No tienen mis penas remedio

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Pese a que el título del espectáculo presentado en el Teatro Quintero, reproduzca el primer verso de la conocida copla «Ni contigo ni sin ti / tienen mis penas remedio: / contigo porque me matas, / y sin ti porque me muero», no se trata ni de una gala flamenca, ni de una telenovela de la mexicana Televisa, ni de un recital poético, sino, simple y llanamente, de una comedia o pasatiempo escénico, que gira en torno a los miembros de un trío de música de cámara, en el que los dos varones, cuarentones, que desde hace veinte años, cultivan una amistad tan sólida que no la destruye el hecho de que la esposa de uno de ellos se enrolle con el amigo de su marido. Así hasta que llega una chavala desprejuiciada que desencadena una serie de más o menos verosímiles problemas sexuales y de inmadurez sicológica.

Tal conflicto lo escribe y desarrolla nada menos que uno de los comediógrafos más destacados, desde los años sesenta, en el género de comedias galantes, o de pareja, de las llamadas de salón, burguesitas y preferidas de cierto público femenino, por sus tintes rosáceos y finamente humorísticos. Desvelo su identidad: Santiago Moncada Mercadal, novelista ganador del Planeta, guionista de éxito y, para que lo recuerden nuestras lectoras, autor de comedias inolvidables como «Violines y trompetas», «Juegos de medianoche», «La muchacha sin retorno» o «Salvad a los Delfines» por citar cuatro patas del banco de los recuerdos.

La escultural Ivonne Reyes y la no menos atractiva Cristina Peña, cargan con unos papeles de tan escasa entidad que no dan pie a calibrar sus facultades. El texto pesa sobre Jesús Cisneros y Antonio Vico, que sostienen la obra, destacando Vico por la vis cómica que aporta a su personaje casi grotesco, recordándome en su gestualidad a su ancestro Antonio Vico Camarero, esposo de la actriz Carmen Carbonell. Hora y media de mero entretenimirento. Al final, aplausos los precisos.