CRÓNICA

SFDK brinda un concierto histórico en Sevilla para celebrar su 25 aniversario

La banda hispalense de hip-hop hizo vibrar a los 18.000 fans que se dieron cita anoche en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Actualizado:

Permítaseme el símil: igual que la aparición de Jesucristo dividió la Historia en dos, el concierto de anoche en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el inapelable y potentísimo directo que servía para celebrar el 25 aniversario de SFDK, supone desde ayer, 16 de febrero de 2019, un antes y un después en el hip-hop español. Nunca antes nadie había conseguido algo similar. 18.000 personas reunidas para gozar de una banda que lleva desde 1994 ejerciendo de embajadora de la sensibilidad de los barrios de Sevilla, de su movimiento urbano y, sobre todo, creando un mismo linaje cultural que poco a poco ha ido trascendiendo las barreras hispalenses hasta abanderar durante varias generaciones la música rap de todo un país.

El Zatu y Acción Sánchez, los dos protagonistas absolutos de la proeza, avisaban en la previa: el espectáculo que tenían preparado pasaría a los anales patrios de este género de géneros como el más grande hasta el momento. No iban de farol. ¡Vaya que si no iban de farol!

Apoyados en un macroescenario, una producción acorde a las circunstancias y en dos pantallas gigantes de seis por cuatro metros, dejaron de manifiesto el peso específico de su cuarto de siglo de carrera desde el primer hasta el último beat que sonó durante las tres horas y media de show, durante las mil y una rimas que anoche cantaron el de Pino Montano y los innumerables artistas invitados, desde las iniciales «Lucifer» y «Cara B» hasta los finales «Volver», «Años Muertos» y «Sin miedo a vivir».

Los sevillanos llevaron a cabo un extensísimo recorrido por la brillante trayectoria que les ha jalonado incontestablemente hasta la cima, la misma con la que han desempeñado una parte protagónica de los hitos fundacionales y las transformaciones más determinantes que el rap ha ido experimentando en nuestro país desde su irrupción a mediados de los años ochenta hasta ahora.

A través de ese repaso por todos sus discos se pudo percibir con claridad cómo SFDK, sin apartarse de su credo primitivo, ha ido desmarcándose poco a poco de las reminiscentes leyes del hip-hop norteamericano, depurando, renovando y elevando su música hasta regirse por sus propias normas. Esas que las nuevas generaciones toman como el sermón de la montaña del rap ibérico.

El Zatu, un excepcional agitador encima del escenario, derrochó actitud y complicidad con el público, interpretando de manera sublime el más de medio centenar de temas que cantó con esa característica voz que resuena ronca como si tuviera arena en la garganta, ora agresiva como la de un demonio enfurecido, ora suave como un demonio arcangélico. Pero siempre entre las llamas, siempre impregnando su palpitante métrica urbana con el juego de la inspiración, dotándola de acento, sentido, descaro y sinceridad. Nada que ver con esos deportistas de las rimas prefabricadas que abundan en las radiofórmulas.

Mientras todo eso ocurría, al fondo del escenario, Acción Sánchez, la otra mitad de SFDK, hacía auténticas obras de ingeniería en forma de beats al mando de los platos, demostrando un dominio técnico con el que es francamente difícil, siquiera, empatar.

Ilustre lista de invitados

Así, los miles de fans llegados de todos los rincones del país que agotaron las entradas en apenas unas horas allá por los albores del mes de enero, bailaron, cantaron e, incluso, respiraron anoche al ritmo del dúo y de los artistas que desfilaron en cascada por el escenario cartujano (Kase O, Andreas Lutz, Beret, Juaninacka, Kaze y un larguísimo etcétera).

Y es que cuando el Zatu y Acción Sánchez atacaban cada rap, entraban con intensidad y subían el ritmo hasta exprimir la última gota de felicidad. En tres minutos incendiaban la canción y dejaban al oyente conmocionado, fundiendo pasión y entrega hacia sus seguidores, que se arroparon en ellos y con ellos para oír primero y experimentar después el éxtasis de la música hasta provocar una auténtica multiplicación de las emociones que brotaban por el monasterio cartujano.