evolución, entonces hay que engancharle. Películas de referencia hace quince años ahora son desconocidas o no significan nada y eso hay que tenerlo claro con el público joven.

¿Hasta qué punto conoce ese público clásicos como «El Padrino» o «Los siete samuráis»?

Habla de un universo que les es absolutamente extraño. Afortunadamente, en Andalucía se está desarrollando por parte de la Junta el aula de cine, que es modelo en España y en Europa y hay que decirlo.

¿El compromiso con el cine de autor debe ir de la mano con programas educativos del festival como Europa Junior o Cinéfilos del Futuro?

Muchas veces se sorprenderían los escépticos o los que no ven esperanza con el tipo de películas que defienden los jóvenes programadores del festival, a los que damos unas películas para que ellos seleccionen, programen, y las defiendan durante el festival. Este año, una de las películas que han elegido es «Endless Tail», que es la película narrativamente más libre que tenemos en la selección.

¿El festival tiene ya un espacio propio dentro del panorama de festivales españoles?, ¿el espectador que venga a Sevilla sabe que se va a encontrar el cine europeo más arriesgado y menos acomodaticio?

Sí, eso es algo que siempre nos ha gustado a la hora de programar. Pero huimos de convertir este festival en algo exquisito para un gueto cultural, es todo lo contrario. Nosotros planteamos el ejercicio bonito de que sea el propio espectador el que diseñe su programa, porque si coges la programación, te puedes marcar una ruta que puede que nada tenga que ver con la de un crítico especializado. Cómo se combinan esas películas en el festival creo que es lo bonito. Hemos peleado y seguimos peleando por ser un festival abierto, independientemente de que se especialice en determinado tipo de cineastas. Pero nada más alejado de querer ser un festival solo para exquisitos y entendidos. Lo que queremos transmitir es: no tengan prejuicios, acérquense al festival, porque no hay tantas barreras, es todo mucho más relajado, cercano y accesible de lo que pueda parecer desde fuera.

La figura del homenajeado Roy Andersson es una buena metáfora de lo que puede ser el festival: un cineasta de culto, con exigencia formal, que habla de la sociedad de su país.

Claro, y su particular sentido del humor y ese cierto distanciamiento, tensar la cuerda, llegar a los límites de lo permitido en el humor, jugar con el tiempo… Y, además, aunque no lo hicimos a propósito, nos traemos a Roy Andersson el año del centenario de Igmar Bergman. Andersson fue muy crítico con él, no solo como cineasta sino con su posición política con la Segunda Guerra Mundial como en los años sesenta, ese tipo de ejercicios nos gusta proponérselo a los espectadores. Sin los cineastas los festivales no serían lo mismo y este no estaría en el buen momento en que está.

Esta edición va a ser especial porque Sevilla va a acoger en diciembre la gala de la EFA, además del tradicional anuncio de las candidaturas, ¿esto es un reconocimiento?

Es reconocimiento a la propia ciudad de Sevilla y a un proyecto de festival, a la visión clara que tuvo Manuel Grosso, y se mantiene ese espíritu, de decir quiero hacer un festival de cine europeo y quiero programar a cineastas exigentes como Bela Tarr y las grandes películas con el sello de la Academia del Cine Europeo.