Enrico Onofri junto a la Orquesta Barroca de Sevilla
Enrico Onofri junto a la Orquesta Barroca de Sevilla - ABC
Crítica de música

La Orquesta Barroca de Sevilla, in crescendo

La formación sevillana, dirigida por Enrico Onofri, dejó en el Maestranza una interpretación sublime

Carlos Tarín
SevillaActualizado:

El esperanzador título que relaciona este programa resume el contenido del mismo, a la vez que nos resulta una metáfora sobre cómo la Orquesta Barroca de Sevilla (OBS) afronta una nueva temporada, entendiendo su habitual discurso barroco -la estética de una crisis permanente- hacia el Clasicismo, período luminoso y estable.

Un día antes de este concierto, se presentaba el último CD de la orquesta, otra preciosidad que añadir a sus anteriores títulos, de la mano de el maestro Enrico Onofri. Y ahí ya anticipaba Ventura Rico la proximidad de la presentación de la nueva temporada, a expensas del presupuesto con el que pueda contar, para ajustar si es necesario (quiere decir, recortar, que difícilmente ampliar) número de conciertos o solistas.

Pero indudablemente, la sensación desesperanzada de principios de temporada devenía en una palpable ilusión al final, dibujando así un enorme «crescendo» (recurso dinámico que aparece en los albores del Clasicismo, por cierto).

Es el sexto disco de la OBS con el maestro de Rávena y, como este programa, se caracteriza por huir de obras y autores trillados, dándonos a conocer una música maravillosa que habitualmente no se oye (Onofri señalaba especialmente a Sammartini, cuya Sinfonía en La mayor, aunque está grabada por la Accademia d'Arcadia, es casi imposible oírla en directo).

Finalizaba cada parte con dos «clásicos», nunca mejor dicho: Mozart y Haydn; pero del primero oíamos la nº 10, compuesta con 14 años, prácticamente todavía con «continuo» y también rara en directo; y la de Haydn (nº 8), casi todavía un «concerto grosso». Y ambas con dos oboes, dos trompas, fagot, si bien la de Haydn añadía la flauta.

Es decir, preclasicismo en estado puro, y una interpretación sublime, donde destacaron desde el mismo Onofri como concertino, el vigor abrasante de Andoni Mercero, la sutileza -y un empuje casi vehemente- de nuestra admirada Mercedes Ruiz, el asiento equilibrado de Rico y, por fin, el detalle minucioso de Alejandro Casal, que pasaba de un lejano color metálico cuando lo colocan detrás, a una presencia extraordinaria cuando lo acercan, dejándonos que oigamos su ribeteado trabajo.

Casi lo mismo diríamos de Guillermo Peñalver, al que se le pudo oír todo y con una expresividad diáfana, seguramente beneficiado por el cortinaje que inusitadamente hacía de reflector. Permítasenos finalmente acordarnos de Valentín Sánchez Venzalá, que no es solista (en la OBS), pero que no ha faltado a un concierto desde la fundación de la orquesta, es puntal imprescindible para su conjunción y que se encarga del futuro relevo desde la Joven Orquesta Barroca de Sevilla. Y por último agradecer y valorar el patrocinio de ELI (Victoria Stapells) para con la música en el Maestranza