La catalana Rosalía, ayer en el Café Alameda de la Bienal de Flamenco
La catalana Rosalía, ayer en el Café Alameda de la Bienal de Flamenco - M.J. LÓPEZ OLMEDO
Bienal de Flamenco de Sevilla 2018

Rosalía, cantante de flamenco

La catalana no es, ni por asomo, la cantaora que quieren vendernos porque no tiene condiciones para serlo, pero se presentó en la Bienal con respeto

SevillaActualizado:

Ella no tiene la culpa del lugar en el que la han puesto. De Rosalía han dicho que es la revolución del flamenco, un nuevo mito cabal y no sé cuántas exageraciones más. Y no es ni un prototipo de cantaora. Le falta casi de todo. De hecho, lo único que tiene es una voz rápida y buena afinación. Carece de la más elemental tensión rítmica, gangosea de forma recurrente y hace ininteligibles las letras, tiene un repertorio muy limitado y lo canta casi todo de falsete. Es verdad que a veces hace giros interesantes, pero pronto resultan repetitivos. En la granaína chaconiana lo mostró. Había intención en sus fraseos, pero el melisma cansa.

Tiene gracia la cosa. Los gurúes que la están encumbrando dicen que hace «flamenco mininalista» cuando la escuela que sigue es la barroca de Pepe Marchena. ¿Minimalismo barroco? Todo este debate es más sencillo. Rosalía le mete mano a cantes muy livianos porque su propuesta está en los bordes del flamenco. Se defiende con el gorjeo en la guajira marchenera, aunque de compás va muy justa, y en la rumba de Vallejo «Catalina», que ella interpreta en la versión de Antonio el Sevillano, rematada con el «Testamento gitano» de Miguel de Molina. Pero no tiene sabor en los tanguillos de los Anticuarios, ni en los fandangos de Huelva, ni en los tangos. Es una gélida máquina reproductora. Lo mejor del programa es «La hija de Juan Simón» por una razón obvia: ahí sólo hay que hacer la melodía. En cuanto hay que introducir otros conceptos se acaba la historia. Porque realmente Rosalía es cantante, no cantaora.

Su novedad es que ha hecho el camino a la inversa. Igual que hay cantaores que hacen boleros o tangos argentinos, ella es una cantante que rebusca en el flamenco. Por lo tanto, no puede ser lo que pretenden sus mentores que sea. Sin embargo, tampoco estorba. A mí al menos no me molesta. Y si los chavales se asoman al flamenco de verdad a partir de ella, bienvenida sea. Porque es verdad que tiene tantas carencias como respeto por el género. Me gustó mucho un detalle. Alguien del público le pidió que cantara «Malamente», el tema de su nuevo disco que la ha hecho famosa. Y ella contestó: «No, en la Bienal no». Sabía donde estaba. Y no engañó a nadie. Incluso admitió que no sabía si lo suyo son cantes o canciones. Porque aunque son obras de la tradición jonda, ella las abarata. Y ahí se termina el dilema: Rosalía canta cosas del flamenco y ojalá le vaya bien, pero no es flamenca. Ni lo será nunca ella, ni de momento lo es el público que la jalea.