Rodrigo (a la derecha) junto al resto de componentes de TAB
Rodrigo (a la derecha) junto al resto de componentes de TAB - ABC

Conciertos POP CAAC SevillaTriángulo de Amor Bizarro: «Para mucha gente nuestra música es rara»

Rodrigo Caamaño, guitarrista y compositor del grupo de noise-rock gallego, explica su último trabajo, «El Gatopardo», que presentarán esta semana en el ciclo de música POP CAAC

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Pongamos que un día estás con unos amigos ensayando ruido en un local de A Coruña. Tras algunos ensayos y canciones decidís, firmemente, que os vais a llamar como esa canción de The New Order que tiene una línea de bajo impresionante: Triángulo de Amor Bizarro. Otro día, tiempo después, os convertís en uno de los grupos más aclamados por la crítica. Casi unánimemente. Tanto que, hasta el propio Peter Hook, el hombre del que habíais tomado no solo vuestras influencias, sino también vuestro nombre, habla bastante bien de vosotros: «Siempre es increíble que tus influencias hablen de ti. Espero que les sirva de algo».

Y vaya si les ha servido. Casi quince años desde que se propusieran, como banda de rock, perpetuar actos de «terrorismo musical» allí por donde fueran, Triángulo de Amor Bizarro vuelve a la carga con más material corrosivo. Esta vez en forma de EP. «El Gatopardo», su último invento, habla de política, de Galicia y también de banderas. Y sus letras críticas son casi tan ruidosas como sus guitarras. Este jueves estarán presentando en el Monasterio de la Cartuja sus nuevos temas ante el público sevillano dentro del ciclo de música POP CAAC. Pero antes, Rodrigo Caamaño, guitarrista y compositor del grupo, desmaraña este último trabajo mientras echa un vistazo hacia el espejo retrovisor.

¿Cómo surge la idea de este nuevo material y por qué no llegasteis a plantearlo como LP?

Nosotros, como todos los grupos, vamos haciendo canciones. Llega un punto, cuando llevas varias hechas, que empiezas a ver un disco nuevo o no. Con el EP nos pasó que, de repente, teníamos cuatro canciones y ya teníamos la idea muy cerrada. Decidimos sacarlo así. También por romper el ritmo de lanzar un largo, gira de dos años… Nos apetecía un nuevo formato. Siempre, a lo largo de nuestra carrera, sacamos varias veces EP, pero siempre de material que no entraba en los discos. Esta es la primera vez que hacemos canciones para sacarlo en este formato.

«Gatopardo» significa «cambiar todo para que nada cambie». ¿Tenéis esperanza de que cambien cosas significativas con el nuevo Gobierno?

[Piensa] Eh… sí, la verdad es que sí. Si me haces esa pregunta hace dos meses te diría que lo veía todo negro. La verdad es que lo veo de otra forma. Igualmente, la idea del disco no está tan centrada en la actualidad, ¿sabes? Al final habla de que la historia se repite una y otra vez. Cambian muchas cosas, pero permanecemos igual. Es un poco el rollo ese, el rollo típico de la historia. Cosas que parecen nuevas que están pasando y ya sucedieron hace cientos de años. Pero los humanos seguimos siendo iguales y es un poco eso.

En la canción «Gatopardo» decís: «Amaba tanto la patria que convirtió el país en un campo de fútbol», en una clara alusión política. Ahora que dejamos atrás el Mundial, ¿hay patria más allá del fútbol y de las banderas, no?

Es que a veces se usa mucho lo de la «patria» para tapar todo lo demás. Para convertir toda la política en un rollo «hooligan» de ir con tu equipo y no lo que es capaz de aportar la gente. Creo que en los últimos tiempos es lo que estamos viendo, todo el mundo con banderas por todos lados. Pero, a la vez, es algo que también se repite cada equis años en España, Europa y el mundo. Empiezan a surgir valores más rancios, que la gente daba por olvidados, y empiezan a surgir los viejos miedos de Europa.

He leído que usted es el encargado de componer las letras, primero, y después empezáis a trabajar el sonido. ¿Cómo es el trabajo en grupo a la hora de componer?

Lo que nosotros vamos haciendo es ir poniendo cosas en conjunto, trabajar en paralelo varias canciones. Yo voy escribiendo, pero a la vez vamos haciendo cosas en el local de ensayo. Somos un grupo de ensayar mucho y queremos mantener esa idea de banda de rocanrol, de tocar juntos y que salgan cosas en común, no como en otros grupos que tiran más de algún solista. Buscamos el rollo de ir tocando y que surjan cosas entre nosotros, entre aquello que nos une a los cuatro. A veces vas probando cosas y quieres llegar a sonidos que suenen nuevos. Siempre vas intentando tener matices según la música que escuchas. Es un poco el proceso de una banda de rocanrol. A mí es lo que me atrae de la música, la participación de varias personas en el momento.

Vuestros trabajos están muy arraigados a vuestra tierra, en este caso, este EP se inspira un poco en las cantigas medievales. ¿Es importante, para mantener esa esencia y personalidad, no olvidar nunca las raíces?

Sí, claro. Es decir, nosotros no podríamos existir de no ser por Galicia. Siempre es una fuente de inspiración. Creo que lo que nos da nuestra personalidad es justo eso. Es muy importante hacer ese paso de lo local a lo universal y no al revés. Lo escucha gente de muchos sitios, pero, al final, estas contando una historia que es la tuya.

El grupo gallego Triángulo de Amor Bizarro
El grupo gallego Triángulo de Amor Bizarro - ABC

Habéis recibido críticas muy positivas, por nombrar una, Jenesaispop os calificó con un 10. Pero alguna crítica negativa habréis recibido, ¿no?

¡Buf! Siempre hemos sido un grupo que o gustábamos mucho o la gente nos odiaba. Desde nuestros inicios el público estaba dividido. Somos un grupo muy ruidoso y, para el mundo del pop, somos un extremo y, claro, suele provocar reacciones muy enfrentadas. Pero es un gusto también, porque nunca hicimos un grupo para agradar a todo el mundo, ¿sabes? Hicimos un grupo haciendo la música que nos gustaba a nosotros. Y solemos escuchar música que para mucha gente es música rara, «inescuchable», básicamente. Nuestra música entonces, a veces, también puede recibir ese calificativo. Pero tenemos la suerte de conectar con toda esa gente que le gusta esa otra música.

Lleváis más de catorce años en activo, ¿cómo evaluáis vuestro camino desde que empezasteis? ¿Con qué os quedáis de todo lo andado?

La verdad es que cuando empezamos nuestra misión musical se reducía a dar un par de conciertos [ríe]. A partir de ahí, pues sin darnos cuenta llegamos a hacer cientos de conciertos, llevamos cuatro discos más varios EPs… Y no nos planteábamos nada más que tocar las canciones que nos gusta tocar. Si a la gente le va gustando, cuanta más gente mejor. En estos años nos ha pasado de todo, es una vida entera. Pasan tan rápido que no te das cuenta. Es una vida entera. Son muchos momentos, pero, a lo mejor, las visitas a México, Estados Unidos… El año pasado tocamos en el noroeste allí en Coruña, en un festival que está justo al lado de nuestro local de ensayo. Al final, es todo. Es todo lo que hemos vivido.

Hablando de vuestros inicios, de aquellos pequeños conciertos, habréis tocado en toda suerte de locales. ¿Alguno que recuerde por ser especialmente rocambolesco?

¡Buah, sí! Lógicamente, es decir, hay todo tipo de conciertos. Nosotros empezamos a caballo en la época de no haber Internet. Nuestros conciertos los hicimos llamando por teléfono a los sitios, no había muchas salas en Galicia y recuerdo pues conciertos de cinco personas, por ejemplo. Cinco personas que estaban allí solas y cuando empezábamos a tocar echaban a correr y se quedaba el local vacío [risas]. ¡Pero bueno, era algo que buscábamos! Queríamos hacer algo así como un acto musical terrorista en directo, ¿sabes? [ríe]. Algo ruidoso que, con el tiempo, fue cogiendo un ambiente más pop. Pero al principio era destrucción absoluta. Esos primeros conciertos los recuerdo como algo super nihilista, super punki, pero, a la vez, era lo que queríamos hacer en la época

Sin que tiréis piedras sobre vuestro propio tejado, ¿qué tienen que cambiar los festivales españoles para que estén en el top 10 de festivales europeos?

Creo que hay festivales de todo tipo y todo tipo de carteles. Los festivales más grandes comparten cabeza de cartel. Pero, claro, a lo mejor es que son los que hay. Es decir, creo que depende del festival. Hemos estado en festivales que te tratan genial, que te sientes rodeado de gente que le gusta la música. Y, después, ves otros festivales que sabes que son una empresa y que, como ahora está de moda, hay inversores que meten dinero ahí, esperando tener más beneficios. Eso sí que se ve en muchos festivales, de todos los tamaños. Hay festivales muy grandes, que te tratan genial, como el Primavera Sound, y otros pequeños que te tratan fatal. Eso cambia, de uno a otro. Al final, si la organización está hecha con cariño… Si se hace como todo lo contrario, pues claro.

¿Cómo de importante es que un grupo tenga feedback con su público a través de redes sociales?

A ver. Es muy importante. Bueno, imprescindible: no puedes no estar. Al final, nosotros el tiempo lo dedicamos a hacer música. No a atender las redes sociales, que para llevarlas bien, te lleva mucho tiempo, horas y dedicación y, al final, se pierde cierto misterio. A lo mejor es que yo soy de otra época y, yo qué sé. Cuando era más joven no me interesaba saber la vida diaria de los grupos, me interesaban los discos. Es un poco así. Intentamos mantener el feedback pero al final somos una banda de rocanrol. El tiempo que lleva componer, la gira y todo eso, esa es nuestra dedicación. Muchos artistas dedican más tiempo a las redes que a las canciones. Es un cambio de paradigma. Es todo imagen pública, vendes una imagen de alguien que hace canciones. Nosotros hacemos canciones y eso es lo más importante para nosotros.