El tenebrario de bronce de la Catedral, que se utilizaba en el oficio de tinieblas
El tenebrario de bronce de la Catedral, que se utilizaba en el oficio de tinieblas - Rocío Ruz
Patrimonio musical

Rescatan el primer oficio de tinieblas barroco de la Catedral de Sevilla

Se trata de una de las pocas colecciones de responsorios del siglo XVII conservadas en España, compuestas por Francisco de Santiago

SevillaActualizado:

Hablar de la gran riqueza patrimonial y artística de la Catedral de Sevilla puede resultar tan obvio como recordar el dato de que cuenta con más obras de Murillo (quince) que muchos grandes museos.

Pero el templo metropolitano guarda otros tesoros no tan conocidos por el gran público, como un patrimonio musical que pocas catedrales españolas poseen, con obras de algunos de los compositores más valorados dentro y fuera del país, como los renacentistas Francisco Guerrero y Alonso Lobo, pero que se extiende también al barroco y el clasicismo de la mano de maestros de capilla como Pedro Rabassa y Antonio Ripa, algunas de cuyas composiciones ha recuperado y grabado la Orquesta Barroca de Sevilla.

Recientemente, se ha rescatado otra importante pieza de este tesoro musical: los primeros responsorios barrocos de oficios de tinieblas para los maitines del Jueves y Viernes Santos que se celebraban con toda solemnidad y grandiosidad en una Catedral abarrotada de fieles, pues eran los cultos más señalados del año, conocidos como el Triduo Sacro. Estos oficios de tinieblas se mantendrían en los siglos siguientes, hasta que el Concilio Vaticano II reformara la liturgia.

Se trata de dieciséis responsorios compuestos por el lisboeta Francisco de Santiago, maestro de capilla del templo metropolitano de 1617 hasta su muerte en 1644, y que «constituyen una obra importante no solo por sus valores artísticos, sino también por cuanto representa una de las pocas colecciones españolas de responsorios coservadas en el siglo XVII destinadas a los maitines del Triduo Sacro».

Volver a enseñar un murillo

Así lo señalaba el actual maestro de capilla de la Catedral, Herminio González Barrionuevo, coautor junto al director del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo, Israel Sánchez López, del volumen «Francisco de Santiago en la Catedral de Sevilla» que acaba de publicar el Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÀS) y que ofrece un estudio de estas obras y la transcripción crítica de estas obras para que puedan volver a ser interpretadas de la manera más fiel posible.

«Es como volver a enseñar un murillo desconocido actualmente, pero que fue muy valorado y muy del gusto para la sociedad en la que fue creada», añade Sánchez López.

De entrada, estos responsorios revalorizan la figura de Francisco de Santiago, que sucedió a Lobo en la Catedral de Sevilla y al que puede considerarse, según ambos autores, como el primer compositor barroco del templo metropolitano.

«Asumió definitivamente en su producción musical la técnica y el estilo barrocos», explica González Barrionuevo, y fue «uno de los compositores más reconocidos de la península», con contactos con la Capilla Real de Madrid y apreciado en la corte portuguesa, y con una obra muy extensa, de más de 600 obras, de las que pocas han llegado a nuestros días. La razón: se conservaban en Lisboa y se perdieron tras el famoso terremoto.

En la Catedral de Sevilla se conserva una veintena de ellas en latín: el motete «Concepto Tua» para la Inmaculada, tres himnos y los dieciséis responsorios para el Triduo Sacro, que se copian por primera vez en 1642, dejando atrás los renacentistas, y que se seguirán interpretando hasta el siglo XIX.

De hecho, la copia en la que se conservan estos responsorios de Tinieblas es de 1772, lo que «da una idea de lo importante que era su música para la Catedral, porque 130 años después de ser compuesta, se seguía interpretando con regularidad», señala el director del Conservatorio.

El estilo nuevo

Sánchez López advierte, eso sí, que compararlo con Monterverdi sería una «tontería, porque las maravillas del compositor italiano no se hacen en España. Pero en estas partituras se aprecia en Francisco de Santiago unos conocimientos contrapuntísticos muy fuertes, dentro de una organización armónica muy sólida. Además, el compositor valora extremadamente el texto, dominando la música», lo que se conoce como «estilo nuevo». «Se valora la significación de la palabra y la correlación entre música y texto. El contrapunto se hace más humano».

Estos responsorios se dividían en los del Jueves Santo, para ocho voces en un doble coro; y los del Viernes Santo, para un coro a seis voces. Ambos se interpretaban con acompañamiento de órgano, pero también se podían incluir instrumentos como el bajoncillo o el violón.

«El Triduo Sacro constituía una de las celebraciones más relevantes de la Iglesia, y fue aprovechado por la liturgia postridentina y el ceremonial barroco para desplegar con fuerza los medios litúrgicos y artísticos, y para atraer a la Catedral a unos fieles que disfrutaban con la grandiosidad, y se impresionaban con la teatralidad de la escenografía e iluminación e incluso se conmovían con las interpretaciones musicales», escribe en su estudio el actual maestro de capilla.

Las Tinieblas comenzaban a las cinco y media de la tarde en la Catedral, que en el siglo XVII eran una de las celebraciones con más número de fieles. En estos oficios, mientras se cantaban los salmos de tinieblas se iban apagando las velas del gran tenebrario de la Catedral, de más de siete metros de altura y construido en el siglo XVI, en concreto, catorce de sus quince velas, quedando solo encendida la vela central.

Esta se llevaba así hasta la sacristía, explica González Barrionuevo, una vez terminado el canto del Benedictus. «Después, la capilla realizaba la antífona “Christus factus est”, en canto llano, hasta “usque ad mortem”, y proseguían dos seises hasta el final, comenzando por esa palabra. Luego se cantaba el “miserere”».

«Por como estaban concebidos, esos oficios de unas tres horas de duración mostraban todo el poderío y fuerza de una Catedral como la de Sevilla. Debía ser un espectáculo descomunal, una gran celebración religiosa», señala Sánchez López.