RAÚL DOBLADO

José María Báez, pintor: «La pintura ha muerto, no el arte»

El artista presenta en la Sala Chicarreros de Sevilla «Pinturas grises», una colección de obras de finales de los ochenta e inicios de los noventa marcadas por la ausencia de color y referencia a la muerte y el sida. Desde la perspectiva, Báez reflexiona sobre su obra y sobre la pintura que muere

RAÚL RAMOS/
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José María Báez es un apasionado de la literatura que ha convertido la pintura en profesión. Y de estas dos vocaciones se nutre su obra, repleta de citas textuales y reflexión geométrica. Sobre el espacio. A través del color. Habitual en Arco con la galería Rafael Ortiz de Sevilla, el pintor defiende que las certezas han terminado, la seguridad no existe en la sociedad y, mucho menos, en la creación plástica. La Sala Caja San Fernando acoge desde el pasado lunes su exposición.

-De la exposición «Pinturas grises. 1988-1993» que ha inaugurado en la Sala Chicarreros de Sevilla. ¿Qué define su obra durante ese período?

-Recoge obra que tenía una caracterísitica común: la abundancia de grises, anque quizás se debería hablar de ausencia de color. El tono de los cuadros es austero, la mayoría son acrílicos sobre papel entelado. La ausencia de color dio uniformidad a mi obra en este tiempo. Además, hay cierto tono sombrío en las citas, pues hay varias referidas a la muerte y al sida, en un momento en el que se silencia la enfermedad y comienzan a fallecer algunos amigos. Cuando terminó este período comencé a utilizar más el color.

-¿Por qué apuesta por los discursos interdisciplinares, la conexión entre la pintura y la literatura?

-Simplemente porque mis comienzos estuvieron dedicados la escritura. Después ganó la pintura. Más tarde, en mis pinturas de textos pude materializar las dos vocaciones. El recurrir a textos ajenos casi te permite una doble autoría. Porque los sacas de contexto. No tengo «mono» de seguir escribiendo, pero al final he optado por unir la pintura y la escritura. Curiosamente la exposición «Pinturas grises» marca el momento en el que el texto tiene mayor protagonismo. Los fondos geométricos de esta obra son muy reducidos.

-¿Queda algún texto que quiera llevar a su obra?

-Ya he utilizado muchas procedencias, desde fragmentos musicales hasta novelas pornográficas -presentes en la exposición de Sevilla, en inglés para pasar mas desapercibido-. Hay de todo. Trabajo con un diario en el que voy recogiendo notas y frases que me puedan interesar. No todo el texto vale. Dependiendo del momento, me han gustado cosas más oscuras o más explícitas.

-¿Le veremos haciendo alguna vez figuración?

-En los ochenta hice mucha figuración. Cuando te dedicas a una pintura nunca te interesas por la contraria. De todas formas, el argumento de enfrentar tendencias ya no tiene sentido. Casi ningún pintor tiene esa enfrentamiento. La pelea está superada. ¿Volvería a la figuración? No lo sé. Cuando estás trabajando aparecen nuevas vías. Las certezas y las certidumbres son cada vez menores. Nunca tienes una seguridad absoluta de hacía donde te va a llevar la dinámica de trabajo.

-¿Cómo se plantea la expresión de la geometría, la reflexión sobre el espacio?

-El antecedente está en la exposición de Sevilla. Los fondos están muy elaborados, pero no hay una presencia fuerte de la geometría. Los fondos son neutros desde el punto compositivo, aunque sean ricos desde una perspectiva plástica. A partir del trabajo con el color se empieza a jugar con la abstracción geométrica, siempre con la mirada puesta en nombres del arte muy concretos a los que quise «sacar punta». Si el color cobra protagonismo, te exige que el fondo sea autónomo. Ha de tener valor sin texto habría de tener validez el fondo. Me cuesta trabajo cuando hago un fondo, sacrificarlo con el texto, aunque permita otra interpretación en ambiguedades y complicidades.

-¿Es consciente de que su obra puede ser incomprendida? ¿El conocimiento del arte es clave para acercarse a la contemporaneidad y no a los clásicos?

-El arte exige conocimiento. Tenemos la idea de que sólo el arte contemporáneo lo necesita. Y es falso. Para acercarte a cuadros antiguos también necesitas dominar unos códigos. Si tienes un nivel de información determinado aprovechas muchas claves. Lo que sucede es que el arte contemporáneo es fruto de la eclosión de inicios del siglo XX -también muy antiguo, la abstracción tiene ya cien años-. La aparición de la fotografía o la liberación del arte como valor de historia son factores que modifican la situación. Ahora se cuestiona hasta el propio papel del arte. En un artista como Sorolla sorprende su contundencia. Pinta con seguridad en el valor de la pintura. Eso ya no se puede hacer. No hay pintor que tenga certezas porque la pintura ha muerto. El arte representa cosas distintas a las que encarnó en la antigüedad. Ahora sabemos que la Tierra es perecedera. La fragilidad del arte contemporáneo permite trabajar con elementos efímeros. El tiempo de hoy es frágil y peligroso. Eso es difícil de entender si tenemos la mentalidad del siglo XIX. La gente es consciente de que nuestra época es más frágil que la anterior y, sin embargo, exige al arte que le dé las certezas. Esa paradoja la tiene que asumir la sociedad que es la que ha de adaptarse al arte.

-¿Cómo puede decir un pintor que la pintura ha muerto?

-Se anunció hace tiempo por los profetas. Es verdad que durante este tiempo la pintura ha muerto, no el arte, que ha dado maravillosos ejemplos. Y me duele mucho estar presente en este tiempo; quiero a la pintura y tengo que darle la razón a esas voces que anuncian una muerte real. Eso nos lleva a crear de una manera especial, con cinismo. Ahora llevo a ARCO una pieza grande que, francamente, es muy cínica. Es una pintura cínica con todas las de la ley.

-Mucho tiempo sin exponer en Córdoba.

-Hay un proyecto en marcha de la Fundación Botí que reúne a artistas de fuera con gente de Córdoba. Creo que se presentará esta temporada. Los dos artistas de Córdoba somos dos colegas que comenzamos a trabajar en esto al mismo tiempo: García Parody y yo.

-¿Reconciliación expositiva?

-Me hubiera gustado tener una presencia más activa, pero no puedes hacer nada sin espacios expositivos.