El artistay sus reflexiones plásticas, entre el consciente y el inconsciente./RAÚL DOBLADO

Manolo Garo:«Ahora sé hacia dónde quiero ir y que tengo algo que aportar»

«El medio» supone la eclosión personal y profesional de Manolo Garo. Una colección de obra reciente en la que el creador objetiva su mundo interior por medio de planteamientos estéticos

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Lejos de constituir una frustración profesional, Manolo Garo considera «una ventaja» el hecho de haberse mantenido apartado del circuito expositivo a lo largo de varias décadas de dedicación subrepticia al arte. Con «El medio», su primera exposición individual, que se exhibe hasta el próximo día 21 en la galería Margarita Albarrán (C/ Mesón de los Caballeros, 2), este artista melillense, afincado en Sevilla, ha sacado a la luz su producción más reciente, una serie de obras realizadas durante los últimos meses en las que se asienta oportunamente la madurez artística y la lucidez personal. «Había aplazado realizar esta primera individual, a la espera de una determinada evolución y confirmación como artista y como persona. Esta exposición supone un logro total para mí. Ahora sé hacia dónde quiero ir y estoy convencido de que tengo algo que aportar».

La muestra consta de una serie de veinticinco obras, realizadas en acrílico y técnicas mixtas sobre papel, colección que se completa con una obra que se presenta en dos pantallas digitales por las que discurren textos en movimiento, conformando un doble bucle discursivo de escritura automática, asociado a la literatura estética de cada una de las obras que componen la muestra. «En las pantallas se muestran fragmentos de textos que fueron escritos después de la ejecución de cada obra plástica y que sintetizan, de algún modo, su sentido», explica Manolo Garo, quien añade que «cada texto tiene dos lecturas. Una de ellas hace referencia al rastro del testimonio de la memoria y la otra a la descripción del propio proceso de trabajo que ha precedido a cada creación».

El contexto de producción de estas obras ha determinado irrevocablemente su carácter. Ahondando en las enseñanzas de la filosofía taoísta y la meditación, el artista se abre de par en par a cada creación artística para derramar en ella su universo interior. «Estas obras se generan a partir de un estado de energía interior, que se alcanza entre el consciente y el inconsciente, y que te permite un determinado nivel de observación objetiva, en equilibrio entre el deseo y el miedo. En estas creaciones son una metáfora del sentido de la búsqueda de la objetivación de las propias ideas, sentimientos y emociones, y del ejercicio de permitir que todo esto fluya hacia cada obra. Mis trabajos son el reflejo de determinados momentos emocionales y psíquicos», asegura el autor.

Tras trabajar en anteriores series con formas helicoidales y abordar posteriormente las posibilidades expresivas de las polaridades, Manolo Garo comenzó a desarrollar una inquietud creciente en el bucle como forma esencial que sustentase su lenguaje formal, como él mismo explica: «Suelo realizar varios dibujos previos que me permiten descubrir mi verdadero interés. En el caso de esta serie, en los dibujos aparecieron determinadas formas, a modo de cintas de Moebius, que empezaban y terminaban en el mismo punto, como una serie de ideas que dan vueltas sobre sí mismas. A partir de ahí, comenzó a cobrar sentido el juego a base de opuestos en el que todo debía completarse». Estos trazos infinitos se desenvuelven en las densas atmósferas de color que constituyen el fondo de las composiciones, estableciéndose entre ambos una relación intensa: «Los fondos son lugares inhabitados que reflejan estados emocionales que cobran sentido por medio del dibujo. A pesar de ser independientes, cada uno de ellos existe a propósito del otro. La base del color de estos trabajos es la plataforma en la que siento que soy como quiero ser».

«El medio» constituye un punto de inflexión en la carrera de Manolo Garo, quien compaginará a partir de ahora su labor docente con la actividad expositiva, buscando las afinidades y el enriquecimiento mutuo entre ambas facetas. «Mis alumnos me enseñan a tocar el suelo. Muchas de las cosas que yo descubro tras un complejo proceso de búsqueda, brotan en ellos espontáneamente. La diferencia entre un artista y un niño es que, éste último, no sabe resolver determinadas circunstancias creativas y descubrir su sentido más profundo. El artista tiene la suerte de anticiparse a lo que quiere ser y se compromete con la búsqueda de un lugar donde pueda ser él mismo».