La soprano María José Moreno en un momento de la obra
La soprano María José Moreno en un momento de la obra - J. M. SERRANO
Crítica de zarzuela

Vuelve la zarzuela al Maestranza de Sevilla, a lo grande

Tras dos años sin una producción como es debida, el género regresa glorioso con «La tabernera del puerto»

SevillaActualizado:

La ficha es extensa; pero, a mi juicio, imprescindible: sería injusto no mencionar a todos los protagonistas de este estupendo acontecimiento. Después de dos años «castigados» sin una zarzuela como es debido, ha regresado gloriosamente, con un título señero.

Tal vez, la última «grande» del género: estrenada tres meses antes de la Guerra Civil, es sabido que, tras el término de esta, no se volvieron a componer obras significativas del mismo.

Sin embargo, el patrimonio, tan nuestro, de la zarzuela «moderna», que comienza a mediados del XIX, es un tesoro inapreciable que debemos conservar y potenciar: ¿Por qué sólo una cada temporada, en vista de la calidad y el gran éxito de público que ha tenido esta?

«La tabernera del puerto» es, sin duda, la mejor composición de Sorozábal, sobre un libreto excelente. Si a esto se añade una puesta en escena memorable (de ahí la mención obligada de todos sus responsables, desde su director Mario Gas a la escenografía, vestuario, iluminación —fundamental—, movimiento escénico —impecable— y proyecciones —extraordinaria la escena de la galerna—) tenemos un «pleno» indiscutible.

Un pleno en cuanto a la dimensión teatral, tanto de los actores como de los cantantes. Pero no menos un pleno musical.

La formación «clásica» de su autor, maestro de la orquestación, a la que sabe combinar con el «toque» popular, sin caer nunca en lo populachero, fue transmitida por una espléndida orquesta, dirigida brillantemente, con toda precisión y ductilidad, por Óliver Díaz. Y los intérpretes vocales, de canto o de palabra hablada, se sumaron a la fiesta.

María José Moreno, de encantadora presencia, embelesó en su célebre «En un país de fábula» y mantuvo todo el tiempo un expresivo fraseo; Ódena exhibió la potente e imperiosa cualidad que exige su variado papel; Gandía hizo honor a su importante cometido y dio una apasionada lección en su tan esperada «¡No puede ser!», joya de esta obra y de todo el repertorio zarzuelístico; destacado Morillo en la original romanza para bajo «Despierta negro»; chispeante Ruth González como el joven Abel.

En cuanto a los actores, geniales y divertidísimos Vicky Peña, Pep Molina y Ángel Ruiz; entonados, los secundarios García, Martos y Agustín Ruiz. Y el Coro, general, de mujeres o de hombres, a su acostumbrada altura. ¿Qué podemos pedir más? Ah, sí, a quien corresponda: después de esto, una sola zarzuela anual nos sabe a poco.