Dos intérpretes en el convento de Santa María de los Reyes
Dos intérpretes en el convento de Santa María de los Reyes - ÓSCAR ROMERO
AÑO MURILLO

Un valor emergente de la ópera en Sevilla actualiza el auto sacramental barroco

Rafael Villalobos estrena hoy «Gratia Plena», su personal visión del drama litúrgico dentro de los actos del «Año Murillo»

SEVILLAActualizado:

El nombre del Rafael Villalobos puede que no diga aún mucho al gran público, pero este sevillano ha comenzado a ser bien conocido de los teatros de ópera europeos, pues ha trabajado como director de escena en algunos de los templos de la lírica, como el Teatro Real y el Teatro Massimo de Palermo.

Algunos melómanos puede que recuerden su trabajo hace tres años junto a la Orquesta Barroca de Sevilla, en una versión semiescenificada de la «Serva Padrona», de Pergolesi, que se vio en el Teatro Lope de Vega.

«Mi futuro va por la ópera, que me ha interesado siempre y soy un gran melómano. Este 23 de mayo hizo veinte años de mi primera ópera, que fue un “Turandot” en el Teatro de la Maestranza, y mi futuro está ligado a este género. Me interesa mucho el código operístico», señala Villalobos, que posee el premio europeo de dirección de escena de Ópera Europa y que volverá la próxima temporada al Maestranza, pero esta vez no como espectador, sino para dirigir escénicamente un título que se anunciará la próxima semana. «Estoy muy contento de trabajar en el teatro de mi ciudad», añade.

Antes, desde hoy al 3 de junio en el antiguo convento de Nuestra Señora de los Reyes y dentro de la programación de artes escénicas del Año Murillo, se representa en Sevilla otra obra con dramaturgia y dirigida por este sevillano: «Gratia Plena», su revisión del auto sacramental, drama litúrgico que Calderón de la Barca llevó a su máxima expresión y que Villalobos lo ve como un precedente de la «obra de arte total» que defendía Richard Wagner.

«Se trata de entender el auto sacramental como una obra multidisciplinar, pues estos dramas reunían muchas disciplinas artísticas, y ver cómo sería un auto hoy, para lo cual he tomado textos de diferentes autos de Calderón y motivos musicales de piezas barrocas. También tenemos vídeos y danza. Un proyecto muy ecléctico y una aproximación desacralizada, que contiene momentos que nos llevan a la comedia, de casi monólogos, y otros de gran intensidad dramática», explica.

De hecho, en la obra se integran discursos de diferentes disciplinas, como la danza y el teatro, así como música barroca, con piezas de Haendel y Antonio Sartorio, y electrónica actual, con un elenco entre cuyos intérpretes hay actores —Verónica Moreno, Martín Puñal, Luis Tausía, Rosalinda Galán y Manuel Fornalino—, músicos clásicos —Alberto Trujillo, Isabel Gómez-Serranillos, Juan Carlos Rivera y Santiago Sampedro— y contemporáneos —Raúl Burrueco—, así como la soprano María Eugenia Boix.

Una confluencia de artes que también tendrá su reflejo en la escenografía y el vestuario, donde se combinan, por ejemplo, chaquetas de esmoquin y las corozas que usaba la Inquisición.

La conexión de esta obra con Murillo es el dogma de la Inmaculada Concepción, uno de los temas fundamentales en la obra del pintor sevillano, y que Villalobos acerca al presente, junto a otros como el libre albedrío o la gracia, planteando al espectador contemporáneo una nueva controversia «maculista» que generan preguntas como «¿qué pasa con aquellas culpas que, acompañándonos desde la cuna, no son defendidas por nadie?», «¿se puede usar la culpa como arma arrojadiza?».

«Los autos sacramentales son obras muy codificadas y que plantean temas muy candentes. Las cosas no han cambiado tanto desde el siglo XVII, las preocupaciones son las mismas y me intresan conceptos barrocos, como la culpa original».