La Moneta, en el Teatro Central
La Moneta, en el Teatro Central - Juan Flores
Bienal de Flamenco de Sevilla

La Moneta, el joven baile viejo

La obra tiene un formato de recital, sin más adornos que unos dibujos proyectados, para rendir su particular homenaje a su tierra, a Granada

SevillaActualizado:

Fuensanta la Moneta (Granada, 1984), rindió en la noche del jueves, ya en la recta final de la Bienal de Flamenco 2018, su particular homenaje a su tierra, a Granada.

La Moneta siempre ha sido una joven bailaora vieja, y es que su baile recio y fundamentado principalmente en sus vibrantes zapateados, se asemeja más al que podemos reconocer en algunas bailaoras de las antiguas cuevas del Sacromonte granadino, incluso en los gestos más característicos, como el famoso «cambré» (echar su cuerpo hacia atrás), que popularizó la bailaora conocida como La Golondrina, y que Moneta hizo ayer en algún momento de su espectáculo.

La obra tiene un formato de recital, sin más adornos que unos dibujos proyectados, y el diseño de luces que en ocasiones no favorece a la artista pues la deja demasiado en oscuro (qué manía les ha entrado a todos ahora por no dejarnos ver la cara del baile…).

La Moneta tomó prestado el título de su obra al también granadino Carlos Cano, «Granada vive en sí misma tan prisionera, que sólo tiene salida por las estrellas» y también la voz de un antiguo cantaor, Pepe Albaicín.

Y Moneta se quedó en su Granada, con un comienzo lírico, al que siguió una estampa casi del Sacromonte en su estar en escena, con la Moneta bailando por bulerías, cerradas, fuertes, recias y con enorme velocidad, y el cante rodeándola y jaleándola alrededor. Bailó Moneta por Cádiz, en una alegría hecha a su forma, sin fijarse tanto en la estructura del baile, sino adaptándolo a su estética. Pasó por los abandolaos y la soleá y siguió por los tangos de Triana. Todo en la Moneta, venga de donde venga, tiene su impronta. El baile racial se impone aquí a cualquier otro condicionante, y sin duda consigue arrastrar con ella a un público que le sigue afín a esta manera tan personal de abordar el flamenco que la singulariza. El peso de la obra recaía exclusivamente en ella, y eso es meritorio.

Especial mención de un guitarrista sin par que anoche acompañó a la bailaora, Paco Cortés, a quien ver en la Bienal este año, aunque sea un instante, es siempre un gran placer.

En el telón de fondo asomaban siempre unos ojos dibujados, algunos reconocibles, como los de Enrique Morente, y al final aparecieron todos los personajes: Mario Maya, Vicente Escudero, Juan de Loxa, Matilde Coral, Carmen Amaya, Carlos Cano, Lorca, los Habichuela, Mariquilla…, imagino que los mitos de esta bailaora que una vez más se rinde ante su tierra.