Con la sirena puesta

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Como un documental con el ojo guiñado, «Polisse» simula frescura y agitación en su retrato del día a día de la brigada de protección de menores de la policía de París, aunque lo ficticio y lo novelesco se le acaban subiendo a horcajadas al lomo del argumento. La dirige y protagoniza la peculiar Maïwenn Le Besco, que pretende reunir demasiados elementos, desde el puramente romántico (con una delirante historia entre su personaje, fotógrafa, y uno de los policías), hasta el étnico o el puramente policíaco.

Tal vez se deba a un problema de ritmo, pero el caso es que el espectador se queda fuera del meollo de la brigada, como si se cayera del coche, mientras que los policías enhebran investigaciones y casos a velocidad de vértigo, y saltan de suceso en suceso sin conseguir la más mínima adhesión sentimental, a pesar de que al tratarse de menores los debiera hacer especialmente emotivos.

No produce eso que ahora se llama empatía. Es un filme rápido, duro, seco, con un punto de vista tan frío como la cámara del personaje de Maïwenn, espinoso en su retrato de grupo, pero que se añoña en el individual y por parejas.

O. R. MARCHANTE