Robe Iniesta en un concierto
Robe Iniesta en un concierto - ABC
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Robe Iniesta (casi) destroza su voz cantando contra todo y contra todos en Sevilla

El cantante y compositor de Extremoduro visitó el monasterio de la Cartuja este sábado, con un concierto de su gira en solitario «Nadie se baña dos veces en el mismo río»

Sevilla Actualizado: Guardar
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«¿De qué sirve un filósofo que no hiere los sentimientos de nadie?», pregunta Robe Iniesta a su público. El de Plasencia, el «Rey de Extremadura», presentó este pasado sábado en Sevilla sus dos trabajos en solitario: «Lo que aletea en nuestras cabezas» y «Destrozares: canciones para el final de los tiempos». Un trabajo compuesto de melodías vestidas con delicadeza de acordeón, violín, clarinete, saxofón y piano, pero que contienen en su interior versos hirientes, punzantes y desvergonzados.

Con este repertorio –tras media hora de espera– se presentó Robe Iniesta, armado de su ejército personal: David Lerman, Lorenzo González, Carlitos Pérez, Álvaro Rodríguez y Alber Fuentes. Nombres sin los cuáles hubiera sido imposible la conquista de tantos teatros y tantas plazas, a los que este pasado sábado también se sumó el Monasterio de La Cartuja. Así, Robe y los suyos empezaron a calentar motores con «El cielo cambió de forma», que abrió el concierto, y «Querré lo prohibido», tras la cual Iniesta avisó: «Vengo de cancelar un concierto porque no me daba la voz, espero que esta noche vaya bien, si no, pues ya cantáis vosotros ¿vale?», anunció con algo de desasosiego entre los aplausos de su público.

Sin embargo, su voz dejó de arrugarse para gritar: «Dime que no soñarás nunca, nunca, con ella». A lo que el respetable respondió con contundencia: «Prometido». Entre el público de Iniesta, que es complejo y variado, uno puede encontrarse desde adolescentes a familias, pasando por un repertorio interminable de roqueros con camisetas de los Ramones, Marea o Extremoduro. Incluso puede darse el caso de que alguien con una camiseta desmangada de Metallica, varios anillos en las orejas, rapado y con una larga perilla, cante los versos de Robe Iniesta, a grito pelado, prometiendo que «nunca soñará con su boca de fresa». Prometido.

Sin dar mucha tregua a su voz ni a la de su séquito, Robe introduce una canción que no habla de hombres ni de mujeres, «sino que habla de amor y de sexo». Los versos de «Por ser un pervertido» inundan el recinto y van a parar «Donde se rompen las olas». Con la luz de un faro que ilumina el mar melódico en el que Iniesta y los suyos van sumergiendo poco a poco al público, suena «Hoy al mundo renuncio». Y Robe, que a su manera ha dejado de lado todas las reglas y que en su balcón «la única bandera que cuelgan son unas bragas negras», avisa casi mordiendo el micrófono, que «vivimos en tiempos en los que la libertad de expresión corre peligro y que cualquier chiste o pensamiento puede herir y ofender a alguien». Entonces, apunta a su público y dispara: «he venido a herir vuestras sensibilidades». Este corolario le sirve como introducción de su «Nana Cruel», con la que consuela a su público, dulcemente, entre versos inquietantes: «duerme, que ahí afuera, solo hay monstruos, que te compran y te venden».

El concierto se aproxima a su ecuador con «Destrozares» y «Guerrero». Aunque, antes del descanso, aún hay tiempo para la apoteosis. Las teclas del piano de Álvaro Rodríguez nos llevan de la mano hacia «La canción más triste» con la que Robe tira dos o tres micrófonos a patadas, mientras apura su voz cansada para rasgar la intimidad de sus versos: «¡He llorado tanto! ¡He llorado tan adentro!». Tanto, que ha apagado hasta el infierno. De este modo, Robe y los suyos dan una pequeña tregua al público, mientras recargan el arsenal con el que han venido no solo a herir, sino a también hacerles cantar, gritar y saltar. «Ahora volvemos», avisa Robe desde uno de los micrófonos que ha tirado al suelo, sin llegar a recogerlo.

Tras la pausa, Iniesta decidió soltar su parte animal con los versos introductorios de «Extremaydura», con los que dio paso a «De manera urgente». Y es que las segundas partes, como en el fútbol, son para los jugadores que saben marcar la diferencia. Por eso, David Lerman (bajista, saxofonista, clarinetista y «showman»), tomó el ritmo del concierto como si fuera un balón y lo hizo suyo. Lo domó, lo golpeó como quiso, lo compartió entre sus compañeros y, además, se hartó de marcar goles. Tanto es así, que incluso se permitió hacer de su bajo una guitarra flamenca. «¡Cohérlo ahí!», gritó Robe, mientras sonaban los primeros acordes de «Cotra todos».

Así, el concierto se precipitó hacia su final, a base de temazos como «Del tiempo perdido» o «...y rozar contigo». A pesar de que la noche se acercaba ya a la una de la madrugada, Robe aún tenía un as en la manga: «Si te vas…», una canción del repertorio de Extremoduro que el público agradeció entre sonoros aplausos. Para terminar, Iniesta se quedó solo, frente al público, tocando las primeras notas de «Un suspiro acompasado». En la desnudez de la introducción, Robe patinó en un par de acordes, aunque rápidamente volvió al patrón correcto, golpeando cada vez más fuerte las cuerdas de su guitarra.

Al terminar, Iniesta levantó la guitarra como si fuera el trofeo de una gran victoria, y no es para menos: su voz ha aguantado sin problemas y de sobra, para despedir a Sevilla entre abrazos a los suyos con un «hasta siempre», con el que posiblemente haga referencia a eso de que «nadie se baña dos veces en el mismo río». Quién sabe.