Jesús Espinosa. DÍAZ JAPÓN

Jesús Espinosa, Músico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla: «Nunca se debe tomar al público como rehén. Pasarán años hasta que se cure el daño hecho»

Por JESÚS ÁLVAREZ
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En la Filarmónica de Viena, que tiene 120 años de vida y es el orgullo de la ciudad (donde estudió, por cierto, Jesús Espinosa) nunca se ha dejado de dar un concierto en todo el siglo XX, aunque sus músicos, cabreados por el convenio o con su gerente, han llegado a tocar con chanclas playeras y gafas de sol. Uno de los intérpretes más famosos y celebrados de Bach terminó un concierto en paños menores y el conservador público vienés le aplaudió.

En la Sinfónica, sin embargo, la lucha por el convenio dejó vacío el foso en el espectáculo más esperado de la temporada y Jesús Espinosa, «tutti» de contrabajo desde 1994, se avergüenza públicamente de ello. Espinosa, que fue presidente del comité de empresa de la Ross durante un año, se formó con el maestro Sala en Barcelona y el maestro Ackermann en Viena. Y tocó con la Orquesta Nacional de España bajo la batuta de Jesús López Cobos, y en la Maurice Ravel Kammerorchester de Viena, entre otras.

-López Cobos ha dicho que los músicos de la Sinfónica tomaron como rehén al Teatro Maestranza y al público en «Otello». ¿Qué opina?

-De alguna manera fue así, se tomó al público de rehén. al haber hecho la huelga en una producción del Teatro Maestranza y no de la Sinfónica.

-¿Quiere decir que se utilizó el prestigio de López Cobos o del barítono Carlos Alvarez, que debutaba en el rol de Yago, para presionar sobre un convenio laboral?

-Creo que se ha aprovechado la coyuntura de una producción de gran calidad nacional e incluso internacional.

-¿Y teme que eso se repita en el futuro con otra ópera?

-Espero que no, con mi apoyo, al menos no contará. Pero yo espero que los músicos tomemos conciencia del alcance de las protestas que se han hecho y pueden hacerse y que, en consecuencia, no se repita una huelga.

-¿Cree que volverá López Cobos al Maestranza?

-Después de lo ocurrido, no creo que vuelva hasta pasados unos años. -¿Por qué no hizo usted huelga cuando las reivindicaciones planteadas le parecen razonables?

-Mis amigos y mi familia me aconsejaron que la hiciera «para no señalarme». Una hora antes del concierto, tenía un gran estado de angustia, pero no creo que la huelga sea el camino bueno para resolver las cosas. Al final decidí hacer lo que sentí: defender la libertad individual de pensamiento. Hay mil formas, con un poco de imaginación, de llamar la atención sin darle la espalda al público.

-¿Los músicos pueden actuar como trabajadores de Lipasam? Lo preguntó en alto la delegada del Area de Cultura, Paola Vivancos.

-Creo que no, pero tampoco creo que se haya querido hacer eso.

-¿Cree que ha quedado en entredicho el prestigio de la Orquesta?

-Tendrán que pasar años, en mi opinión, para recuperar el prestigio perdido en una noche, si es que se recupera. Hay algo amargo en todo esto.

-¿Puede este conflicto, si no se resuelve pronto, poner en duda el futuro de la Orquesta, incluso su supervivencia?

-Más que la supervivencia, lo que yo creo que se produciría, si esto no se soluciona, sería un gran divorcio entre nuestro público y la orquesta. Y me refiero a un público que nos ha apoyado desde el primer momento.

«Mal rollo»

-¿Cómo es el ambiente en este momento entre los músicos, tras los abucheos del lunes y la persistencia del conflicto?

-Es muy tenso, de muchos nervios, tanto entre los que hicieron la huelga como entre los que no la hicimos. Quiero agradecer a los compañeros, aunque pocos, que me tendieron la mano cuando les dije mi personal decisión.

-¿Cómo se ha llegado a este «mal rollo» entre los músicos?

-Hay culpa por las dos partes. Y la Gerencia tampoco ha facilitado la comunicación entre nosotros. Eso hubiera traído una implicación colectiva de los músicos en el proyecto de la Orquesta que quizá no hay. Nos enteramos de las cosas por la prensa. Y eso crea mal rollo y falta de complicidad. Pero no hay facciones, como se ha publicado, ni yo lidero ninguna facción.

-¿Y no se nota esta tensión que existe ahora en la Orquesta al llegar al foso y empezar a tocar?

-Sería lo normal, pero hasta ahora ha pasado una cosa curiosa. Cuando llega la música, esta tensión desaparece y el barco va hacia adelante. Ojalá siga así siempre, pase lo que pase.

-¿Qué sintieron el lunes cuando el público les abucheó, a pesar de la soberbia actuación que tuvieron?¿Les pareció justo?

-Sentí rabia, tristeza y frustración. Artísticamente no era merecido ese abucheo, pero lo comprendo. La verdad es que me lo esperaba, porque el viernes se le había dado la espalda al público. Estaban en su derecho.

-¿Calificaría al público sevillano de paciente y leal?

-Hasta ahora sí. Nos ha apoyado mucho desde el principio, yo diría que con entusiasmo.

-Lo de hacer una ópera a piano, cosa que nunca había sucedido en Sevilla y, contadísimas veces, en España, ha sido tan llamativo que los medios nacionales lo han considerado más noticioso que la presentación de la temporada en el Teatro Real que hizo el miércoles López Cobos. Le preguntaron más por Otello que por otra cosa. ¿A usted qué le parece que la Sinfónica de Sevilla se haga famosa por esto?

-Me parece lastimoso, la verdad. Pero también me parece lastimoso que la Sinfónica no salga en los papeles cuando hacemos una quinta de Mahler.

-Con tantas nacionalidades y culturas tan distintas como se dan en esta orquesta debe ser complicado navegar en una misma dirección...

-El cosmpolitismo de esta orquesta es una de sus grandes virtudes.

-¿Le parece compatible con la dirección artística de la orquesta un horario únicamente de mañana?

-Creo que se ha explicado mal el tema de los horarios. Es normal no sólo en los países del Este sino en muchas orquestas españolas y europeas el agrupar los ensayos en mañana o tarde. Si no hay trabajo individual en casa, eso es la decadencia artística y técnica de una orquesta.

-Se dice que este horario es para dar clases particulares por la tarde o montar academias de música, como ya hay algunas de miembros de la orquesta, y no para prepararse las partituras, como se asegura desde el comité de empresa.

-Me remito a la respuesta anterior.