Manolo Giraldo, un filósofo de la aguja y el dedal

Sí, será una filosofía de andar por casa, pero por regla general esas filosofías domésticas son las que dan resultado. Hemos quedado con Manolo Giraldo en el hotel EME de Sevilla y llega hecho un dandi del siglo XXI. Traje a medida de su sastre y maestro Ávila y un foulard al cuello de seda gris, regalo de Mónica Rosón. Pero sobre todo llega con su sencillez a cuestas.
«Empecé con 19 años y tengo 38. Lo primero que diseñé fue un vestido para una amiga que iba a una fiesta de Fin de Año en Canal Sur. Era turquesa, con el cuello halter y una degradación de bordados de pedrería multicolor. Después llegaron otros vestidos, muchos más y llegaron también los errores. Por eso no hay que dormirse; hay que ponerse las pilas y pensar en algo nuevo para sorprender al público. Sorprenderlo en la pasarela, en foros como «Moda de Sevilla», donde hay que agradecer a Rosamar Prieto-Castro, delegada de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla, su confianza en el sector, y a la presidenta del Gremio de Maestros Sastres y Modistos de Sevilla, Carmen del Marco, por estar tan pendiente de nosotros como la mamá Pato. La pasarela es un espectáculo y sirve para tener una imagen y ahí es donde hay que gastarse el dinero. Para la vida cotidiana, la clienta te pide lo básico, prendas para ponérselas en varias ocasiones».
«Tener un traje de Ávila es tener una joya»
-Usted, que no se ha dormido en los laureles, se ha puesto a completar estudios con el sastre Ávila, ¿cómo está siendo esa experiencia?
-Cuando me dijo si quería estudiar con él no pude contestarle. Llamé a mi padre para contárselo y nos emocionamos los dos. Yo era su cliente, porque tener un traje a medida de Ávila es tener una joya. Cuando me regaló los patrones de mis trajes los enmarqué y los tengo en el salón de mi casa. Llevo un año estudiando y es una labor lenta, porque sólo voy los sábados por la mañana. Es muy perfeccionista y meticuloso hasta límites insospechados, claro que así quedan sus prendas. Tiene una vara verde fuerte, aprieta, pero con la amabilidad que le caracteriza. El proceso de aprendizaje es artesanal, todo moldeado. Es otra filosofía de vida, en la que no se puede ir con prisas, pero yo prefiero tener poco y bueno, pero para siempre.
-¿Tiene previsto hacer colecciones para hombre?
-Sí, lo tengo pensado, además de adaptar ese patronaje a la señora. Yo quiero saber hacerlo todo para luego poder enseñarlo. Sí, como Balenciaga. Ahora hay mucho diseñador que no sabe coger una aguja. Hay que saber coser, bordar, drapear, entolar, picar una solapa, hacer un ojal a mano con hilo, planchar e incluso planchar una prenda mientras se hace. Cerezal también lo sabía hacer todo, pero era menos conocido. Antes no se salía tanto, no se hacía tanta vida social ni los medios de comunicación se preocupaban por la moda como ahora. Yo creo que la gente tiene que poner rostro al nombre; hay que hacer relaciones públicas porque estamos en una era visual y hay que salir a la calle.
-¿Usted es diseñador o modisto?
-Yo soy modisto. Defiendo ese nombre porque es más completo. Diseñadores somos todos, aunque yo no sé dibujar. Yo diseño sobre un patrón y voy tocando, viendo el alma del tejido, porque cada tejido tiene un alma y hay que estudiarla.
-Usted habla de la vocación de servicio que debe tener un modisto, ¿dónde se aprende eso?
-La vocación de servicio va más en la educación que en el propio trabajo. Eso se aprende en tu casa, de tus padres. En mi taller todo el mundo tiene cabida y derecho. La verdadera protagonista es la persona, el vestido pasa a un segundo plano.
-¿Continúa también en la línea de que es muy joven para cobrar un precio elevado por una de sus creaciones?
-No quiero envejecer nunca. Tengo que dar saltitos y ser muy prudente. Subir un escalón es para no bajarlo en la vida. Todo es poco a poco, suave, suave.
Alta costura para soñar
-¿Cree que la alta costura debe morir?
-Nunca. No puede morir jamás, incluso para quienes no se lo pueden permitir. Con lo bonito que es soñar, ¿no vamos al cine a soñar?
-¿Tiene sentido en estos tiempos de grave crisis económica y financiera?
-Es ahora precisamente cuando más hay que soñar. La realidad es muy cruda. Leer una revista, ver un desfile es una evasión. ¿No sacó Dior su «New Look» cuando peor estaba el mundo, después de la II Guerra Mundial? Aquello era más alta costura que nunca. De todas formas, nunca llueve a gusto de todos.
-¿Nota la crisis en su taller?
-Se nota, mentiría si no lo dijera. La señora que se encargaba cuatro vestidos al año, ahora sólo se hace dos, aunque la crisis no ha llegado a todos; la crisis afecta a los que se han embargado. Hay señoras que continúan haciéndose el mismo equipo.
-¿Qué recuerdo tiene de su último desfile en Moda de Sevilla?
-Muchísimos nervios, como siempre. Me gustó mucho, pero luego cuando he visto los vídeos y las fotos he encontrado esos fallos que no pueden repetirse. Creo que estoy mostrando una evolución en mi trayectoria, conceptos y cortes nuevos, para forjar una imagen en la mujer, porque ese es mi reto. Allí presenté una colección inspirada en la obra del gran pintor y artista decorador Alphonse Mucha, precursor del Art Nouveau. Sus creaciones se caracterizan por tener líneas sinuosas, femeninas, y estilizadas, mezcladas con toques de arte oriental y bizantino.
-El público y la crítica lo calificó como un modisto llamado a ser de los grandes de Sevilla.
-Eso me da muchísimo miedo porque tengo que responder y no puedo fallar. Nervios y días sin dormir. Es una gran responsabilidad que digan eso. Soy joven y, además, todavía soy estudiante.
-¿Cree que habrá algún día una moda sostenible; es decir, ecológica?
-Puede que sí. Hay que poner los medios y la infraestructura, poner los materiales físicos y que los veamos. Se habla, pero la información no llega a todos.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete